Mediante la utilización de mejores prácticas agrícolas, en los próximos 25 años la agricultura podría contribuir a fijar alrededor del 10% del carbono producido por el hombre que se encuentra en la atmósfera, y a la vez mejorar el suelo, la calidad de los cultivos y del medio ambiente, contener la erosión y la desertificación y favorecer la biodiversidad.

La clave está en acumular materia vegetal en el suelo. Así se atrae el bióxido de carbono del aire y se transforma en materia orgánica, que consiste en gran parte en carbono. Este proceso se llama fijación o retención del carbono. Además, mejoraría la calidad del suelo, reduciría la erosión del mismo y la agricultura se haría más productiva y sostenible, según un estudio recientemente publicado por la FAO: Soil carbon sequestration for improved land management.

El estudio 'Soil carbon sequestration for improved land management' es producto de un proyecto en curso de la FAO y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola sobre gestión de las tierras. Su autor es Michel Robert, Director de Investigación del Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia, en colaboración con expertos técnicos de la FAO.

El bióxido de carbono es el principal "gas de efecto invernadero". En cada país, la retención de carbono puede servir para compensar una parte sus emisiones de bióxido de carbono (CO2), y contribuir así a cumplir los compromisos del Protocolo de Kyoto, mecanismo de ejecución del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

El Mecanismo para un desarrollo limpio, del Protocolo de Kyoto, permite a los países desarrollados compensar parte de sus emisiones de CO2 mediante la financiación de proyectos propicios para el medio ambiente en el mundo en desarrollo. Este proceso de compensación, actualmente en sus etapas iniciales, "contará" a favor del desarrollo agrícola que incremente la materia orgánica y, en consecuencia, la fijación de carbono.

Invertir los daños
La agricultura también produce emisiones de CO2 cuando el arado, a menudo innecesario, expone la materia orgánica del suelo. Esta materia orgánica -que está compuesta de carbono principalmente- se transforma en CO2. En un experimento realizado en Rothamsted Highfield, en el Reino Unido -parte del experimento agronómico más antiguo del mundo, iniciado en 1843- al convertir pastizales a la agricultura se redujo el carbono del suelo un 55% en un plazo de 20 años, debido a la utilización del arado. Ese carbono se había liberado en la atmósfera en forma de CO2. El viento y la erosión producida por el agua pueden tener el mismo efecto, pero a menudo es posible revertirlo.

"Los bosques retienen más carbono que las tierras agrícolas, pero la capacidad de fijación de éstas puede incrementarse, a la vez que puede disminuir la de los bosques más antiguos ", explica Jacques Antoine, edafólogo de la FAO que colaboró en el estudio mencionado.

Incrementar la materia orgánica en las tierras agrícolas además enriquece la estructura del suelo, permite al agua llegar a las raíces de los cultivos en vez de escurrirse por la superficie y llevarse la valiosa capa arable. Mediante la reducción o eliminación del arado se puede proteger la materia orgánica del suelo, así como dejando los residuos de los cultivos en éste después de la cosecha. La técnica llamada agricultura de conservación incorpora estas prácticas.

Pero los residuos de las cosechas pueden ser necesarios como forraje, y dejarlos en el suelo puede demorar la nueva siembra. La economía agrícola es difícil, sobre todo en el mundo en desarrollo. De esta manera, el estudio agrupa diversos sistemas agrícolas de los que presenta un panorama general: agrosilvicultura, tierras de pastoreo y tierras agrícolas.

Fijar y medir el carbono
Según el estudio, la mejor forma de fijar productivamente el carbono es la agrosilvicultura, es decir, combinar árboles y cultivos, al mismo tiempo o alternadamente. La agrosilvicultura puede sustituir a la agricultura de quema y roza, responsable de gran parte de la deforestación en el mundo en desarrollo, además de que los árboles producen ingresos. La agrosilvicultura podría ser adecuada para hasta 300 millones de hectáreas de tierras agrícolas tropicales degradadas. Pero los árboles y los cultivos pueden competir por la humedad y los nutrientes, de modo que para que la agrosilvicultura sea rentable se requiere una buena gestión.

Los pastizales pueden resultar de igual utilidad en la práctica. Los 3 200 millones de hectáreas de pastizales del mundo podrían retener la misma cantidad de carbono en el suelo que los bosques. Pero cerca del 70% de esa superficie está degradada, a menudo por exceso de pastoreo. La solución estriba en dejar de explotar excesivamente los pastizales, además de mejorar estas tierras cultivando en ellas leguminosas o especies de pastos con raíces más profundas. Estas actividades podrían incrementar la retención de carbono, crear pastizales más sostenibles y, en consecuencia, producir más ingresos.

Con todo, las tierras arables son decisivas. Se puede incrementar la acumulación de materia orgánica produciendo mejores cultivos y utilizando las prácticas agronómicas adecuadas, como reducir al mínimo la labranza, dejar los residuos de los cultivos en el suelo, aplicar cobertura orgánica en éste y utilizar estiércol e incluso fango activado como fertilizantes.

Para que todo eso figure en la contabilidad del carbono, los investigadores necesitan contar con mejores instrumentos de medición. Es necesario evaluar cuándo, cómo y dónde se fija mejor el carbono, los resultados de los actuales proyectos de forestación y rehabilitación de tierras, y la cantidad de materia orgánica del suelo que se acumula en las raíces de las plantas. Y se necesita además un gran volumen de datos científicos y socioeconómicos.

La FAO ayuda a recopilar esta información mediante la Iniciativa de observación del carbono terrestre y el Sistema mundial de observación terrestre. Diversas instituciones participan en la gestión de ambos sistemas -que supervisan y recopilan datos de los fenómenos ambientales-, y la secretaría de ambos está en la FAO.

La revolución verde
El estudio concluye que los proyectos de fijación de carbono ofrecen "a las regiones semiáridas y subhúmedas la oportunidad de participar significativamente en la mitigación del cambio climático y mejorar el bienestar humano". Pide la cooperación de las Naciones Unidas y otras organizaciones, así como de los organismos a los que compete la ejecución de los convenios de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, la desertificación y la biodiversidad. Esta colaboración se traducirá, según el estudio, en una "auténtica revolución verde".

"La agricultura en el mundo en desarrollo puede ayudar mucho a mitigar el cambio climático, y a la vez ser más sostenible y productiva -dice Antoine-. Soil carbon sequestration for improved land management es el primer mapa que indica la ruta a seguir para llegar a ese objetivo".

28 de marzo de 2002