Son ricas, nutritivas, abundantes y baratas. Cada año, en Perú, se capturan entre 7 y 8 millones de toneladas de anchoas pero una gran parte de ellas termina como harina de pescado para alimentar a los animales.

Los peruanos comen pescado, pero prefieren el pescado blanco y grande, explica Melva Pazos, Jefa de la Cooperación Técnica en el Instituto Tecnológico Pesquero de Perú (ITP). El ITP, en colaboración con la FAO, está desarrollando un proyecto de dos años para fomentar el consumo de anchoas entre los peruanos. El proyecto se dirige a cinco colectivos diferentes: a las mujeres pobres que dirigen comedores populares en los barrios pobres de Lima; a los escolares de la escuela primaria; a los médicos y trabajadores de la salud; a la clase media peruana y, por supuesto, a los pescadores, que son los propios proveedores.

"Los doctores le dicen a la gente que las anchoas provocan enfermedades", señala la Sra. Pazos. "Y es verdad, pero sólo porque la manipulación del pescado es tan mala que cuando éste llega al mercado ya no está fresco". Por ello, el proyecto está trabajando para educar a los pescadores y a quienes manipulan los pescados con el objeto de mejorar la higiene y la conservación de los mismos.

El punto de partida fue una flota artesanal de 15 embarcaciones cerca de Pisco, a tres horas de Lima, donde hay una pequeña planta procesadora de anchoas. Los expertos de la FAO trabajaron con 150 pescadores y con las 120 mujeres de la planta procesadora, enseñándoles las normas básicas de manipulación e higiene y cómo ponerlas en práctica en sus embarcaciones.

"Habría sido más facil comprar barcos con equipos nuevos y modernos para la conservación", señala Melva Pazos, "pero no lo hicimos porque queríamos que aprendiesen a manejar el pescado de manera adecuada en sus embarcaciones y que las adaptasen para llevar hielo".

Una vez que el pescado está conservado con hielo en envases aislados, se lleva a los vecindarios más pobres en la periferia de Lima, donde se distribuye a los comedores populares. A pesar de que la economía nacional se ha estabilizado desde los años 80, la mitad de los 26 millones de peruanos vive en condiciones de extrema pobreza, y la malnutrición es endémica.

El proyecto decidió aprovechar los comedores populares, subsidiados por el gobierno, para sensibilizar a la población sobre los beneficios de las anchoas. Para ello, se han desarrollado recetas de platos sabrosos y nutritivos a base de anchoas. Un grupo de jóvenes profesionales está ayudando a las mujeres de los comedores populares a preparar estos nuevos platos utilizando diversas estrategias, incluido el teatro. Hasta ahora participan en el programa 20 comedores y más de 1 000 niños en edad escolar.

El proyecto también está funcionando con trabajadores de la salud en los barrios más pobres para mostrarles los beneficios de las anchoas cuando están en buen estado. "Capacitar a los médicos ayudará a desterrar los prejuicios existentes", explica la Sra. Pazos. Hasta ahora 189 trabajadores de la salud han sido capacitados en Lima y otros departamentos regionales están manifestando su interés por el programa.

Para no estigmatizar las anchoas como el alimento de los pobres ha sido fundamental involucrar también a la clase media, mediante una campaña informativa enfatizando las bondades de este pescado y sus componente de aceite Omega 3, muy bueno para prevenir el estrés y los problemas cardíacos.

"Ahora los pescadores saben cómo producir las anchoas para el consumo humano", dice Melva Pazos. "Así, si la gente quiere anchoas, puede obtenerlas. Y ya están comenzando a pedirlas".