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Discursos del Director General

DISCURSO DEL DIRECTOR GENERAL A LA JORNADA DE LOS PARLAMENTARIOS

Roma, 11 de junio de 2002

Señor Presidente del Senado de Italia,
Señor Presidente de la Cámara de Diputados de Italia,
Señor Presidente de la Unión Interparlamentaria,
Señoras y señores Parlamentarios:

Es para mí y para la Organización que represento un gran placer poder dirigirme hoy a ustedes.

En noviembre de 1996, ustedes mismos, Parlamentarios del mundo entero, se comprometieron a respaldar solemnemente la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, apoyando los objetivos y recomendaciones de la Declaración de Roma y los siete compromisos del Plan de Acción.

La renovada iniciativa del Parlamento italiano y la Unión Interparlamentaria de reunirles aquí en este día es la expresión de la continuidad de su compromiso al lado de la FAO en nuestra lucha contra el hambre y la pobreza.

Ustedes son consientes de que hay que realizar esfuerzos constantes a fin de erradicar el hambre de todos los países. El Plan de Acción de 1996 tenía como objetivo reducir a la mitad para el año 2015 el número de personas subnutridas. Ustedes aprobaron por consenso en Beijing el 20 de septiembre de 1996, durante el 96¼ período de sesiones de la Conferencia Interparlamentaria, la Resolución sobre las líneas de acción prioritarias en los sectores más decisivos. Posteriormente se han celebrado reuniones de seguimiento de la Cumbre en Roma, luego en Jordania, en Cuba y por último en Burkina Faso. Ha llegado el momento de hacer un balance.

En la actualidad hay en el mundo alrededor de 815 millones de personas subnutridas, 777 millones de ellas en los países en desarrollo y 27 millones en los países en transición. Los esfuerzos conjuntos de la comunidad internacional, los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales y gubernamentales han contribuido, a pesar del crecimiento demográfico, a reducir en 39 millones el número de personas afectadas por el hambre en los países en desarrollo. Sin embargo, esta reducción media anual de seis millones es insuficiente si se quiere alcanzar el objetivo fijado para 2015. Para ello será necesaria una reducción de 22 millones.

Así pues, el balance es alarmante, y antes de la celebración de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después, ustedes, los Parlamentarios, han querido subrayarlo, y les cito textualmente: "Sólo algunos países han adoptado medidas decisivas...el número de personas malnutridas sigue siendo demasiado elevado...y la tasa de reducción de estas cifras es demasiado baja, lo cual es inaceptable".

A pesar de todo, a nivel internacional se han realizado importantes esfuerzos. En la Cumbre del G8 celebrada el pasado mes de julio en Génova los Jefes de Estado de las grandes potencias incluyen por primera vez en el orden del día la cuestión de la seguridad alimentaria. En el comunicado final de la Cumbre se mencionaba que "un objetivo fundamental de nuestra estrategia de reducción de la pobreza sigue siendo el acceso a un suministro suficiente de alimentos y el desarrollo rural. El apoyo a la agricultura es un instrumento esencial de la asistencia oficial para el desarrollo".

Posteriormente, los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre y las reacciones que provocaron han llevado a una sensibilización acerca de la importancia de las soluciones globales, que no sólo ataquen las consecuencias, sino también las causas de las grandes crisis de nuestro tiempo. ¿Cómo se puede hablar de paz mientras se ridiculiza la justicia, se destruye el medio ambiente y numerosos sectores de la población mundial se ven humillados por el hambre? La eliminación del terrorismo, la lucha contra la violencia, la búsqueda de la paz a fin de construir un mundo más solidario equivale también a combatir las situaciones que generan la desesperación: el hambre y la pobreza.

Es necesaria, pues, una voluntad política en todos los niveles, a fin de que las autoridades adopten medidas concretas a favor de la agricultura y el desarrollo rural, en particular para la movilización de los recursos necesarios.

Estoy seguro de que el mensaje que ustedes se disponen a transmitir a la Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después reflejará la legítima preocupación de ustedes ante la extraordinaria lentitud de los progresos realizados, así como su voluntad renovada de comprobar que se suscriben los compromisos y se traducen en medidas concretas a nivel nacional, regional e internacional.

La FAO es la portavoz incansable en el mundo entero de una terrible "noticia": en este momento hay en nuestro planeta más de 800 millones de personas, de las cuales alrededor de 300 millones son niños, que siguen padeciendo una malnutrición grave. Se trata de una tragedia humana... y sin embargo ninguna cadena de televisión interrumpe sus programas para recordarlo, no se crea ninguna unidad de crisis, no se guarda ni un minuto de silencio en solidaridad con estas víctimas inocentes.

Se trata de una triste realidad, pero ¿debemos por ello rendirnos? La respuesta es un no rotundo. El camino que hay que seguir será largo y arduo, pero existe y es practicable.

Su Santidad el Papa Juan Pablo II ha declarado: "La conciencia de la humanidad reclama obligatoriamente una intervención humanitaria cuando la supervivencia de poblaciones y grupos étnicos enteros se ve seriamente comprometida: para los países y para la comunidad internacional se trata de un deber".

Señoras y señores Parlamentarios:

Sus proyectos de ley y sus presupuestos, sus preguntas por escrito y verbales y su control de la actuación gubernamental son eslabones indispensables de la cadena internacional de solidaridad. La actuación sostenida y constante de todos ustedes puede contribuir a la victoria contra la indiferencia culpable ante el hambre y sus consecuencias devastadoras en todo el mundo.

Muchas gracias.

 

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