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La FAO ha previsto que la demanda mundial de madera habrá
aumentado un 25 por ciento entre 1999 y 2010. Los bosques naturales
no podrán satisfacer el incremento de la demanda, en realidad
el 35 por ciento de la madera industrial procede de las plantaciones.
No obstante, éstas constituían sólo el 5 por
ciento del total de la cubierta forestal en 2000.
Será la superficie de plantaciones la que tendrá
que crecer para satisfacer la demanda. La extensión de plantaciones
se cuadruplicó entre 1990 y 2000 y se prevé que esta
tendencia se mantendrá, sobre todo en los países en
desarrollo. Pero ¿de dónde se saldrán las tierras?
"Es imposible no tomar en cuenta toda buena estrategia para
hacer más productivas las plantaciones -explica el genetista
forestal de la FAO Pierre Sigaud-. Esas estrategias podrían
incluir árboles modificados genéticamente, pero también
una mejor selección de semillas y mejores prácticas
de ordenación".
Y allí en donde se requiere del mejoramiento genético,
señala, es en donde existe más potencial por aprovechar,
por ejemplo en los recursos genéticos forestales, y no tanto
en la agricultura, en donde los cultivos son objeto de domesticación
desde hace mucho tiempo y en donde existen menos especies silvestres
por aprovechar con fines de mejoramiento. De modo que los OMG podrían
desempeñar una función, aunque su utilización
se limitaría a la silvicultura de plantación, mientras
que, en general, la mayor parte de los bosques seguirían
siendo naturales.
Los ciclos de vida más largos podrían significar
mayor inestabilidad
A medida que un organismo tarda en crecer, aumentan las probabilidades
de que su medio ambiente cambie. En consecuencia, los árboles
modificados genéticamente plantean problemas singulares.
La larga vida de un árbol significa que tiene más
probabilidades de enfrentar dificultades a raíz del clima
o de las plagas, que podrían desencadenar respuestas genéticas
imprevisibles. El lento crecimiento de los árboles, hace
que los problemas que les conciernen tarden más en revelarse.
Uno de los peligros probables consiste en la propagación
de los genes modificados en las poblaciones naturales, ya que el
polen se dispersa mucho. Por otra parte, las plantaciones a menudo
derivan de especies exóticas que no cuentan con parientes
silvestres en sus cercanías, lo cual dificulta la oportunidad
de cruzarlas con esas poblaciones.
Pero la diferencia entre árboles y cultivos es un arma de
doble filo. "En cuanto a los cultivos, el medio ambiente puede
ser adaptado a las plantas a través de las técnicas
agronómicas y sustancias agroquímicas dice
el Dr. Sigaud. Pero los bosques tardan años o decenios en
crecer, y este tipo de prácticas son costosas, y en todo
caso, suelen estar sujetas a reglamentación. Por lo tanto,
un árbol tiene que ser apropiado para el medio ambiente en
que vive, sea este genéticamente modificado o no. En realidad,
la modificación genética conviene sólo a pocas
especies arbóreas, las cuales se benefician más a
través de la selección tradicional y de los programas
de mejoramiento.
En todo caso, las limitaciones comerciales restringen las oportunidades
de aplicar la modificación genética a los árboles.
Cultivar y cosechar una plantación requiere tiempo y dinero,
al igual que la realización de los experimentos. Por este
motivo y debido a la posible reacción de la opinión
pública, hasta ahora no se han plantado árboles genéticamente
modificados en escala comercial, auque si se ha llevado a cabo mucha
investigación, especialmente sobre las especies de alto rendimiento
destinadas a las plantaciones.
Oportunidades y peligros
Además del rápido crecimiento, las cualidades que
prometen los árboles modificados genéticamente son:
mejor forma, madera más uniforme, contenido menor o modificado
de lignina, resistencia a las plagas, tolerancia a los herbicidas,
esterilidad y adaptación a medios difíciles. Si los
árboles modificados genéticamente llegaran a ser comercializados,
es probable que las primeras modificaciones obedecerían al
contenido de lignina, la resistencia a las plagas y la tolerancia
a los herbicidas.
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La lignina es un tejido denso que da fuerza a las paredes de
las células de las plantas y ayuda a sostener el árbol.
Para desintegrarla durante la producción de pulpa y papel
se utilizan sustancias químicas costosas y peligrosas
para el medio ambiente. Si hubiera árboles con menos
lignina sería más económico y limpio elaborar
sus productos, pero podrían ser menos resistentes a las
plagas y a los vientos fuertes.
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La resistencia a las plagas, ya se ha incorporado a diversos
cultivos alimentarios modificados genéticamente que se
encuentran en el comercio. Esta resistencia consiste en producir
toxinas que matan a las plagas y a continuación se descomponen
rápidamente en el medio ambiente, de manera que el daño
directo al mismo, es limitado. La misma técnica podría
aplicarse a los árboles, aunque existe la preocupación
de que su largo ciclo vital permitiría a las plagas desarrollar
una resistencia a esas toxinas.
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La tolerancia a los herbicidas podría permitir una aplicación
más selectiva de estas sustancias, y reducir así
las cantidades aplicadas. Pero esta aplicación tiene
menor importancia que la suministrada a los cultivos agrícolas,
ya que en la práctica de la silvicultura se suele utilizar
herbicidas sólo cuando se siembra un bosque.
En el futuro se podrían descubrir aplicaciones beneficiosas
para el medio ambiente. Los árboles pueden evitar o revertir
la degradación de las tierras, y mejorarlos, por medios de
modificación genética moderna o de otro tipo, podría
ofrecer esta clase de beneficios. Los árboles producidos
para medios rigurosos podrían contribuir a proteger las frágiles
tierras de los márgenes del desierto, mientras que los árboles
destinados a tolerar la sal podrían ayudar a restablecer
la productividad de las tierras deterioradas por malas prácticas
de irrigación. Además, contar con árboles que
crecieran más rápidamente podría servir no
sólo a fines comerciales, sino a combatir el calentamiento
del planeta, pues éstos captarían más bióxido
de carbono en la atmósfera, transformándolo en materia
vegetal, proceso que se denomina fijación del carbono.
¿Tecnología inocua?
Nadie come madera, pero otros derivados de los árboles ingresan
a la cadena alimentaria a través del consumo de polen, miel,
fruta silvestre, además de los animales de caza que se alimentan
de ellos. Ignorar los riesgos ambientales forestales a largo plazo
puede ocurrir con facilidad, sobre todo porque las plantaciones
forestales pueden ser remotas y no ser supervisadas atentamente.
En todo caso, las especies arbóreas mejoradas requieren de
una vigilancia rigurosa, independientemente de que hayan sido modificadas
genéticamente o no.
Hacer de los árboles, modificados genéticamente,
individuos estériles a fin de evitar que se reproduzcan y
liberen material genéticamente modificado en el medio ambiente,
es una medida de protección importante, pero podría
no ser del todo fiable. Los árboles sin características
reproductivas podrían reducir la diversidad de las aves e
insectos que se nutren de ellos. Estos aspectos exigen precaución.
De igual manera, es necesario tomar en consideración los
costos y el tiempo necesarios para recuperar la inversión
biotecnológica.
Otro motivo de disuasión antes de ejercer la modificación
genética en el ámbito de la silvicultura, es la gran
diversidad, bastante inexplorada, de las especies forestales existentes.
Gran parte de esta riqueza puede utilizarse para incrementar la
productividad de las plantaciones forestales, utilizando técnicas
tradicionales de mejoramiento de los árboles, combinadas
con prácticas forestales seguras.
Los árboles genéticamente modificados podrían
hacer su aparición en el mercado y contribuir de distintas
maneras a la utilidad de los árboles. Pero es poco probable
que esta tecnología sea doptada con la misma rapidez y difusión
que ha tenido en otros sectores.
Marzo de 2003
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