POTAZIA, Bangladesh. La "hora pico" de la mañana en esta aldea polvorienta, aunque próspera, del nordeste de Bangladesh es alegre. Niños y adultos atestan un punto de acopio en la plaza principal, todos tienen en la mano la clave del éxito de la comunidad: tarros de leche.

"En 1976, cuando llegamos por primera vez a esta aldea, las casas eran de paja y hojas de palma, narra el Dr. Mohammad Abdul Barik, veterinario y Subdirector General de Societies of the Bangladesh Milk Producers’ Cooperative Union Ltd., conocida en el país por la marca Milk Vita. Ahora, como puede ver usted, las casas son de hierro corrugado".

Alhaj Mohammed Huq, maestro jubilado y presidente de la asociación local de lácteos, añade: "Aquí la situación era miserable cuando era niño. Para la mayoría de los estudiantes era difícil comprar libros".

El negocio de Potazia consiste en suministrarle leche a una pequeña lechería comercial que está de unos 20 o 25 kilómetros de distancia. Las carreteras eran malas, los aldeanos enviaban la leche hasta allá y a veces la lechería ya no la requería y no la compraba.

"Nos explotaban, dice el señor Huq. La leche se utilizaba para elaborar dulces, pero había un monopolio de productores de dulces y ellos controlaban los precios. Si querían, ofrecían 5 taka (10 centavos), o no recibían la leche".

Entonces llegaron las personas de la cooperativa de lácteos de Milk Vita, y el resultado es un extraordinario progreso desde hace 25 años en un rincón de uno de los países más pobres del mundo. No sólo Milk Vita acabó con el monopolio de los compradores de leche sino que, lo más importante, expandió sustancialmente la producción de leche en la región. Este éxito demuestra con claridad lo que puede lograrse con una idea acertada, el medio económico y material adecuado y los participantes debidos, organizados por una dirección competente.

La FAO, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el organismo danés de asistencia DANIDA ayudaron a la cooperativa de lácteos todo el tiempo que fue necesario, 15 años, mucho tiempo para que los organismos de desarrollo atiendan un mismo proyecto. La FAO capacitó a la actual generación de directivos y proporcionó asistencia técnica para todo, desde sanidad animal hasta elaboración de la leche y comercialización del producto.

El jeque Mujubir Rahman, fundador de Bangladesh, concibió la formación de cooperativas campesinas democráticas como vanguardia del desarrollo rural del país. El Gobierno fundó Milk Vita poco después de la independencia, en 1974. A principios de la década de 1990 se retiró y le dejó la cooperativa a una Junta de Directores independiente, cuya mayoría son elegidos por los campesinos. La nueva junta sustituyó a los funcionarios públicos por gerentes profesionales y la cooperativa finalmente se hizo rentable.

Milk Vita es la empresa lechera más grande de Bangladesh y principal suministro de leche fresca y lácteos, como la mantequilla y el yoghurt para Dhaka. Las lecherías privadas incluso imitan en parte el modelo empresarial de Milk Vita. Desde hace 10 años Milk Vita es autosuficiente, no recibe subsidios de la comunidad internacional ni del gobierno. En 1998, 40 000 agricultores, que pagan una cuota nominal por incorporarse a la cooperativa, ganaron un total de 9,3 millones de dólares EE UU por la venta de 30 millones de litros de leche. Los granjeros reciben servicios de sanidad animal fundamentales como vacunas e inseminación artificial. Los dividendos que decide la cooperativa regresan a los productores. En 2000, se pagaron 1,5 millones de dólares EE UU. La cooperativa fija el precio de la leche a partir de la demanda.

Lo mejor de todo es que Milk Vita va a ampliar su actividad a cuatro nuevas zonas de Bangladesh, donde sigue predominando la pequeña producción lechera, con financiación de las ganancias de la cooperativa y no de la beneficencia internacional. "Hace 25 años mi idea era que esta cooperativa campesina abarcara todo Bangladesh", dice el Dr. Barik.

Por lo visto, nada impide que se realice ese sueño.

Agosto de 2002