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VILCABAMBA, Perú, 30 de octubre de
2002 -- La población de este distrito situado en un fértil valle
de los Andes peruanos ha pasado momentos difíciles. Después de
más de un decenio de exilio debido al conflicto armado que hubo
en la zona, muchos regresaron a sus lugares de origen en los
años 90 y afrontaron el reto de comenzar desde cero.
"El distrito de Vilcabamba tiene una tierra
muy fértil -explica Francisco Díaz, Director de CEPRODER (Centro
de Promoción y Desarrollo Rural), ONG local-. Pero el valle
sufre con intensidad los efectos de El Niño, que hace variar las
lluvias y produce inviernos muy fríos. La población local es muy
pobre". Una helada muy prolongada destruyó la mayor
parte de los cultivos en 2002, y se pudrieron toneladas de papas
tipo chuño, base de la dieta andina, que
estaban dispuestas para secarse. TeleFood,
la campaña de la FAO dirigida a crear conciencia y recaudar
fondos para combatir el hambre, estableció un pequeño huerto y
un proyecto de porcicultura para las mujeres de Vilcabamba en
2001, a fin de contribuir en la lucha contra la pobreza y la
malnutrición. Con ayuda del CEPRODER, el proyecto está activo en
cuatro comunidades campesinas: Vilcabamba, Muyurina,
Huancansayhua y Colcabamba. En un principio se está centrando en
22 familias consideradas entre las más pobres y vulnerables.
Aprendiendo de las antiguas
costumbres Dado que la región no
se había cultivado desde hacía 14 años, los aldeanos afrontaron
una gran labor de preparación antes de poder utilizar las
semillas, los aperos y los cerdos proporcionados por TeleFood.
Primero construyeron terrazas en las empinadas pendientes, como
hicieron sus antepasados en el periodo inca. CEPRODER capacitó a
las participantes para cultivar las tierras, producir
fertilizantes con lombrices y residuos de los cultivos, y
atender a pequeños animales de granja. Muy pronto comenzaron a
crecer las primeras hortalizas, lo que produjo una gran
satisfacción entre las participantes. Los
huertos están bien atendidos, son muy verdes y en algunos
también nacen flores y frutales. La mayor parte tiene una
parcela destinada a las plantas medicinales y las hierbas
aromáticas. Pedro Bravo, residente del pueblo, durante un
recorrido reciente por los huertos interpretó con su flauta para
los visitantes las melodiosas canciones con que ameniza las
faenas agrícolas. "Antes no
sabíamos cultivar nuestras tierras -afirma Felicitas Arsega-.
Ahora ya sabemos producir hortalizas, transplantarlas y preparar
nuestros propios fertilizantes".
"Nuestros productos son 100 por ciento
naturales, no tienen un gramo de sustancias químicas -añade
Nelly Vargas, presidenta del comité intercomunal del proyecto
TeleFood-. ¡Y hasta la fecha no ha habido enfermedades!. Mire
estas lechugas, ¡están preciosas!"
Todas las mañanas sale un autobús a las 5 de la
madrugada rumbo a Chuquibambilla, un pueblo que está a media
hora de distancia, donde los aldeanos venden sus productos. Los
modestos ingresos les permiten comprar lo básico: azúcar,
aceite, pan, arroz y, a veces, medicinas para los niños.
Todos participan
Lo que comenzó como un proyecto de mujeres
se ha convertido en un proyecto familiar. Las mujeres cuidan las
plantas y los hombres preparan las tierras, construyen las
terrazas y preparan los fertilizantes. Los niños, que están
ocupados con la escuela y sus tareas, sólo ayudan cuando han
terminado de estudiar, lo que hace a sus padres sentirse muy
orgullosos porque ven en la educación la clave de un futuro
mejor. Todos los integrantes de la familia están satisfechos de
su huerto. "Poco a poco estamos mejorando nuestras
vidas", dice Honorata Cruz.
Quienes crían cerdos necesitan invertir más tiempo y
dinero, especialmente en piensos, pero los resultados son muy
estimulantes. La hembra de cerdo de Edith Alvarez, Jacinta, está
preñada. Para satisfacción de Edith, Jacinta ha engordado tanto
que ya no puede saltar la cerca de su corral, y ha dejado de
escaparse e irse al pueblo. María Contreras
también está muy contenta porque su hembra de cerdo va a parir
pronto. Sabe que tendrá que devolver dos lechones, un macho y
una hembra, al fondo rotatorio para que otra familia también se
beneficie, pero de todas formas podrá vender algunos de los
animales e invertir su dinero. "Quiero comprar más
animalitos con ese dinero, y alimentos y ropa para mis hijos
-explica-. Quiero poder comprarles libros y lápices para la
escuela. Es una buena inversión para el futuro."
La familia de Isabel Ferrel piensa ampliar
su actividad en el futuro. Ya comenzaron a invertir. Vendieron
su cerdo semental apenas quedó preñada la hembra y compraron 12
pollos. Ahora también pueden vender los huevos en el mercado.
Además todas las familias tienen una
pequeña parcela para cultivar hortalizas. Todos cultivan alfalfa
para alimentar a los cerdos y venderla como forraje.
"Queremos cultivar más frutales y hortalizas para
diversificar nuestra producción -explica Pedro Bravo,
interrumpiendo sus canciones-. Queremos comenzar elaborando
derivados como mermeladas y jugos, para venderlos más caros.
Queremos exportar más, y más lejos".
Vilcabamba todavía no figura en el mapa, ni siquiera
en los regionales, pero los aldeanos están impacientes por
hacerlo aparecer gracias a su empeño. Entre la fertilidad del
valle, el compromiso de la comunidad y la ayuda de TeleFood,
deberían lograrlo y servir de ejemplo a otras personas que se
encuentren en condiciones semejantes.
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