El Año Internacional del Agua Dulce, que se celebra en 2003, nos brinda la oportunidad de concentrarnos en la función del agua como recurso de gran valor y finito que debe utilizarse con cuidado. Para alimentar a otros 2 000 millones de personas para el año 2030 el agua se necesita utilizar con mayor eficacia.

La agricultura es el sector que más agua consume, utiliza alrededor del 70 por ciento de toda el agua dulce que se extrae en el mundo. Con una población mundial en crecimiento, la agricultura tendrá más competencia de la industria y el uso doméstico por el agua, por eso tendrá que utilizarla con mayor eficacia.

La agricultura de secano produce cerca del 60 por ciento de los alimentos en los países en desarrollo, en el 80 por ciento de las tierras cultivables. Sólo el 20 por ciento de este tipo de tierras en esos países cuenta con riego, pero en éstas se produce un 40 por ciento de todos los cultivos y casi el 60 por ciento de los cereales.

Se prevé que en los próximos decenios aumente la contribución del riego a la producción agrícola mundial: el incremento previsto de la zona de riego en los países en desarrollo para el año 2030 es de 40 millones de hectáreas (20 por ciento), que equivalen a menos de la mitad del incremento que hubo en los últimos 35 años (99 millones de hectáreas).

Los motivos de esta diferencia son:

  • Disminuirá la tasa de crecimiento de la demanda de alimentos.

  • Las zonas idóneas para el riego serán cada vez más escasas en algunos países.

  • Aumentará el costo de la inversión en irrigación.

La expansión de la irrigación será mayor en zonas donde hay pocas tierras y el riego ya tiene una presencia muy importante, sobre todo en el Asia Meridional y Oriental, así como en el Oriente Próximo y el Norte de África.

No habrá escasez general de tierras y agua para el riego, pero persistirán graves problemas en algunos países y regiones en desarrollo. Uno de cada cinco países en desarrollo sufrirá escasez de agua para 2030.

La agricultura tendrá que mejorar el desempeño de la producción de riego y de secano. Urge que se invierta en prácticas agrícolas más inteligentes que ahorren agua y en mejorar la gestión del agua. Necesita liberarse el potencial de la agricultura para resolver los problemas de agua del mundo y utilizar los escasos recursos de agua mucho más productivamente.

Las soluciones técnicas para lograr “más producción por gota” ya existen, pero a menudo faltan voluntad política e inversiones para mejorar la producción de secano y modernizar los sistemas de riego, así como para atender las necesidades de la población rural.

A menos que los gobiernos de los países y los organismos de financiación tomen decisiones estratégicas a favor de la gestión del agua en la agricultura, ésta no podrá mantener las asignaciones necesarias de agua para producir alimentos con riego.

Por estos motivos, es decisivo:

  • reconocer que la agricultura es el sector donde hay más posibilidades de mejorar la productividad del agua;

  • aceptar que el agua de toda procedencia (pluvial, agua de superficie, mantos freáticos y aguas residuales) es importante para lograr la seguridad alimentaria donde escasea el agua;

  • crear la política, instituciones e incentivos de mercado acertados para incrementar la productividad de la utilización del agua en la agricultura;

  • pasar de una gestión del agua impulsada por el suministro a otra impulsada por la demanda y orientada al servicio;

  • darse cuenta de que al desarrollo rural puede convenirle más que se invierta en otros sectores en vez de en irrigación. La mejor opción depende de las circunstancias de cada país.

El Año Internacional del Agua Dulce será un gran paso adelante si la comunidad internacional le dedica más atención a la importancia de la ordenación del agua en las zonas rurales.


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Erwin Northoff
Oficial de Comunicación, FAO
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