JOHANNESBURGO, 7 de junio de 2002
-- La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA)
renuevan su alarma ante la grave crisis alimentaria que afecta a
unos 13 millones de personas en el Sur de África, tras conocer
las cifras apenas publicadas por Mozambique y Zambia.
Los últimos datos, que se unen a los de la misión
conjunta de la FAO y del PMA en Lesotho, Malawi, Swazilandia y
Zimbabwe, indican que la hambruna generalizada que se cierne
sobre la región podría provocar el peor desastre humanitario de
la última década. Pero esta vez, el alto índice de infección de
VIH/SIDA exacerba los problemas de las personas que viven ya en
condiciones de pobreza crónica.
Los últimos
informes muestran un cuadro particularmente sombrío en Zambia,
donde 2.300.000 personas necesitarán ayuda alimentaria antes de
la próxima cosecha de marzo de 2003. Se calcula que se
necesitarán 174.383 toneladas de ayudas alimentarias.
Junto con los países vecinos, Zambia ha atravesado el
segundo año de sequía, sobre todo en el sur, a la que se une la
escasez de semillas y fertilizantes, además de enfermedades del
ganado y acceso inadecuado a los mercados y servicios
sanitarios. Todo esto hace la vida muy difícil para los hogares
pobres en la provincia del sur y en algunas zonas de la
provincia central, oriental y occidental.
"En Zambia son evidentes todas las señales
clásicas de malestar social agudo", dice el informe.
"Las personas adoptan medidas desesperadas incluso la
de comer alimentos potencialmente venenosos, robar cultivos y
prostituirse para conseguir dar de comer a sus
familias".
Según el informe de evaluación
conjunta de Mozambique, las condiciones atmosféricas de extrema
sequedad en algunas de las provincias centrales y meridionales
han puesto a 355.000 personas en la necesidad de recibir ayudas
alimentarias inmediatas. El número ha subido hasta 515.000
después de septiembre cuando se consumió la magra cosecha.
Mientras el 70 por ciento de la población vive en condiciones de
extrema pobreza, muchos otros padecen todavía las consecuencias
de las dramáticas inundaciones de 2000 y 2001.
Irónicamente, las zonas más afectadas de Mozambique no
pueden beneficiarse del aumento de la producción de maíz, en
algunas provincias del norte y el centro, debido a los elevados
precios del transporte interno. Más aún, la escasez en los
países fronterizos ha provocado una enorme subida de precios de
los alimentos poniéndolos fuera del alcance de un número
significativo de familias campesinas pobres. El informe estima
que será necesario importar 120.000 toneladas de maíz, de las
cuales 50.000 en concepto de ayuda alimentaria.
En los seis países, las misiones FAO/PMA calcularon el
volumen de la principal cosecha de maíz, el alimento básico por
excelencia de la región, para los años 2001/2002, junto al de
otros cultivos alimentarios. Estimaron también la producción de
los cultivos de invierno durante 2002/2003 para determinar las
necesidades de importación de alimentos de cada país, incluidas
las necesidades de ayudas alimentarias, durante los 12 meses
próximos. Se calcula que será necesario importar alrededor de
casi cuatro millones de toneladas de alimentos para hacer frente
a las necesidades alimentarias mínimas de la población de los
seis países.
Se espera además que aumente
el número de las personas que necesitan asistencia mientras se
consumen los remanentes de las existencias alimentarias. Por
ejemplo, en Zimbabwe, las personas que necesitan ya ayuda
alimentaria, desde el momento actual hasta agosto, son 5.200.000
y llegarán a 6 millones a principios del próximo año. La
población necesitada en Malawi, 545.000 personas en la
actualidad, subirá a 3.200.000 a finales de año. Las cifras de
cuántos necesitan ayuda alimentaria han alcanzado los 2.300.000
en Zambia; en Mozambique son 515.000, en Lesotho 444.800 y en
Swazilandia 231.000.
Los dos organismos de
lasNaciones Unidas con sede en Roma han reiterado hoy la
necesidad de que los gobiernos donantes de todo el mundo
respondan con rapidez y generosidad mediante donaciones de ayuda
alimentaria para evitar que el incremento del hambre desemboque
en un desastre humanitario.










