7 de marzo de 2003, Bangkok, Tailandia -- Funcionarios de gobiernos africanos y asiáticos, expertos en desarrollo y especialistas de las Naciones Unidas asistentes a un taller celebrado en fecha reciente hablaron de distintas estrategias para alentar a los campesinos de ambos continentes a utilizar sus conocimientos tradicionales y su experiencia agrícola para ayudar a sus comunidades a sobrevivir los devastadores efectos del VIH/SIDA.

Factores comunes atizan la epidemia

Muchos africanos están muriendo de VIH/SIDA antes de lograr transmitirles a sus hijos sus conocimientos de agricultura, lo que reduce la producción de alimentos y obliga a los ancianos a regresar a trabajar en el campo para poder alimentar a sus nietos. El virus está exacerbando de esta manera la hambruna en el sur de África.

Los agricultores de Asia todavía no afrontan esta pesadilla, aunque pronto podría cambiar su situación ya que el crecimiento económico sostenido de ese continente superpoblado y la eficacia del transporte facilitan la propagación de esa enfermedad.

La FAO y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) patrocinaron ese seminario de tres días de duración para promover el cambio de experiencias útiles entre África y Asia.

Lee Nah Hsu, director del Programa sobre el VIH y el Desarrollo del Sudeste de Asia, del PNUD, afirma temer que las tasas de infección en Asia pudieran superar las de África en pocos años si la infección desborda el ámbito de las personas que se inyectan sustancias tóxicas, los trabajadores del sexo y sus clientes.

África y Asia tienen en común muchas condiciones que atizan la epidemia, como la discriminación contra las personas infectadas, debido a la falta de información sobre el virus y su forma de propagación, además de actitudes culturales y prácticas que exponen a la infección en particular a las mujeres. A estos problemas se suman otros como la falta de planificación, la carencia de una tecnología adecuada y métodos agrícolas deficientes, entre otros.

«La mayoría de la población de los países más afectados vive de la agricultura -afirma Marcela Villarreal, coordinadora de las actividades de la FAO relacionadas con el VIH/SIDA-. Pero el sector agrícola se ha tardado en reaccionar ante la epidemia. En este taller se ha hablado de las actividades que los ministerios de agricultura pueden poner en marcha para facilitar que las comunidades devastadas por el SIDA prosigan su actividad agrícola». La adopción de variedades resistentes a la sequía o producir cultivos que necesitan menos atención o mano de obra, son soluciones sencillas que pueden ayudar mucho, prosigue Villarreal.

Difusión de soluciones locales

Hay a la mano otras soluciones, muchas de ellas elaboradas y utilizadas en el mundo en desarrollo.

Numerosos participantes, como Lingalireni Mihowa, experta de Oxfam en VIH/SIDA y cuestiones de género en Malawi, tienen mucho interés en aprovechar la experiencia de las escuelas campesinas de Camboya y de la iniciativa de la FAO y el PNUD que alienta a los campesinos a tomar en cuenta todos los factores que repercuten en sus vidas y en sus comunidades, para encontrar las soluciones y definir lo que necesitan del exterior para resolver sus problemas. Este método se basa en otras escuelas campesinas cuyo método ha dado muy buenos resultados, que consiste en que los agricultores, con un promotor, observan el medio ambiente del campo durante una temporada agrícola para aprender a combatir las plagas en forma natural. La idea central de ambas iniciativas es utilizar la experiencia y los conocimientos de los campesinos.

«Aprendemos de la estructura de las escuelas campesinas de Asia, y quizá ellos puedan aprender de nosotros», dice Mihowa.

Las escuelas ayudan a las comunidades enseñándoles a los campesinos a analizar la forma en que su conducta los expone al virus del SIDA. Aprenden a cultivar en forma más inteligente y a utilizar las plantas y hierbas de su medio ambiente como alimentos y con fines terapéuticos, que podrían haber caído en el olvido con la introducción de las semillas y sustancias químicas modernas.

«Hay que combinar estos temas, la agricultura y la información sobre el VIH", dice Chomchuan Boonrahong, director del Instituto para la Comunidad Agrícola Sostenible (ISAC) del norte de Tailandia.

También es probable que se reproduzcan en ambos continentes las actividades del ISAC en materia de promoción del uso de plantas medicinales para aliviar los síntomas que padecen las personas que tienen VIH/SIDA. El PNUD ha comprobado la eficacia de esas plantas.

«Los medicamentos actuales son demasiado costosos», afirma Samuel Otieno, coordinador del programa sobre el VIH/SIDA del Ministerio de Agricultura de Kenya.

Impresionados por los beneficios que la flora local puede brindarles a las personas y al ganado, los delegados asistentes al taller se comprometieron a comenzar a investigar sus aplicaciones con apoyo de las universidades y los jardines botánicos locales.

Los asistentes también se comprometieron a conservar los conocimientos campesinos mediante su recopilación bibliográfica, en audio y vídeo, para que las generaciones futuras puedan mantener sus prácticas agrícolas tradicionales, su historia e incluso sus mitos. Se formará una red electrónica para difundir estos conocimientos por todo el mundo en desarrollo. Otro resultado del taller fue la decisión de iniciar una base de datos de plantas medicinales que alivian los síntomas del SIDA.

Lograr que menos brazos sean más productivos

Los campesinos podrían incluso producir más cultivos -nuevos y tradicionales- con menos mano de obra. «Hay mejores métodos agrícolas que la gente necesita conocer para que puedan sobrevivir las comunidades afectadas por el SIDA, que cuentan con menos brazos», explica Jacques du Guerny, consultor agrícola de la FAO y especialista en VIH/SIDA.

«No se me había ocurrido conectar métodos agrícolas que utilizan menos mano de obra con las medidas para mitigar las repercusiones del VIH/SIDA», dijo Charles Matabwa, autoridad de extensión agrícola y servicios técnicos del Ministerio de Agricultura de Malawi.

En efecto, antes del taller pocos de los asistentes consideraban que el VIH/SIDA fuera un problema agrícola. «Todas las actividades correspondientes quedan en sector sanitario. Ha faltado el eslabón agrícola en la intervención contra el VIH/SIDA», afirma Jennifer Bielman, asesora en Etiopía de la organización Desarrollo Internacional de Cooperativas Agrícolas y Voluntarios Cooperativos para Asistencia al Exterior ACDI/VOCA.

Robert Bowen, de VETAID, organización no gubernamental de Mozambique, afirma que su grupo está promoviendo la cría de ganado pequeño, más fácil de atender, para reconstruir los activos de las familias víctimas del SIDA.

Si bien estas ideas y muchas otras que se discutieron en el taller pueden producir grandes repercusiones, la falta de fondos podría obstaculizar la acción, indica el Dr. Matabwa.

Entre los mayores beneficios del taller están las relaciones que establecieron los participantes. Las Naciones Unidas pronto formarán un sitio Web para mantener a las personas informadas y en contacto.

Según Yene Assegid, especialista en VIH/SIDA de la oficina regional para África central y oriental, con sede en Addis Abeba, el taller podría ser un acontecimiento decisivo. «Podría establecer las bases de la cooperación sur-sur entre África y Asia -explica-. La reunión ha demostrado la función de la agricultura, pero sólo si la gente acepta que puede cooperar. Es necesario apoyarnos entre todos, trabajar juntos».


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