En el ámbito del actual sistema mundial de comercio regido por la OMC, los países ricos gastan miles de millones de dólares al año en apoyo a su sector agrícola. En 2002, el apoyo directo a los agricultores de los países miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) ascendió en conjunto a cerca de 235 mil millones de dólares EE UU, tres cuartas partes del total del apoyo estimado de la OCDE de 318 mil millones de dólares. Los subsidios de este grupo de países, según se ha informado a la OMC, constituyen más del 90 por ciento de las medidas de apoyo interno y subsidios a la exportación que distorsionan el comercio, informa la FAO.

La cifra resulta particularmente asombrosa considerando que en los países de altos ingresos, como los miembros de la OCDE, la agricultura sólo emplea a cerca de un 5 por ciento de la fuerza de trabajo y aporta apenas el 2 por ciento al producto interno bruto (PIB). Pero en los países de bajos ingresos, este sector proporciona empleo a un 70 por ciento de la fuerza de trabajo y participa en el PIB con un 36 por ciento.

Los subsidios a los productores agrícolas del mundo desarrollado repercuten negativamente en la agricultura de los países en desarrollo en distintas formas. Al permitir a los agricultores y las agroempresas poner en el mercado internacional sus productos a precios muy inferiores al valor de producción eliminan de la competencia a los productores del mundo en desarrollo. También alientan un exceso de oferta, que abate más todavía los precios agrícolas mundiales, y reduce los ingresos de los campesinos pobres o los excluye definitivamente de la actividad comercial.

"Los subsidios agrícolas en los países en desarrollo distorsionan el mercado mundial –señala el Director General de la FAO, Jacques Diouf-, y en muchos casos impiden a los agricultores de los países en desarrollo competir internacionalmente".

El Banco Mundial calcula que los subsidios a la agricultura de los países de la OCDE les cuestan más de 30 mil millones de dólares EE UU al año a los agricultores de los países pobres. Otros estudios duplican esa cifra. A la vez, el Banco ha calculado que la eliminación de todos los subsidios se traduciría en una ganancia adicional de 250 mil millones de dólares EE UU al año para el sector agrícola, de lo cual alrededor de 150 mil millones de dólares correspondería a los países de ingresos bajos y medios.

Las importaciones de alimentos, cuestión de seguridad
Los subsidios también están, por lo menos en parte, en la raíz de una tendencia al aumento de la importación de alimentos en los países pobres. Las investigaciones de la FAO revelan que en el decenio de 1990 las importaciones de alimentos básicos en los países en desarrollo aumentaron 5,6 por ciento al año (tasa que aumenta al 6,9 por ciento en los países de bajos ingresos con déficit de alimentos), y prevén que esta tendencia se mantenga en los próximos años. En conjunto, las importaciones de alimentos del mundo en desarrollo han crecido un 60 por ciento desde 1980.

Se trata de una situación con significativas consecuencias para la seguridad alimentaria.

"La capacidad de los países en desarrollo de obtener divisas limita la contribución de las importaciones de alimentos a la seguridad alimentaria –explica Hartwig de Haen, Subdirector General de la FAO y responsable del Departamento Económico y Social de la Organización-. Reducir el déficit de alimentos con importaciones comerciales no siempre es una posibilidad realista para casi todos los países".

Alexander Sarris, titular de la Dirección de Productos Básicos y Comercio, añade que la participación cada vez mayor de las importaciones baratas de alimentos también puede desincentivar la inversión en agricultura en los países importadores y fomentar que los gobiernos desatiendan el sector. "Un gran crecimiento de las importaciones puede socavar una producción interna que de otra manera sería viable –señala Sarris-, donde hay pocas otras oportunidades para utilizar los recursos productivos".

Los aranceles siguen sobre el tapete
Si bien en general se ha reducido el promedio de los aranceles después de la ronda Uruguay de negociaciones de la OMC, los países ricos siguen imponiendo elevados derechos a algunos productos para proteger a sus productores. Estas "crestas arancelarias" –que a veces ascienden hasta el 350 por ciento- a menudo se concentran en productos que los países en desarrollo tienen interés en exportar. Entre estos productos figuran algunos básicos importantes como el azúcar, los cereales y el pescado; el tabaco y algunas bebidas alcohólicas; fruta y hortalizas; y productos de la industria alimentaria con elevado contenido de azúcar.

Septiembre de 2003


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