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ROMA, 18 de abril de 2002 -- Casi
nadie se alimenta con flores, aunque éstas son una importante
fuente de seguridad alimentaria por los ingresos que les
reportan a miles de personas - mujeres la mayoría - en los
países en desarrollo. Sin embargo, hasta
hace poco tiempo, las flores no habían tenido que acatar las
mismas normas ecológicas o sanitarias que se imponen a los
productos comestibles. Los reglamentos de los Estados Unidos o
Europa respecto a los residuos químicos en las flores, por
ejemplo, son menos estrictos que los referentes a los alimentos.
Además, los supermercados - donde se venden cada vez más flores
cortadas y ramos preparados en el país de origen de estos
productos - imponen normas muy exigentes en cuanto al aspecto de
las flores, ya que no es posible venderlas si están dañadas por
las plagas. Estos factores incrementan los riesgos que pueden
correr los trabajadores. Sin embargo, está
evolucionando la conciencia ambiental y la preocupación ética de
los consumidores de los países desarrollados, que junto con los
sindicatos a la industria mundial de la floricultura para que
elabore y acate códigos de conducta en beneficio de la salud y
seguridad de los trabajadores del sector.
Los intereses ambientales y éticos de los consumidores
además permiten a los pequeños productores de los países en
desarrollo crear un lucrativo mercado especializado sin
deteriorar su medio ambiente ni su salud. "Las flores
son importantes para la seguridad alimentaria debido a los
ingresos que producen -afirma Wilfried Baudoin, Jefe del
Servicio de Cultivos Hortícolas de la FAO-, de modo que reducir
la cantidad de plaguicidas que utilizan es a la vez un asunto
comercial y una cuestión ligada al desarrollo y a la
salud". Pan de los nardos
para los campesinos pobres de Kenya
Por este motivo Kevin Gallagher, experto de la FAO en
producción integrada y gestión de plagas, recientemente visitó
Nyeri, en el centro de Kenya, y se encontró rodeado de mujeres
que cultivan flores y ciertas legumbres, como opción a la
actividad agrícola de subsistencia. En esta zona trabajan más de
5 500 grupos de mujeres, y muchos han pedido apoyo técnico en
materia de plaguicidas. "Estamos llevando información a
los productores sobre opciones inocuas de lucha contra las
plagas -explica el experto-. No tenían conocimiento de las
buenas prácticas y por eso utilizan mal los
plaguicidas". Aquí es donde
interviene la integración de la producción con la lucha contra
las plagas. En las escuelas campesinas se enseña a los pequeños
productores a mejorar la gestión de su ecosistema, y de esta
manera pueden permitir que los depredadores naturales de las
plagas de los cultivos entren en acción y reducir así la
cantidad de plaguicidas que utilizan. Las
mujeres de Nyeri producen cultivos de exportación de gran valor
comercial, como guisantes chinos, y flores, como la siempreviva
y el nardo, que venden a productores más grandes como flores de
relleno para los ramos, además de legumbres. En el país no
existe un mercado importante para las legumbres, de modo que las
escuelas campesinas también enseñan cómo exportar.
"Para nosotros es un doble desafío -explica Gallagher-.
Pero las mujeres son muy decididas, casi todas están ahorrando
para mandar a sus hijos a la escuela y se han organizado con
gran eficacia". Los grupos de
Nyeri ya han establecido sus fondos rotatorios y su producción
está compitiendo con la de los grandes productores. Producen
tanto que los exportadores envían cada tercer día un camión de
carga. El peligro entre los
pétalos La horticultura es el
sector de la economía de Kenya que está creciendo más
aceleradamente, produjo alrededor de 270 millones de dólares de
ingresos en 2000, de lo cual corresponden a las flores
110 millones de dólares. Aunque la industria hortícola se
estableció apenas en 1972, compite por sus ingresos con los
tradicionales sectores de Kenya que producen divisas: el té, el
café y el turismo.Pero este crecimiento acelerado tiene costos
ocultos, ambientales y humanos. Estos costos fueron señalados en
una conferencia celebrada en febrero, organizada por la Comisión
para las Derechos Humanos de Kenya. Los grupos
ambientalistaspresentes en la conferencia afirmaron que los
plaguicidas que aplican los productores de flores constituyen un
peligro para el lago Naivasha, alrededor del cual se concentran
muchas plantaciones, y que las poblaciones locales de
hipopótamos también corrían peligro. El lago Naivasha es uno de
los depósitos de agua dulce de Kenya. El
Consejo de Floricultura de Kenya, principal asociación del
sector, está tratando de disipar esta impresión. Ha establecido
códigos de conducta para sus integrantes, que abarcan las
condiciones de trabajo, comprendida la exposición a los
plaguicidas. Rod Evans, Presidente del Consejo, afirma que es
muy oportuna esta intervención debido a una tendencia cada vez
más fuerte en los países desarrollados consistente en que los
consumidores tomen decisiones éticas en el mercado.
"Nuestros integrantes comprenden que es por interés
nuestro conservar el medio ambiente", afirma.
El año pasado la FAO y el Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente establecieron un proyecto
para convalidar las sustancias susceptibles de utilizarse en vez
del bromometano, un fuerte compuesto para fumigar el suelo cuyo
retiro gradual ha sido establecido por el protocolo
internacional de defensa de la capa de ozono. Este proyecto
comprende establecer escuelas sobre el terreno para los grandes
productores de la zona del lago de Naivasha. Los países en
desarrollo han aceptado ir eliminando gradualmente la
utilización de bromometano hasta el 2015, un decenio después que
los países desarrollados. Mientras tanto, han aceptado mantener
la aplicación de esta sustancia a un máximo de los niveles
utilizados en 1998. Ricardo Labrada,
experto de la FAO en sustitución del bromometano, afirma que es
importante como opción la gestión integrada de la producción y
la lucha contra las plagas debido a la gran toxicidad del
bromometano. "El bromometano mata casi a todas las
plagas que salen del suelo. Las demás formas de combatirlas no
son tan eficaces si se utilizan en forma independiente, de modo
que hay que encontrar una solución integrada".
Esto significa que los productores europeos
y de los Estados Unidos probablemente presionen a sus gobiernos
para prohibir la importación de productos cultivados con esta
sustancia química, lo que podría ser una oportunidad para los
hábiles horticultores kenianos, como Jafeth Maina Wamwiri,
Presidente de la escuela campesina Wamahoa ("de
flores") situada en Kiambu, cerca de Nyeri.
"Los cultivos de exportación nos han cambiado la vida.
Ahora nuestras casas son mejores, les hemos cambiado los techos,
y nuestros hijos ya pueden ir a la escuela. Tenemos que
asegurarnos de que los consumidores de esos países sigan
comprando nuestras flores".
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