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Ceremonia en ocasión del 60º aniversario
de la FAO
Discurso del Director General Jacques Diouf
Sala de Plenarias de la FAO, Roma, 17 de octubre de 2005
Señores Presidentes,
Señores Primeros Ministros,
Excelencias,
Señoras y señores:
Es para mí un gran honor y un verdadero placer desearles la bienvenida
a Roma el día en que celebramos el 60º aniversario de la fundación
de la Organización. Deseo asimismo expresar a todos ustedes mi sincero
agradecimiento por haber aceptado mi invitación a participar en
esta importante ceremonia pese a los numerosos compromisos que todos
tienen.
Permítanme comenzar mi intervención citando un texto de indiscutible
valor histórico:
"La aspiración de vivir sin necesidades es tan vieja como la humanidad…
Sin embargo, para la presente generación este concepto ha dejado
de ser una utopía. […] Si gracias a la acción individual y colectiva
de los países es posible que dentro de ellos y entre ellos se realice
esta conquista, algunos de los grandes males económicos de la humanidad,
entre ellos el hambre y la pobreza extrema, estarán condenados a
la extinción".
Estas palabras, que podrían haberse escrito hoy, las escribió Frank
McDougall, un agricultor australiano, hace 60 años en un documento
extraordinario titulado The Work of FAO (La labor de la FAO)
preparado para la primera Conferencia de la FAO, que se celebró
en la ciudad canadiense de Quebec. Fue en Quebec donde se fundó
la FAO, el 16 de octubre de 1945, y donde se aprobó su Constitución.
En el día de hoy, con ocasión de nuestro 60º aniversario, es nuestro
deseo rendir homenaje a la sabiduría y la clarividencia de todos
quienes trabajaron en la creación de la FAO.
Al entrar en el edificio de la FAO verán ustedes que en la pared
de la derecha, después de la escalera, puede leerse el Preámbulo
de nuestra Constitución grabado en mármol en varios idiomas. El
texto recuerda que la FAO se creó, en el seno del sistema de las
Naciones Unidas, como una instancia en la que todos los Estados
se consagrarían a "contribuir […] a la expansión de la economía
mundial y a liberar del hambre a la humanidad".
A menudo se ha pasado por alto uno de los logros más notables de
la segunda mitad del siglo XX: con la ayuda de los científicos y
los ingenieros, fue posible satisfacer las necesidades de alimentos
y productos forestales de una población mundial cuyo número se ha
triplicado desde la creación de la FAO. Desde 1960, la proporción
de la población mundial aquejada por la subnutrición se ha reducido
del 35 al 13 por ciento.
La FAO, como se establecía en su mandato, ha contribuido a esta
exitosa empresa que ha influido de manera fundamental en el bienestar
de la humanidad a lo largo del siglo XX. Pero pese a este buen resultado,
no hemos conseguido satisfacer todas las esperanzas de quienes crearon
nuestra Organización. En efecto, 852 millones de personas siguen
padeciendo hambre. El hecho de que un ser humano pueda pasar hambre
en este mundo de abundancia y de tecnología desafía a la razón.
Además, ciertos sistemas de producción agrícola intensiva que han
posibilitado ese crecimiento no son sostenibles y tienen repercusiones
negativas de carácter ambiental, económico, social y cultural.
En este contexto, la FAO debe afrontar dos cuestiones fundamentales
en el curso del siglo XXI. En primer lugar, debe reforzar la eficacia
de los trabajos que realiza en colaboración con sus Miembros a fin
de eliminar el hambre, de conformidad con el primero de los objetivos
de desarrollo del Milenio. En segundo lugar, debe fomentar la satisfacción
de las futuras necesidades del planeta de alimentos y productos
forestales sin poner en peligro la perennidad de los recursos naturales
frágiles de la Tierra o de su clima.
En estos dos ámbitos, se han hecho algunos avances alentadores.
Cada vez más países manifiestan su determinación a formular y poner
en práctica programas nacionales de gran amplitud en relación con
la seguridad alimentaria. Hay también un creciente interés en las
cuestiones ligadas al medio ambiente y a los recursos naturales.
Así, la FAO ha logrado conducir el proceso de negociación que desembocó
en la aprobación del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos
para la Alimentación y la Agricultura, en 2003. Comienza a reconocerse
el papel vital del agua para una agricultura segura y sostenible.
Por ello, la Comisión para África ha pedido en su informe que se
duplique la superficie de las tierras en regadío en la región desde
ahora hasta el año 2015, concediendo prioridad a pequeños planes
de riego de las explotaciones agrícolas.
Excelencias, señoras y señores:
La necesidad de una tribuna internacional neutral en cuyo seno las
naciones puedan reunirse para abordar los problemas de la alimentación
y la agricultura sigue siendo tan importante en nuestros días como
lo era el 16 de octubre de 1945, cuando sus Miembros fundadores
declararon: "si hay un principio fundamental único sobre el que
se basa la FAO, es que el bienestar de los productores y el bienestar
de los consumidores son en último extremo idénticos". La Organización
debe, no obstante, adaptarse a la evolución del mundo a lo largo
de los últimos 60 años para poder enfrentarse a los nuevos desafíos
y aprovechar las nuevas oportunidades.
Esta es la razón por la que acabo de proponer un programa de reforma
que debería permitir a la Organización desempeñar un papel mayor
en la erradicación del hambre, el desarrollo agrícola sostenible,
la inocuidad de los alimentos, la lucha contra los depredadores
y contra las enfermedades transfronterizas de los animales y las
plantas, y la negociación de un comercio internacional de productos
agrícolas más justo.
Las reformas que se presentarán a la Conferencia en noviembre tienen
un alcance considerable. Su finalidad es orientar mejor los programas
técnicos de la FAO en favor de los principales ámbitos prioritarios
para los Estados Miembros, así como consolidar sus funciones de
intercambio de conocimientos, de asistencia en relación con las
políticas, de transferencia de tecnología, de fortalecimiento de
la capacidad y de concienciación, en el marco de una mayor sinergia
con los asociados del sistema de las Naciones Unidas, en particular
en el plano nacional.
Estas reformas se traducirán, entre otras cosas, en la reestructuración
de la Organización para lograr un mejor equilibrio entre las dependencias
y la adopción de una estructura más ligera y más funcional. Se tratará
de introducir métodos de trabajo que hagan posible una mayor flexibilidad,
una redistribución del personal más apropiada y una mayor delegación
de autoridad, de responsabilidades y de los medios de trabajo. La
red de oficinas descentralizadas será reorganizada para proporcionar
la asistencia a los países de forma más eficaz.
Excelencias, señoras y señores:
En la Cumbre del Milenio celebrada el mes pasado, las naciones del
mundo han manifestado su interés común en poner fin a la pobreza
y el hambre y la necesidad de preservar los recursos naturales paras
las generaciones futuras. En las reuniones del Grupo de los Ocho
(G-8) de este año se ha manifestado una nueva voluntad, reiterada
por los oradores que hicieron uso de la palabra en Nueva York en
septiembre, de establecer vastos programas concretos para reducir
la pobreza.
Con ocasión de su 60º aniversario, la FAO quisiera reiterar solemnemente
su compromiso, en el marco de su mandato, a contribuir de modo enérgico
a los esfuerzos internacionales con objeto de dar nuevo impulso
a la lucha contra la pobreza, principalmente atacando las causas
profundas del hambre en el mundo.
Les agradezco su amable atención.
Regreso a la página de los discursos
de 2005
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