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Es grande, y crece de 4 a 11 veces más rápidamente
que sus parientes comunes y corrientes. Y llegará a la mesa
de los consumidores cuando sus creadores reciban autorización.
Se trata de un salmón transgénico, que contiene un
gen característico de las especies de aguas frías,
el cual le permite seguir creciendo durante la estación fría.
Quizá no llegue a ser más grande que los demás
peces, pero alcanza su peso comercial mucho antes.
"Los índices de crecimiento ya aumentaron del 10 al
23 por ciento por generación, sencillamente gracias
al mejoramiento genético explica Devin Bartley, experto
de la FAO en genética de los peces-. La modificación
de los genes puede intensificar el proceso. Las primeras repercusiones
serán comerciales, probablemente en los países desarrollados.
Pero al fin de cuentas, los peces modificados podrían mejorar
la seguridad alimentaria".
En los últimos 25 años la acuicultura ha crecido
enormemente, brindando una maravillosa nueva fuente de proteínas.
La mayor parte de este crecimiento se ha manifestado en los países
en desarrollo a través de las tecnologías convencionales
de mejoramiento animal. La investigación moderna se focaliza
en las variedades transgénicas de especies que se crían
abundantemente en el mundo en desarrollo, tales como la tilapia
y la carpa.
¿Serán estos peces un alimento inocuo?
"Me parece que la tecnología tiene menos importancia
que los resultados finales -afirma el Dr. Bartley-. Es importantísimo
hacer pruebas exhaustivas a todos los alimentos nuevos, per al fin
de cuentas, la seguridad alimentaria debería evaluarse a
partir de lo que llega efectivamente a la mesa, y no de cómo
llegó ahí".
El llamado de la selva
Pero las consecuencias ambientales que pueden producir los peces
modificados genéticamente son todavía más apremiantes
que las de los animales terrestres. Los peces modificados genéticamente
repercutirían rápidamente en el ambiente, porque su
ciclo vital es muy breve y son mucho más numerosos.
Pero los peces de cría no siempre se quedan donde deberían.
Alrededor del 30 por ciento del salmón que navega
en en los ríos de Noruega se ha escapado de las granjas piscícolas,
y en algunas regiones la tasa de evasión es más alta.
En la provincia de New Brunswick, en Canadá, se cree que
alrededor del 33 por ciento de los salmones son fugitivos.
Ya se atribuye a los peces de cría la propagación
de enfermedades y plagas, tal como el piojo de mar.
Pero la evasión de estos salmones y de otros peces de cría
transgénicos, suscitaría otros problemas más
inquietantes:
-
Dado que fueron criados artificialmente, probablemente no sobrevivan
en libertad. Pero ¿y si sobreviven lo suficiente para
reproducirse? Sus características "débiles"
podrían penetrar en la población natural y comprometer
la capacidad de sobrevivencia de sus descendientes.
-
Los peces transgénicos podrían ser más
fuertes, no má débiles, y competir así
por la comida, propiciando una reducción de la población
natural para luego extinguirse debido a su incapacidad de reproducirse.
-
Los peces transgénicos ya son objeto de mejoramiento
para resistir a las plagas y enfermedades. Pero, una vez en
libertad, los peces resistentes podrían convertirse en
anfitriones de organismos que en circunstancias normales los
matarían. Esos organismos podrían atacar luego
a los verdaderos peces naturales.
Reducir los riesgos
Estos riesgos podrían reducirse introduciendo un juego extra
de cromosomas para impedir que los peces transgénicos se
reproduzcan. Sin embargo, un porcentaje pequeño de ellos
podría mantener incidentalmente una cantidad normal de cromosomas,
invalidando así la esterilidad.
Pero algunos de estos peligros también podrían ser
generados por cualquier método de mejoramiento que produzca
peces diferentes de los que existen naturalmente. Es más,
aún cuando existen normas internacionales jurídicamente
vinculantes (el Protocolo de Cartagena) las especies exóticas
no suelen ser objeto de tanta atención, no obstante existan
más indicios sobre su nocividad.
Los peces modificados genéticamente son una posibilidad
real. El salmón de rápido crecimiento espera la aprobación
de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de
los Estados Unidos y del Departamento de Pesca y Océanos
del Canadá. Los científicos canadienses están
trabajando con tilapias para producir insulina destinada a los diabéticos,
mientras que en otros países, los científicos están
creando una tilapia que contiene la hormona humana del crecimiento,
o desarrollan camarones resistentes a las enfermedades.
Mientras tanto, los genes de los peces están avanzando tierra
adentro. El gen de la proteína anticongelante de los peces
planos del Ártico, que ya es utilizado en el salmón
canadiense, está siendo transferido a los cultivos alimentarios.
En la Gran Bretaña, el gen del salmón que controla
la pérdida de calcio, está siendo transferido a los
conejos. Estas actividades son experimentales, pero resulta evidente
que los peces ya quedaron atrapados en la red de la revolución
genética.
Marzo de 2003
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