Pese a que todos los países del mundo reconocen directa o indirectamente el derecho a los alimentos, el hambre -ya sea causada por la guerra, la sequía, desastres naturales o por la pobreza- sigue afligiendo a vastos sectores de la población mundial. Asegurar el derecho a una alimentación adecuada y a no pasar hambre es una cuestión del derecho internacional, específicamente consagrada en diversos instrumentos que se ocupan de los derechos humanos, con los que se han comprometido los países de todo el mundo. El derecho a los alimentos está en el centro del mandato de la FAO de garantizar un mundo sin hambre, y su cumplimiento es esencial para combatir la pobreza.
De los 36,1 millones de personas que tienen el VIH/SIDA, un abrumador 95 por ciento vive en los países en desarrollo. Y en esos países el sida está convirtiéndose en un peligro mayor para las zonas rurales que para las ciudades. En cifras absolutas, hay más personas contagiadas del VIH en las zonas rurales. La epidemia se extiende a una velocidad alarmante hasta alcanzar las aldeas más recónditas, y afecta a todos los aspectos del bienestar rural, la producción agrícola y las posibilidades de un desarrollo sostenible en el futuro.
¿Qué magnitud exacta tiene el hambre que sufren más de 800 millones de personas subnutridas en el mundo? La FAO presenta un nuevo instrumento para ponderar el alcance del déficit, en la edición de este año de El estado de la inseguridad en el mundo: la magnitud del hambre. Se trata de una medida del déficit de alimentos por persona de la población subnutrida de los distintos países. La medida se expresa en kilocalorías y tiene como propósito determinar la cantidad exacta de alimentos de los que carecen las personas a diario.
Hace diez años los campesinos del Departamento de Lempira, Honduras, apenas si podían producir suficiente maíz, porotos y sorgo para alimentar a sus familias. En 1998, cuando se abatió sobre el país el huracán Mitch, los mismos campesinos suministraron toneladas de alimentos de socorro urgente a sus conciudadanos de otras partes del país. El crédito de esta espectacular transformación corresponde al proyecto de desarrollo rural y seguridad alimentaria administrado por la FAO, que introdujo métodos agrícolas sostenibles. Lo más importante, al hacer énfasis en la participación de los beneficiarios, es que se demostró que la participación local es una clave del desarrollo.
En El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo se dan las últimas estimaciones sobre la cantitad de personas que padecen hambre crónica en los países en desarrollo, y se presentan las primeras estimaciones comparables de la cantitad de personas de los países industrializados y los países en transición que pasan hambre. El informe sirve para informar sobre la marcha de las actividades a escala nacional y mundial orientadas a lograr el objetivo que se fijó en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996: reducir al 50 por ciento la cantidad de personas que padecen subnutrición en el mundo para el año 2015.
Los hombres, mujeres y niños del todo el mundo consumen más pescado que cualquier otro tipo de proteína animal. Se calcula que entre el 15 y 20 por ciento de toda la proteína animal procede de especies acuáticas. El pescado no sólo es un alimento vital, sino que además da trabajo e ingresos a millones de personas de todo el mundo. En 1996, se calculó que 30 millones de hombres y mujeres obtenían ingresos de la pesca. Contribución de la pesca a la seguridad alimentaria mundial.