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Discursos del Director General

El sector privado y la lucha contra el hambre
ACTO PARALELO DE LA CMA:CAD - FORO DEL SECTOR PRIVADO

Roma, 12 de junio de 2002

Excelencias,
Señoras y señores:

Nos hemos reunido en este momento en Roma para afrontar lo que constituye uno de los más grandes desafíos con que se encuentra la humanidad al comienzo del milenio: vencer el hambre. La Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después debía constituir la base de un porvenir libre del hambre gracias a la contribución de todos los asociados en el desarrollo y, en particular, del sector privado que ustedes representan aquí hoy.

La representación del sector privado en la Cumbre fue decisiva, ya que participaron cerca de 500 representantes nacionales o internacionales del sector.

Cinco años después, numerosos indicadores hacen pensar que los progresos hacia el objetivo fijado por la Cumbre en 1996 son demasiado lentos. Al paso actual de disminución neta de 6 millones al año del número de personas subnutridas, se necesitarían 45 años para alcanzar el objetivo fijado en 1996, que es reducir a 400 millones la cifra de personas subnutridas.

Es preciso, pues, que se imponga la idea de que el hambre genera costos económicos enormes: un punto porcentual menos en la tasa anual de crecimiento económico, además de pérdidas de productividad, una mayor incidencia de las enfermedades y una mayor vulnerabilidad de los adultos y, sobre todo, de los niños.

La asistencia pública para el desarrollo sigue disminuyendo cada año y la parte destinada a la agricultura y el desarrollo rural se ha reducido en un 50 por ciento desde 1990. Por otra parte, las transferencias de fondos de los países de la OCDE en favor de las poblaciones rurales de los países en desarrollo ascienden a unos 8 000 millones de dólares al año, frente a los más de 300 000 millones de dólares que dichos países destinan a su propia población rural.

Los ajustes estructurales, las privatizaciones y otros cambios importantes en el entorno político y económico, tales como la globalización, han dado lugar a una reducción de la función del Estado, mientras que han tomado el relevo nuevos actores, sobre todo el sector privado, las organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil. La tarea de la FAO es sostener a estos últimos en su acción reforzando significativamente su cooperación con ellos.

Las nuevas inversiones necesarias para alcanzar los objetivos de la seguridad alimentaria deberán provenir esencialmente del sector privado. Todos los estudios han puesto de relieve que son muy pocos los países que han registrado un crecimiento económico rápido sin que lo haya precedido o acompañado un crecimiento agrícola.

Sin embargo, las inversiones del sector privado en los países en desarrollo dependen decisivamente de la buena gestión pública, del marco jurídico, de los servicios financieros y de las infraestructuras de transporte, comunicaciones, y energía.

Los empresarios locales y las multinacionales deben participar en la construcción y el enriquecimiento de este entorno económico y político.

Por otra parte, toda inversión rentable en la producción agrícola de un país en desarrollo, financiada por un asociado privado de un país desarrollado, tiene asegurado un "rendimiento" en forma de compra de insumos y de pagos por concepto de transporte, embalaje o sueldos de los técnicos expatriados. Así pues, contrariamente a las ideas preconcebidas, no están necesariamente reñidos con una cierta ética y un comportamiento humanitario la búsqueda de beneficios por parte de las empresas del sector privado. Una empresa no es un fin en sí misma, sino un medio al servicio de la sociedad.

En el ámbito internacional y nacional, la FAO ha entablado ya un diálogo con la industria agroalimentaria a fin de definir en común las normas que rigen la inocuidad de los alimentos. Asimismo existe una colaboración para promover la agricultura sostenible mediante técnicas de lucha integrada contra las plagas y de sistemas mejorados de gestión del agua.

En el ámbito local, la colaboración se establece entre los pequeños productores de países en desarrollo y los empresarios de países desarrollados. Estas relaciones son extremadamente beneficiosas y pueden desempeñar una función catalizadora con miras a la puesta en marcha de proyectos piloto, como el Programa Especial para la Seguridad Alimentaria y los proyectos del Fondo Especial TeleFood. Esta colaboración permite también crear un marco normativo en relación con la calidad de los productos alimentarios gracias al Codex Alimentarius. Además, sería útil en las intervenciones contra las enfermedades de los animales y las plantas realizadas por medio del Sistema de prevención de emergencia de plagas y enfermedades transfronterizas de los animales y las plantas (EMPRES), un programa de lucha preventiva, y para la puesta en práctica de normas zoosanitarias y fitosanitarias.

La Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después constituye, para ustedes los representantes del sector privado, una oportunidad sin precedentes de contribuir plena y eficazmente a la lucha contra el hambre y la pobreza, al tiempo que amplían el alcance de sus actividades y sus mercados.

Muchas gracias por su amable atención.

 

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