|
ROMA, 4 de junio de 2002 --
"Luchar contra el hambre no es sólo un imperativo
moral; es también una oportunidad para obtener beneficios
económicos". Lo dice la FAO, la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, en la
presentación de un nuevo "Programa contra el
Hambre" a nivel mundial, en vísperas de la
Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco
años después que se celebrará en Roma del 10
al 13 de junio. Según la FAO, es necesaria
una inversión pública adicional de 24.000 millones de dólares en
los países pobres para reducir a la mitad la cifra de personas
hambrientas para el año 2015. Sin esa inversión, el número de
personas hambrientas para esa fecha será de 600 millones y así,
se corre el peligro de no cumplir el objetivo de la Cumbre
Mundial de la Alimentación de 1996: conseguir que los 800
millones de personas hambrientas en el mundo pasen a ser 400
millones. La FAO subraya que la inversión
pública debe ir acompañada de los recursos privados necesarios.
Reducir a la mitad las cifras del hambre
reportaría beneficios adicionales que se cifran en unos 120.000
millones de dólares anuales y que se traducirían en una vida más
larga y más sana para todos los beneficiarios de esas mejoras,
según prevee el "Programa contra el Hambre".
Una persona de cada siete en el mundo no
tiene bastante para comer. La mayor parte de los seres humanos
afectados por el hambre viven en el Sur de Asia y en África
subsahariana, según informa la FAO. Durante
la Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco
años después, numerosos Jefes de Estado y de
Gobierno, organismos internacionales y organizaciones no
gubernamentales se reunirán en Roma con el fin de pasar revista
a los progresos conseguidos hasta el momento para reducir el
hambre en el mundo y para identificar el modo de acelerar ese
proceso. Es posible acelerar el ritmo de
reducción del hambre en los países en vías de desarrollo si se
cuenta con una voluntad política decidida. "Se sabe de
sobra lo que hay que hacer para luchar contra el
hambre", dice el informe de la FAO.
El "Programa contra el Hambre" aúna
la inversión en agricultura y el desarrollo rural con medidas
encaminadas a potenciar el acceso directo e inmediato a los
alimentos para las personas en situación de grave desnutrición.
Se centra sobre todo en los pequeños agricultores y se propone
crear más oportunidades para que los campesinos, que representan
el 70 por ciento de los pobres del mundo, mejoren su nivel de
vida. En particular, el paquete de
inversiones para la lucha contra el hambre que propone la FAO
incluye: - La apertura de un proceso de
innovación de las explotaciones agrícolas en las comunidades
rurales pobres. Así, se movilizaría el capital para elevar la
productividad agraria mediante la inversión en semillas,
fertilizantes, pequeñas bombas de riego, huertos escolares y
servicios legales para ampliar el acceso a la tierra. Como
objetivo posible, se podría beneficiar a 60 millones de familias
en todo el mundo para el 2015 mediante la entrega de un capital
inicial de unos 500 dólares por familia. El coste total sería de
2.300 millones de dólares por año. - El
desarrollo y conservación de los recursos naturales. Para ello,
habría que efectuar una inversión adicional en sistemas de
riego, en la conservación y el uso de recursos genéticos de las
plantas y en ecosistemas acuáticos. Se necesitarían también más
fondos para garantizar que los recursos ícticos y forestales se
exploten de forma sostenible. El coste sería de 7.400 millones
de dólares por año. - La expansión de la
infraestructura rural. Habría que conceder prioridad a la
modernización de las infraestructuras básicas, como las
carreteras rurales, para estimular la inversión del sector
privado. También habría que invertir para garantizar la
inocuidad y calidad de los alimentos, para impedir la difusión
de las enfermedades animales transfronterizas y para fomentar
las empresas de manipulación, elaboración, distribución y
comercialización de los alimentos promoviendo las cooperativas y
las asociaciones de pequeños agricultores. La inversión pública
adicional en este sector se calcula en unos 7.800 millones de
dólares anuales. - Las mejoras en la
investigación, formación de extensionistas, educación y
comunicación, a nivel nacional, en materia agraria, supondría un
coste de 1.000 millones de dólares anuales.
- Los programas para fomentar el acceso a los
alimentos para los más necesitados mediante comidas escolares,
alimentación adecuada para mujeres embarazadas y en periodo de
lactancia y de los niños menores de cinco años, así como
programas de "comida por trabajo". Estas
actividades estarían destinadas a los 200 millones de personas
más necesitadas de todo el mundo. El coste se calcula en unos
5.200 millones de dólares anuales, de los cuales 1.200 se
destinarían al programa de alimentación escolar.
Desgraciadamente, constata la FAO, ha habido un
descenso dramático en la Asistencia Oficial para el Desarrollo
(AOD) para la agricultura en la década de los 90. En términos
reales, el descenso entre 1990 y 1999 fue superior al 30 por
ciento en lo relativo a la ayuda en condiciones de favor a la
agricultura y el desarrollo rural, una tendencia que, según la
FAO, debe invertirse con urgencia. La
agencia del sistema de Naciones Unidas propone que las
inversiones públicas adicionales para la agricultura y el
desarrollo rural se repartan por igual, como promedio, entre los
países desarrollados y en vías de desarrollo. La cuota de los
países con mayor predominio de personas hambrientas debería ser
menor. Esto implicaría asimismo doblar la
cifra de AOD que se destina a la agricultura y el desarrollo
rural, que pasaría de los apenas 8.000 millones de 1999 a 16.000
millones por año. Los países en vías de desarrollo tendrían que
aumentar también en un 20 por ciento aproximadamente el
presupuesto interno que destinan a la agricultura.
La FAO señala que habría que tomar en consideración
formas nuevas e innovadoras de financiamiento para el
"Programa contra el Hambre". Por ejemplo,
algunos recursos fruto del ahorro obtenido de la liberalización
y de la reducción de los subsidios a la agricultura en los
países desarrollados "podrían canalizarse en forma de
ayuda al desarrollo para promover la agricultura y el desarrollo
rural en los países en vías de desarrollo".
Asimismo, los impuestos sobre el consumo de productos
tropicales elaborados en diversos países de la OCDE
(Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos), deberían
canalizarse como ayuda al desarrollo destinada a los sectores de
población más pobre de los países de origen de esos productos.
"El éxito del 'Programa
contra el Hambre' es algo más que un simple asunto de
fondos prometidos", concluye la FAO. El programa tendrá
éxito solamente si a nivel político, social y económico se crea
un ambiente que asegure su realización. "Junto a la
inversión pública es necesaria una adecuada inversión
privada".
|