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Alimentar a los habitantes de las ciudades de todo el mundo es uno de los grandes retos de nuestro tiempo. Hoy, desde China hasta Chile, los planificadores y responsables de políticas dan vueltas a la cuestión de cómo hacer frente a las necesidades básicas de las crecientes poblaciones urbanas.
La FAO asesora a los gobiernos centrales y locales sobre cómo mejorar los sistemas de abastecimiento y distribución de alimentos. Un complejo proceso en ciudades abarrotadas, colapsadas por el tráfico y con graves carencias de infraestructuras.
En el mercado de Pokhara, en el medio oeste de Nepal, encontramos a Shova Baral, con su cesto de lechugas. Hasta hace poco tiempo, Shova caminaba con el cesto en la cabeza durante tres kilómetros hasta llegar a las calles del centro de la ciudad donde pasaba horas intentando vender sus productos. Ahora, gracias al apoyo de la FAO, se ha construido un gran mercado mayorista donde los pequeños productores pueden vender directamente sus productos. Shova ya no tendrá que pasar ni un solo día más en la calle para vender sus mercancías.
"Nuestra vida ha mejorado enormemente. Todas nosotras pasábamos el día entero en las calles polvorientas para vender algo y la venta no siempre estaba asegurada. Ahora es fácil, yo vendo mi cesta de verdura en el mercado a buen precio y me vuelvo a casa", explica Shova.
El mercado, del tamaño de un campo de fútbol, permite 105 puestos de venta. El proyecto apoya, además, el desarrollo de una serie de pequeños centros de recogida de mercancias que complementan el mercado Pokhara.
El Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización (FNUDC), en colaboración con el gobierno de Nepal, ha aportado 3,6 millones de dólares EE.UU. La FAO proporciona formación sobre gestión del mercado y manipulación de alimentos y ha promovido la instalación de un servicio de información.
Suresh Gupta, un mayorista de Lucknow, India, viene al mercado para vender bananas, naranjas y cacahuetes. Con su calculadora y su teléfono móvil, está listo para los negocios. "Este nuevo mercado es una maravilla. Yo puedo controlar los precios que tienen en Katmandú y Narayangadh, así sé a cómo debo vender y a cuánto me deben pagar la mercancía. Los puestos son muy grandes, no hay problema de aparcamiento, no hay aglomeraciones y la gente es muy organizada y cooperativa", dice.
"El mercado es una ventaja para mí: no tengo que perder ni un minuto buscando compradores en la calle", dice Prem Poudel, un joven intermediario que vende naranjas a los minoristas.
Bhoj Raj Khanal, gerente del Pokhara Market gracias a un curso de formación promovido por la FAO, está orgulloso de su trabajo. "Cada día tenemos 1 000 compradores y vendedores que usan el mercado. Ellos pagan sólo cinco rupias para entrar, el precio de una taza de té, con lo que mantenemos el mercado", explica.
"Nosotros no fijamos los precios de mercado, sino que cada mañana sondeamos a cinco compradores y vendedores de cada producto y acordamos un precio medio. Entonces lo mandamos a los mercados mayoristas por fax o mail, y se trasmite por la radio. Así los vendedores pueden ir dónde más les convenga vender", añade satisfecho.
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