20 de mayo de 2003, El Cairo, Egipto -- Una vez por semana Om Ahmed prepara un plato de hojas de malva con carne de conejo para los ocho integrantes de su familia: su esposo, Abdel-Maksoud, su anciana suegra y sus cinco hijos. Esta es la principal aportación de proteínas de origen animal a la alimentación de la familia, que consiste principalmente de arroz, pan, pasta, hortalizas y porotos.

Om Ahmed vive en una casa de dos habitaciones en la barriada de chabolas densamente poblada de Zawyet Abu Musallem, apenas a tres kilómetros de la gran pirámide de Keops, en las afueras del Cairo. Con el escaso salario de su esposo ha luchado por mantener a sus hijos y hacer que vayan a la escuela.

“Quiero que mis hijos tengan una educación que les permita tener buenos trabajos –explica-, por eso me interesó participar en el proyecto de cunicultura del Dr. Hatim Abdel-Salaam. Gracias a esta iniciativa he aprendido a cuidar a los conejos, que se han reproducido mucho, y ahora puedo venderlos ocasionalmente para complementar los ingresos de mi familia”.

Participaron al principio en el proyecto -iniciado a partir de una donación de 10 000 dólares EE UU de TeleFood, la campaña de la FAO destinada a crear conciencia y recaudar fondos para combatir el hambre- 20 familias de Zawyet Abu Musallem. El principal objetivo era transformar a los participantes en cunicultores y ayudar a las familias de bajos ingresos a lograr cierta medida de seguridad alimentaria.

Al principio se suministró a los participantes tres hembras y un macho, una jaula de reproducción en dos niveles, alimento para los conejos para varios meses, medicinas y vacunas. El Dr. Abdel-Salaam, Jefe de investigadores del Instituto de Investigaciones sobre Producción Animal del Ministerio de Agricultura de Egipto, y coordinador del proyecto, capacitó a los participantes para criar a los conejos y les explicó cómo se utilizan las vitaminas y los suplementos minerales, así como la administración de medicamentos para diversas condiciones. El Ministerio de Agricultura proporcionó libros y manuales de capacitación, pero la mayoría de los participantes no saben leer y tienen que recurrir a sus hijos para que los ayuden.

El proyecto, que ya está en su tercer año de actividades, ha tenido mucho éxito, 18 de las 20 familias iniciales siguen participando y están progresando mucho. Después de reinvertir sus ganancias, algunas familias ya tienen hasta seis baterías de jaulas que alojan a varias docenas de conejos.

El Dr. Abdel-Salaam visita con regularidad a las familias para verificar su adelanto y alentarlos, proporcionarles más capacitación y suministros, según haga falta. Conforme los propietarios de los conejos van adquiriendo experiencia, les va reduciendo gradualmente la asistencia hasta que son por completo autosuficientes.

“De los primeros cuatro conejos, tres se murieron al mes –relata Om Ahmed-. Fueron momentos difíciles y temíamos tener que abandonar el proyecto, pero el Dr. Abdel-Salaam nos ofreció otro conejo, que criamos y del que descienden los 30 conejos que tenemos hoy”. Las hembras comienzan a reproducirse a los cinco meses y producen unas 30 crías al año. Om Ahmed se queda sólo con las hembras de cada camada y vende los machos a los dos meses, por menos de 15 a 20 libras egipcias cada uno (1 libra egipcia equivale a unos 17 centavos de dólar EE UU a la tasa de cambio actual).

Con lo que gana, Om Ahmed compró otra batería de jaulas para alojar a sus conejos cada vez más numerosos. Se propone ampliar el espacio que les tiene asignado en la azotea de su casa, donde también tiene gallinas y gansos, y comprar otra batería de jaulas. “Algunos de nuestros vecinos ya tienen hasta seis baterías para conejos y están criándolos por cientos, para venderlos en el mercado –explica-. Mi objetivo es vender más, reinvertir y ampliar la actividad. Así no tendré que depender de que trabajen mis hijos y ellos podrán seguir estudiando”.


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