ROMA, 21 de junio de 2002.
En la pasada Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años
después, mientras los delegados reflexionaban sobre la forma de
reducir las cifras de personas hambrientas, una de las
preocupaciones más apremiantes que se presentó fue la función
del agua en la seguridad alimentaria. Durante un debate de un
grupo de expertos sobre el agua y la agricultura, los
participantes difundieron ideas sobre cómo obtener agua
suficiente para alimentar a una población cada vez más numerosa.
Casi la mitad del agua dulce disponible se
utiliza para consumo humano. La agricultura es el sector que más
consume, casi el 70% en todo el mundo, y entre el 85% al 95% en
los países en desarrollo. El problema es cómo producir
suficientes alimentos para mantener el ritmo del crecimiento
demográfico, sobre todo en las regiones donde escasea el agua,
como el Medio Oriente y el Norte de África, así como en algunas
partes de Asia.
Una posible solución es la
de producir "más por cada gota" , pero la FAO
reconoce que para los agricultores, a veces, puede ser más
conveniente obtener "más dólares por cultivo";
es decir, producir cultivos comerciales de gran valor para
obtener más ingresos por unidad hídrica. Los gobiernos de los
países, además, podrían interesarse en crear "más
empleos por gota".
"El
valor del agua debe reconocerse no sólo por los alimentos que
produce, sino también por los ingresos que genera y los empleos
que crea", explica Reto Florin, Jefe del Servicio de
Recursos Fomento y Aprovechamiento de Aguas, de la FAO.
Es necesario, además, incrementar el
consumo no convencional del agua que comprende la reutilización
de las aguas residuales. La FAO, junto al Programa Internacional
para la Investigación y la Tecnología sobre Riego y Avenamiento,
ayuda a los países en la investigación y capacitación para un
mejor uso del agua de drenaje y de las aguas residuales. En
algunos casos, se puede incluso desalinizar el agua, aunque el
costo y la tecnología sólo se justifican para cultivos de alto
valor.
También hacen falta nuevos métodos
de aprovechamimento del agua para uso agrícola. En el pasado, se
hicieron muchas inversiones en la creación de sistemas de riego,
"pero se tomó poco en cuenta cómo pagar los gastos de
funcionamiento y de mantenimiento", afirma Jean-Marc
Faures, Funcionario Superior de Recursos Hídricos. Los gastos
han de tomarse en cuenta para la viabilidad del sistema. En la
actualidad, se experimenta una estrategia de recuperación de la
inversión que consiste en transferir los adeudos y la
responsabilidad a las asociaciones de usuarios del agua.
Los pequeños campesinos podrían
beneficiarse de las nuevas tecnologías de acopio de aguas,
irrigación y avenamiento, a pesar de tiener poco capital.
"Para obtener buenos resultados, la inversión inicial
debe ser baja, en general una cantidad que puedan recuperar tras
un ciclo agrícola", afirma Florin. Las tecnologías
seleccionadas también deben necesitar poco mantenimiento.
Para asegurar que los campesinos puedan
cosechar los beneficios de su esfuerzo e inversión, otros
factores son necesarios, como mercados disponibles para sus
cosechas, servicios de extensión para dar ayuda técnica, y
disponibilidad de programas de microcrédito flexibles y de corto
plazo para proporcionar el capital necesario para introducir las
mejoras. Los gobiernos deben estar dispuestos a apoyar estos
servicios, pero lo más importante, asegura Florin, "es
la participación de los propios campesinos en la toma de
áquellas decisiones que repercutan en la disponibilidad de
agua".
Aunque se intenta
incrementar la eficiencia del riego, debe prestarse mucha
atención a limitar el daño al medio ambiente y a la salud
humana. La agricultura intensiva puede agotar el frágil
ecosistema del planeta. De los 260 millones de hectáreas
irrigadas en todo el mundo, 80 millones padecen cierto grado de
salinización, una concentración de sal en la superficie del
suelo que reduce mucho su fertilidad. La FAO calcula que cerca
de la mitad de las tierras de regadío necesitan avenamiento que
no disponen. Una irrigación y avenamiento deficientes también
pueden propagar enfermedades que se transmiten por el agua, como
la esquistosomiasis y la malaria.
A menudo,
los beneficios de un mejor uso del agua van más allá del ámbito
de la producción de alimentos. Un estudio de los efectos de
algunos proyectos de irrigación realizados en Burkina Faso, Malí
y Tanzanía demostró que la construcción de pequeños embalses y
pozos repercutió positivamente en la salud, la nutrición y el
bienestar de los aldeanos.











