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Para los niños y niñas que viven en zonas
rurales aisladas, desde Angola hasta Zambia, desde Bangladesh
hasta Brasil, asistir a la escuela implica robar tiempo a muchas
otras actividades: recoger agua, atender a los animales,
realizar tareas domésticas... Muchos
padres piensan que la escuela es demasiado cara, está lejos o,
sencillamente, no pueden permitirse el lujo de que sus hijos
vayan a clase en lugar de ayudar en las tareas domesticas o en
las actividades del campo. Pero el
conocimiento es el instrumento más eficaz para conseguir sacar a
estos niños y sus familias del ciclo de la pobreza y del hambre.
Los agricultores necesitan más escuelas con mejores métodos,
técnicas y materiales de enseñanza, centrados en sus necesidades
reales. Lavinia Gasperini, experta de la
FAO sobre educación para el desarrollo rural, es la organizadora
de un seminario sobre estas cuestiones que se tuvo lugar en Roma
entre los días 12 y 13 de diciembre. En esta entrevista, Lavinia
Gasperini habla sobre un amplio programa de colaboración entre
la FAO y el UNESCO para potenciar la educación rural, que reúne
organizaciones internacionales, gobiernos, universidades y
organizaciones no gubernamentales.
840 millones de personas en el
mundo sufren hambre y 880 millones de adultos son analfabetos.
Estos números son demasiado parecidos, ¿estamos hablando de las
mismas personas? A: SI, los 840
millones de personas subnutridas y los 880 millones de adultos
analfabetos son prácticamente las mismas personas, y viven en su
mayoría en las zonas rurales. Sin embargo aún hay que añadir a
estas cifras 130 millones de niños y niñas analfabetas, lo que
aumenta la cifra de analfabetos en el mundo a más de mil
millones. Los menores desnutridos son unos 180 millones. Por
ello, podemos afirmar que los problemas de analfabetismo y de
malnutrición van de la mano. Varios
estudios han demostrado que mejorar la educación tiene un efecto
directo en las cifras de producción agrícola. Un estudio del
Banco Mundial, por ejemplo, demostró que aumentando la
escolarización primaria de las mujeres los resultados agrícolas
podrían mejorar hasta en un 24 por ciento.
Educación y desarrollo agrícola son
fundamentales para ayudar a las personas a liberarse del círculo
vicioso de la pobreza. ¿Que experiencias existen en este
sentido? A: La colaboración
entre especialistas agrónomos y educadores representa un
importante paso adelante, que ha conducido a la creación de una
nueva iniciativa de colaboración denominada Educación para los
habitantes de las zonas rurales, lanzada durante la pasada
Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible. Esta iniciativa se
dirige a la comunidad internacional - Gobiernos, agencias de
Naciones Unidas y sociedad civil - para unir fuerzas y trabajar
juntos en el abordaje de las necesidades de los pobres de las
zonas rurales. Hasta ahora cada uno ha trabajado en su campo de
especialización. En el sistema de Naciones Unidas, cada agencia
se ocupaba de un capítulo determinado: la FAO, del hambre; la
UNESCO, de la educación. Ahora sabemos que tenemos que trabajar
juntos con poblaciones que tienen problemas similares.
¿Cuáles son los principales
desafíos a la hora de proporcionar servicios educativos en las
zonas alejadas de las grandes ciudades?
A: La mayoría de los pobres y hambrientos del mundo
viven en áreas rurales. Los niños de las zonas rurales que pasan
hambre ni siquiera tienen la energía para ir a la escuela y
sacar provecho de ella. El hambre impide el desarrollo físico y
mental. Si los millones de niños hambrientos no están en
condiciones de ir a la escuela, o su situación de pobreza los
obliga a trabajar en vez de ir a la escuela, no será posible
alcanzar los objetivos de desarrollo de la Cumbre del Milenio,
de garantizar acceso universal a la educación básica. También
hay problemas de infraestructura. Faltan escuelas en las zonas
rurales porque, con frecuencia, los gobiernos
nacionalesprefieren invertir en las zonas urbanas y eso también
se manifiesta en los textos escolares que están realizados desde
una óptica urbana. Los autores de los textos educativos viven en
la ciudad, están destinados a las escuelas de la ciudad y los
profesores enseñan en el idioma que se habla en la ciudad,
ignorando en muchos casos la realidad de las zonas rurales.
¿Cómo se llega a los niños y niñas
que viven en un entorno rural? A:
Ofreciendo incentivos a las familias y a los propios alumnos
como, por ejemplo, comidas y meriendas escolares. Con el
estómago lleno, los alumnos pueden concentrarse y aprender mejor
y pueden incluso entusiasmarse con el estudio. Para ello, los
curricula deben ser adecuados a su entorno y valores culturales.
Ciertos problemas de la vida cotidiana urbana pueden ser
irrelevantes para los estudiantes rurales; sin embargo, aprender
a cuidar a los animales o a manejar los pesticidas puede serles
de suma utilidad. El calendario escolar debería ser flexible en
ciertas zonas, teniendo en cuenta los ritmos de vida y los
trabajos estacionales. Durante la estación de la cosecha, la
escuela compite seguramente con una infinidad de tareas
agrícolas. En ese caso, quizá sería buena idea dar las clases
por la tarde, cuando ya se ha puesto el sol. En el caso de los
pueblos nómadas, lo más adecuado es cambiar la idea de una
escuela fija por educadores itinerantes, que les acompañen en
sus travesías. ¿Es posible
adaptar las técnicas educativas, incluido el lenguaje, a los
valores y culturas locales? A: No
sólo es posible sino que además es esencial. El desarrollo
intelectual de los niños está íntimamente ligado al lenguaje que
hablan. Si se les enseña en su lengua materna, se favorece el
entendimiento. Por el contrario, si tienen que estudiar en una
lengua que no es la suya, las cosas se hacen mucho más
difíciles. En las pequeñas aldeas, es fundamental que la
educación se lleve a cabo en la lengua de la comunidad, pero eso
no siempre ocurre y con frecuencia se tiende usar la lengua
oficial. ¿Niños y niñas tienen
iguales oportunidades de escolarización?
A: Las cifras muestran que hay niñas que no van a la
escuela. Las razones económicas se unen con frecuencia a las
culturales. En muchos países, las niñas tienen la obligación de
realizar tareas domésticas o cuidar de sus hermanos pequeños o
de animales de corral. Recientes dados de la India muestran que
el 17.3 por ciento de las niñas que abandonaron la escuela lo
hicieron porque necesitaban trabajar en casa. Además, algunas
familias temen que una hija alfabetizada se vaya a la ciudad o
que pueda encontrar dificultades para casarse. Existe también el
miedo de que yendo a la escuela las hijas sufran abusos
sexuales. ¿Cómo se puede convencer
a las familiar de la importancia de educar a sus
hijas? Ayudaría mucho que en cada
aldea hubiese una escuela, así las niñas no tendrían que
desplazarse a otros lugares lejanos. Se deberían ofrecer ayudas
escolares para aliviar las economías familiares. Sería deseable
también que en las que no está aceptado culturalmente que
hombres y mujeres compartan espacios públicos, fueses maestras y
no maestros a impartir las clases.
Hace pocos días, la FAO organizó un seminario
para poner la educación rural en la agenda de la comunidad
internacional. ¿Cuáles fueron los resultados de dicho
seminario? A: El seminario sirvió
para sentar en la misma mesa a agencias internacionales como la
FAO, UNESCO, el Banco Mundial, UNICEF, así como a representantes
de gobiernos y organizaciones no gubernamentales, con el
objetivo de mejorar el acceso a la educación de las poblaciones
rurales. Se analizaron las experiencias llevadas a cabo hasta el
momento a nivel nacional e internacional y se valoraron posibles
acciones destinadas a promover el desarrollo de la educación en
las zonas rurales. Es necesario convencer a la comunidad
internacional de que solo así conseguiremos reducir la pobreza y
elhambre en el mundo. Algunos
datos 1000
millones: número de personas adultas en el planeta
analfabetas 840 millones: número de
personas en el planeta que no tienen seguridad alimentaria
130 millones: número de niños que
no asisten a la escuela 180
millones: número de niños desnutridos
70 por ciento: parte de los pobres
que viven en las áreas rurales 15.3 por
ciento: índice de alfabetización en Nigeria (cifras de
1999) 7.9 por ciento: índice de
alfabetización femenina en Nigeria (cifras de 1999)
13.1 por ciento: porcentaje de
chicas indianas que nunca han atendido la escuela porque lo
consideraban inútil 15.6 por
ciento: escuelas rurales en Costa de Marfil sin
electricidad 52.2 por ciento: niños
mexicanos indígenas rurales que no reciben asistencia en los
deberes
Personas de contacto
Nuria Felipe-Soria oficial de información
Tel.: (+39) 06 5705 5899
nuria.felipesoria@fao.org
Stephanie Holmes oficial de información
Tel.: (+39) 06 5705 6390
stephanie.holmes@fao.org
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