KABUL/ROMA, 1
de agosto de 2002 -- La Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha
afirmado que la campaña lanzada para luchar contra el
brote de langostas en la región septentrional del
Afganistán ha conseguido reducir a un mínimo los daños
causados a las cosechas. La FAO estimaba que las pérdidas de las
cosechas en las tres provincias más gravemente afectadas, que
constituyen el granero de ese país desolado por la guerra,
representaban alrededor de 7 por ciento. Pero la FAO ha
subrayado que las operaciones de control deben comenzar a
principios de la próxima primavera para evitar una nueva
situación de emergencia.
Según la FAO,
"la FAO y el personal de protección fitosanitaria
afgano están realizando actualmente una encuesta de las zonas en
las que las langostas depositan sus huevos".
"Cuando se conozcan los resultados, se elaborarán
planes de emergencia y programas de intervención con relación a
la campaña de lucha que se lanzará en 2003 con el fin de evitar
la aparición de otro brote importante".
Según Andrew Harvey, experto de la FAO en lucha contra
la langosta, las langostas supervivientes que infestaron cientos
de miles de hectáreas de tierras agrícolas en la región
septentrional del Afganistán en el primer semestre de 2002 han
depositado huevos en una amplia franja de terreno. "No
podemos permitirnos esperar a que los huevos incuben el año
próximo y se transformen en enjambres antes de tomar
medidas", dijo el experto. "Tenemos que
descubrir dónde están depositados y destruir a los jóvenes
insectos lo antes posible cuando incuben en la primavera antes
de que lleguen a adultos y puedan volar".
Cada año se producen infestaciones de langosta
marroquí (Dociostaurus maroccanus) en la región septentrional
del Afganistán. La magnitud e intensidad de las infestaciones
varían de un año a otro.
"El
presente año, debido a la campaña de emergencia, sólo se pudo
luchar contra las langostas que amenazaban directamente a los
cultivos para mitigar los daños", dijo Harvey.
"Sin embargo, con una campaña adecuadamente preparada,
podemos no sólo reducir los daños causados a las cosechas aún
más el año próximo, sin empezar asimismo a reducir el número
total de insectos a un nivel que se pueda controlar por medio de
una estrategia sostenible de lucha a largo plazo".
En marzo del presente año la FAO lanzó una
campaña de 800 000 dólares EE.UU. para combatir la peor plaga de
langostas que ha asolado al Afganistán en 30 años. Los fondos
fueron suministrados por los Estados Unidos, el Reino Unido y
los recursos propios de la FAO. La población excepcionalmente
elevada de langostas fue el resultado de dos años en los que no
hubo ningún control y de unas circunstancias de reproducción
favorables creadas por la sequía. Tres de las nueve provincias
del norte, a saber, Baghlan, Samangan y Kunduz, resultaron
particularmente afectadas y más del 70 por ciento de la
producción de cultivos de esa región se consideró que estaba en
peligro.
La campaña de erradicación de la
langosta del desierto fue dirigida por personal afgano. Las ONG
y otros organismos de las Naciones Unidas aportaron los expertos
y conocimientos técnicos necesarios. Gracias a ello, a mediados
de junio se habían limpiado algo menos de 240 000 hectáreas
utilizando métodos mecánicos o químicos. El éxito de la campaña
es tanto más sorprendente cuando se tienen en cuenta las
restricciones logísticas y de seguridad en las que tuvieron que
actuar los equipos de intervención.
En los
años 90 la FAO contribuyó a crear mecanismos de lucha
comunitarios, con los cuales se enseñó a los agricultores a
vigilar dónde se habían depositado los huevos y a destruir a los
jóvenes insectos vulnerables cuando surgían del suelo,
conduciéndoles a trincheras donde se les quemaba.
Este método, conocido como control mecánico, sólo
funciona si se lleva a cabo todos los años y si es posible
movilizar a las comunidades en gran escala. Tras la caída del
régimen Taliban a finales de 2001, se saquearon los recursos del
programa de lucha contra la langosta y la campaña de emergencia
de 2002 tuvo que partir de cero. Pronto se puso de manifiesto
que el control mecánico estaba siendo superado por la dimensión
del brote y en consecuencia se aumentó la lucha química.
En una carrera contra el reloj, la FAO
organizó un puente aéreo de plaguicidas y de equipo de aspersión
en la región septentrional del Afganistán para que se utilizaran
contra las langostas. En las regiones no accesibles por
carretera, se utilizó un helicóptero para distribuir los
materiales. Se utilizaron cinco pulverizadores montados sobre
vehículos y 1 300 pulverizadores manuales para aplicar casi 30
000 litros de plaguicidas contra las bandas de insectos. La FAO
o las ONG emplearon unos 250 operadores contratados localmente
para proteger los medios de subsistencia de unos 4 millones de
personas. Otra medida importante consistió en establecer una
base de datos sobre la langosta para dejar constancia de las
encuestas y la información relativa a la lucha, que se
utilizaría para el análisis posterior y la planificación futura.
Información esencial reunida durante programas anteriores de
lucha se perdió a causa de robos y saqueos.









