17 de abril de 2003, CONAKRY, República de Guinea – No hace falta conocer el lenguaje de señales para sordomudos para entender la satisfacción con que una comunidad de sordos de un barrio pobre de esta capital costera recibe una canoa, un motor fuera de borda y redes financiados por la FAO.

Esta historia se inicia en 1998 cuando, con el deseo de dejar de depender de sus familias, un grupo de cinco jóvenes sordos consiguió una pequeña beca para mejorar su situación, donada por los gobiernos de Guinea y Canadá. Como estas personas pertenecen a la comunidad de pescadores de Dabondy, el mar se ofrecía como fuente de ingresos e independencia. El donativo financió un motor fuera de borda de 15 caballos de fuerza y una red para pescar, y el grupo se asoció con el dueño de una embarcación para salir a pescar. Pero ellos querían ser más independientes todavía.

El problema: no tenían lancha

"Nuestra discapacidad no representa un problema para pescar", explica Boubacar Berry, de 23 años de edad, presidente de la cooperativa, que se comunica hablando con limitaciones y con la ayuda de su madre. "El problema era que no teníamos lancha."

En 1999 consiguieron una embarcación: una canoa de cinco metros de eslora, apta para ir a alta mar. En un día bueno la tripulación puede desembarcar de 200 a 300 kilogramos de pescado, con ganancias de 160 a 240 dólares EE.UU. Un proyecto de la FAO, con valor de 8 600 dólares EE.UU., financió la canoa, otro motor fuera de borda de 15 caballos de fuerza, redes de pesca, una caja isotérmica para mantener fresca la captura y dinero para establecer un fondo rotatorio para ayudar a pagar los gastos de combustible y mantenimiento del equipo.

El grupo estaba luchando contra la pobreza, pero además creció, hasta tener 10 hombres que salen a pescar por turnos para sacarle el mejor partido a la canoa, y 15 mujeres, encargadas de elaborar y vender la pesca. "Es difícil decir cuánto ganamos porque nos repartimos el dinero entre los integrantes de la cooperativa" – afirma Berry – "pero ahora vivo mejor, soy independiente. Más adelante quiero mejorar nuestros métodos de pesca, con más equipo".

Se necesita más ayuda

Sayongbe Bangoura, de 27 años de edad, casada y con seis hijos, se comunica con un intérprete mediante el lenguaje de señales, el intérprete traduce al idioma local, el soussou. Después, otro intérprete traduce al francés, para los visitantes.

"Gracias a este proyecto puedo comer un poco mejor, pero realmente no es suficiente. Estoy tratando de encontrar más ayuda", explica. "Si logro ganar más dinero, la prioridad siempre es comer mejor, porque nunca alcanza, y después ahorrar un poco."

La cooperativa, denominada "Comunidad de pescadores sordos de Dabondy", sigue buscando ayuda. Cuando los hombres regresan a media noche con demasiado pescado para sus cajas isotérmicas, el excedente se descompone antes de que las mujeres se levanten a la mañana siguiente para encender los hornos de ahumar. Otro par de cajas isotérmicas serían muy útiles.

La comunidad le pidió a la FAO publicar su caso para que las organizaciones de beneficencia pudieran informarse. Quien desee ayudar a estos pescadores puede comunicarse con la Representación de la FAO en Conakry a través de la siguiente dirección de correo electrónico: FAO-GN@fao.org


Persona de contacto:
Peter Lowrey
Oficial de información, FAO
peter.lowrey@fao.org
+39 06 570 52762