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KABUL, 30 de mayo de 2002
-- Organizaciones Internacionales y nacionales y países donantes
han llegado a un acuerdo sobre un Código de Conducta que
reglamente la producción, distribución e importación de semillas
en Afganistán, según informa hoy la Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Las
directrices del Código, fruto de tres días de intenso debate a
finales de la semana pasada en la capital afgana, Kabul, tienen
como objetivo la protección de los sistemas y mercados agrícolas
nacionales, así como de los recursos fitogenéticos de
Afganistán, que están amenazados por la importación sin reglas
de semillas que no han sido sometidas a pruebas y que
probablemente no son apropiadas. El
Seminario del Consorcio Cosecha Futura sobre los Principios Guía
para las Intervenciones en el Sector de las Semillas (Future
Harvest Consortium Worshop on Guiding Principles for Seed Sector
Interventions) ha sido organizado por el Ministerio de
Agricultura afgano, la FAO, el Centro Internacional de
Investigación Agrícola en las zonas secas (ICARDA) y la Agencia
para el Desarrollo Internacional (USAID). Agrupa además a
organizaciones de ayuda y organismos de gobierno que se dedican
a la producción, obtención y distribución de semillas, tanto a
largo plazo como en situación de emergencia.
El Código de Conducta establece que las semillas
producidas o distribuidas en una situación de emergencia deben
ser de la calidad solicitada por los agricultores locales, no
deberían trastornar los sistemas locales de semillas y su
objetivo debe ser el de sentar las bases para el sistema futuro
de abastecimiento de semillas. Siempre que sea posible, dice el
Código, las semillas han de producirse localmente para
garantizar su adaptación al ambiente local, un dato crucial dada
la variedad del paisaje y de la agricultura en Afganistán.
El Código constituirá un marco para la
cooperación, esencial para evitar la competencia y la
duplicación entre los organismos humanitarios, garantizando que
las medidas a largo plazo encaminadas a mitigar la inmediata
inseguridad alimentaria tras la posguerra no obstaculicen la
capacidad de los agricultores afganos para alcanzar la
autosuficiencia alimentaria a largo plazo y para establecer
mercados de exportación para los cereales y los cultivos de gran
valor como los pistachos y las frutas. La
agricultura, como afirmó ante el Seminario el Ministro de
Agricultura y Ganadería de Afganistán, Sayed Hussain Anwari, es
la médula de la economía de la nación. El trigo es el alimento
básico para la mayor parte de sus 14 millones de habitantes,
seguido por el maíz, las legumbres, el arroz y las verduras, y
por ello constituye el punto central del restablecimiento de
Afganistán tras la guerra. "Es una
iniciativa realmente oportuna e importante" afirma Adji
Ismet-Hakim, Oficial de la FAO a cargo de Afganistán.
"Con el flujo reciente de fondos es necesario evitar la
duplicación y la competición entre los organismos. La FAO es un
organismo intergubernamental y neutral con años de experiencia
en el país y cuenta con un conocimiento particular en el ámbito
del desarrollo de los programas de semillas y de
construcción de capacidades locales. La Organización respalda
las directrices del Código, que retiene sean la piedra angular
para el desarrollo agrario del Afganistán de la
posguerra". "Pero, a raíz
del 11 de septiembre, algunas organizaciones humanitarias,
alarmadas por la posible situación de emergencia relativa a la
inseguridad de semillas en el país, han disminuido los controles
técnicos, obteniendo y distribuyendo semillas sin someterlas a
pruebas de calidad o adaptación", ha alertado Anthony
Fitzherebert, Consejero de la FAO y experto de Agricultura en
Afganistán- "Ya hay varios
informes de fracasos en las cosechas como consecuencia de la
distribución de semillas de ayuda inapropiadas o no resistentes
a la herrumbre durante 2001. Esto no sólo conduce a una difusa
inseguridad alimentaria sino que además socava la confianza en
las semillas de calidad que los agricultores afganos han
producido en los últimos veinte años, siguiendo el sistema de
multiplicación de semillas de la FAO. La FAO ha empezado ya una
detallada investigación de las diversas variedades de trigo
distribuidas a los campesinos para intentar eliminar
progresivamente del programa de semillas las variedades
susceptibles a la herrumbre. Los programas
de multiplicación de semillas de la FAO están en vigor desde
1982, cuando se estableció el primer programa a nivel local
junto con la Empresa de Semillas Enriquecidas de Afganistán
(Afghan Improved Seed Enterprise- ISE), como organismo asociado
encargado de su realización. En 1986 se efectuaron las primeras
pruebas de observación de la variedad del trigo empleando
material genético de Afganistán y otros países.
En 1988, cuando se estableció un programa
transfronterizo de ayuda al restablecimiento de la agricultura
tras la retirada de las fuerzas soviéticas, la FAO comenzó
inmediatamente un programa de multiplicación y obtención de
semillas basado en variedades de calidad probada empleando una
red de agricultores contratados para producir Semillas de
Calidad Declarada, que intercambiaban con semillas para la
alimentación o con dinero en metálico. Entre 1994 y 2001 no
menos de 15 variedades de trigo enriquecido y otras diez
variedades de cultivo (arroz, centeno, garbanzos y habas) fueron
esparcidas en los campos de Afganistán y en la actualidad se
emplean para la producción de semillas.
Debido a que las comunidades rurales participaron en
la prueba y selección de variedades de semillas desde el
principio, se creó una fuerte infraestructura para la producción
de semillas en todo el país que ha sobrevivido a los años de
saqueos y conflictos. De la estructura forman parte seis centros
de prueba en diferentes zonas del país, 21 unidades de
producción de semillas administradas por organizaciones no
gubernamentales y comunidades, 14 unidades móviles y una de
elevada capacidad de procesado de semillas que pueden procesar
más de 15.000 toneladas métricas por año, así como un Centro
Nacional de Semillas y dos centros menores destinados al
almacenamiento y la elaboración de germoplasma.
Gracias a la actividad de la FAO en el país desde los
años 80, Afganistán es la única nación en el mundo que después
de una guerra puede todavía facilitar semillas locales para
replantar, dice Narindra Tunwar, Consejero y Experto técnico de
la FAO en Kabul. "Hoy más de 4000 productores de
semillas contratados en el país producen casi 10.000 toneladas
métricas por año de semillas de calidad a pesar de las
dificultades con que se han enfrentado. En 1988 el país dependía
de las semillas importadas; hoy puede hacer frente a sus
necesidades de los principales cultivos de cereales y legumbres
y dentro de poco esperamos asistir a la estabilización del
mercado de exportación". En 1988,
tras 10 años de guerra, el país estaba más devastado de cuanto
lo está hoy y aún así en una década consiguió una
autosuficiencia del 80 por ciento por lo que respecta a los
cereales alimentarios. "A partir de 1999 ha sido la
sequía, y no la guerra, la principal causa de los graves daños a
la producción agraria en Afganistán", prosigue Tunwar.
"Ahora llueve; podemos encaminarnos con rapidez hacia
la seguridad alimentaria sostenible".
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