ROMA, Italia. Jelle Bruinsma, es el editor de Agricultura mundial: hacia los años 2015/2030, importante estudio de la FAO que analiza el futuro de la producción de alimentos en el mundo. Presentamos algunas de sus ideas para producir más alimentos para todos y a la vez cuidar del medio ambiente y participar en el nuevo medio comercial

La FAO afirma que será posible alimentar a otros 2 000 millones de personas para el año 2030. ¿Cómo podrá lograrse?

Se trata de un reto enorme, pero estamos convencidos de que el mundo puede alimentar a más personas.

Conforme aumenta la población y suben los ingresos, también crecerá la demanda de alimentos. Calculamos que la demanda total de productos agrícolas en el año 2030 será aproximadamente 60 por ciento mayor que hoy. Más del 85 por ciento de esta demanda adicional se dará en los países en desarrollo, ya que casi el total del crecimiento demográfico se verificará en ellos. En estos países la demanda por persona sigue siendo inferior que en el mundo desarrollado.

Igual que en el pasado, la agricultura responderá al incremento de la demanda aumentando la producción. Pero eso se refiere a la demanda del mercado, lo que significa que no incluye a las personas que son demasiado pobres para comprar alimentos. En efecto, se prevé que para el año 2030 alrededor de 440 millones de personas seguirán padeciendo de subnutrición crónica.

Además, aunque existe el potencial para incrementar la producción, ese incremento no es automático. Es necesario aumentar la inversión en desarrollo agrícola y, en particular, en investigación agrícola, no sólo para aumentar el rendimiento agrícola, sino para mantenerlo.

Una producción mayor ¿no ejercerá más presiones en inapreciables recursos naturales como la tierra, el agua, los bosques, los recursos pesqueros y la biodiversidad?

Sí, la presión sobre el medio ambiente aumentará, pero a un ritmo menor que anteriormente, debido a que el crecimiento de la demanda y la producción agrícola seguirá reduciéndose, conforme disminuya el crecimiento demográfico y una parte cada vez mayor de la población esté mejor alimentada.

Se prevé que, en todo el mundo, el crecimiento agrícola anual disminuya del 2,2 por ciento de los últimos 30 años al 1,5 por ciento en los próximos 30 años.

Al mismo tiempo, cada vez habrá más técnicas agrícolas que produzcan menos daños a los recursos naturales que los métodos convencionales. Estos factores, en combinación con una presión cada vez más fuerte para limitar los daños al medio ambiente, colocarán lentamente a la agricultura en un rumbo de crecimiento más sostenible que hasta ahora.

¿Se está agotando la superficie arable?

En teoría siguen existiendo suficientes tierras arables en todo el mundo que todavía no se han explotado con fines agrícolas. Sin embargo, en la práctica estas tierras no están disponibles para la agricultura. La mayor parte de las tierras no utilizadas están en América Latina o en el África subsahariana, concentradas en unos cuantos países. Además, gran parte de ellas son bosques protegidos. Y, por último, una buena parte de las mismas es de mala calidad, está infestada de enfermedades y carece de infraestructura, de modo que no tiene viabilidad económica.

Pero muchos países están quedándose sin tierras aptas, sobre todo en el Cercano Oriente, África del Norte y el Asia Meridional

Tomando en cuenta la disponibilidad y la demanda de tierras, calculamos que la superficie arable en los países en desarrollo aumentará alrededor de 120 millones de hectáreas de aquí al año 2030, lo que representa un incremento del 13 por ciento, principalmente en el África subsahariana (60 millones de hectáreas) y América Latina (40 millones de hectáreas).

¿Afronta el mundo una crisis por el agua?

Sólo investigamos el agua que se requiere para riego en los países en desarrollo. Llegamos a la conclusión de que para el año 2030 se requerirá un 14 por ciento más de aguaque hoy.

Esta situación es relativamente comparable a la de las tierras arables, algunas regiones y países cuentan con abundantes recursos, mientras que otras ya padecen escasez. Estimamos que para el año 2030, alrededor del 20 por ciento de los países en desarrollo, cuya mayor parte pertenecen al Cercano Oriente, el Norte de África y el Asia Meridional, padecerán de escasez inminente o efectiva de agua.

¿Cómo repercutirá el cambio climático en la producción de alimentos?

Para el año 2030 las consecuencias mundiales probablemente sean relativamente pocas. La temperatura mundial promedio podría aumentar 1° C, el promedio de lluvias y escurrimientos podría ser de 1,5 por ciento a 3 por ciento mayor. Las repercusiones más importantes podrían proceder del incremento previsto de la frecuencia y la intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, por ejemplo sequías, inundaciones, ciclones y tormentas.

Esos efectos podrían pronunciarse regionalmente. La extensión de las tierras aptas para la agricultura y el pastoreo posiblemente aumente en las latitudes más altas, sobre todo en las zonas templadas, así como los rendimientos. Los países de las latitudes inferiores, sobre todo en el África subsahariana, sufrirán repercusiones negativas. Además, los recursos pesqueros de algunos mares podrían padecer temperaturas marinas más elevadas, y las zonas costeras bajas padecerán la infiltración de aguas salinas.

En pocas palabras, el potencial de la producción mundial de alimentos no sufrirá grandes repercusiones a causas del cambio climático antes del año 2030, pero la producción de alimentos en algunos países que ya son vulnerables tendrá problemas. Estos países, por lo tanto, deberían adaptarse a la transformación de las condiciones agroecológicas. Necesitan crecimiento económico y diversificación para reducir al mínimo su dependencia de los recursos agrícolas vulnerables.

Los principales y cada vez mayores efectos graves del cambio climático en la agricultura se darán después del año 2030.

Muchas personas afirman que consumir menos carne en los países ricos contribuiría a reducir el hambre en los países en desarrollo. ¿Está usted de acuerdo con esta idea?

Esta afirmación se basa en la idea de que si los consumidores de los países ricos redujeran su consumo de carne, los cereales que hoy se destinan a la producción de piensos quedarían liberados para consumo humano en los países en desarrollo. Es poco probable que sea así. Una demanda menor de cereales forrajeros en los países ricos probablemente daría por resultado una producción relativamente inferior de cereales y precios más bajos de los cereales. Si bien los precios más bajos podrían beneficiar a los consumidores urbanos pobres, son un desincentivo para los productores pobres de cereales.

En realidad, utilizar los cereales para elaborar piensos podría ser positivo para la seguridad alimentaria. Cuando hay escasez de cereales suben los precios y los productores de ganado recurren a otros recursos de piensos, y se reduce la utilización de cereales con este fin, con lo que se liberan cereales para consumo humano. Esto significa que la utilización de cereales para piensos constituye un amortiguador que mitiga las variaciones anuales de los precios de los cereales y de su utilización para consumo humano.

Muchos países en desarrollo tendrán que importar más cereales en el futuro. ¿Podrán pagarlos?

Hace algunas décadas el mundo en desarrollo, en conjunto, era un considerable exportador agrícola neto, pero recientemente se convirtió en importador agrícola neto. Las proyecciones indican que el déficit comercial de la agricultura de los países en desarrollo aumentará drásticamente de aquí al año 2030, de modo que el problema del pago de las importaciones desborda con creces "sólo" las importaciones de cereales.

Ante todo, en muchos países en desarrollo los sectores de la industria y los servicios han prosperado y se han convertido en grandes exportadores, de modo que actualmente alrededor del 95 por ciento de los ingresos por exportación de esos países no proceden del sector agrícola. Esto ha producido las divisas para pagar las importaciones de productos agrícolas en los que los países desarrollados tienen una ventaja comparativa, como los cereales y el ganado.

En segundo lugar, aumentaron enormemente las corrientes comerciales de numerosos productos agrícolas entre los países en desarrollo. Por ejemplo, en los últimos 25 años las exportaciones netas de aceites vegetales y oleaginosas de los países en desarrollo en conjunto se han mantenido más o menos constantes, del orden de entre 3 y 4 millones de toneladas. Pero las exportaciones netas de los países en desarrollo aumentaron de 4 a 21 millones de toneladas, el total para otros países en desarrollo cuyas importaciones fueron creciendo constantemente. Lo mismo ocurre con otros productos, como el azúcar y el hule natural. Se prevé que este proceso _en el que los países en desarrollo importadores les proporcionen un mercado cada vez mayor a los países en desarrollo exportadores_ adquiera todavía mayor importancia en el futuro. Para los países exportadores esta es otra fuente de ganancias en divisas, con las cuales pagar las importaciones de los países desarrollados.

Si bien se prevé que la mayor parte de los países en desarrollo pueda pagar las importaciones de cereales proyectadas, quedarán algunos países, en particular algunos de los países menos desarrollados, que carecen o tienen muy pocas oportunidades de hacer exportaciones y seguirán, por lo tanto, necesitando asistencia alimentaria o crédito para realizar sus importaciones comerciales.

¿Cómo repercutirá la globalización en el futuro en los países pobres?

La globalización ofrece en potencia grandes beneficios a los países pobres a través del incremento del comercio y la inversión extranjera, y gracias al acceso más veloz a la información, el conocimiento y la tecnología de la producción.

Sin embargo, para que los países participen y se beneficien de la globalización se requieren ciertas condiciones, como un grado determinado de apertura al comercio internacional y a la inversión extranjera directa, una infraestructura apropiada, la capacidad de adaptar las innovaciones tecnológicas extranjeras a las condiciones locales, etc. De igual importancia es contar con políticas que proporcionen los incentivos correctos para resolver los problemas del ajuste. Estas políticas son importantes, por ejemplo, para mitigar los potenciales efectos negativos de las empresas transnacionales. Aunque éstas pueden estimular la superación de los conocimientos y la tecnología locales, también existe el peligro de que desplacen a los productores y minoristas locales.

Los países que no consigan integrar sus economías en los mercados mundiales no sólo se perderán los beneficios de la globalización, sino que irán quedando cada vez más marginados. Pueden volverse más pobres, tal vez no en absoluto sino relativamente.

¿Cómo pueden aprovechar los países pobres el comercio de productos agrícolas?

Es evidente que las exportaciones generan ganancias en divisas, y que las importaciones cuentan mucho para incrementar la oferta y variedad internas de productos alimentarios. Para que los países se beneficien del comercio se necesitan reglas claras, y que no se distorsionen los mercados. El Acuerdo sobre la Agricultura de la Ronda Uruguay de negociaciones comerciales fue el primer paso en esa dirección, pero queda mucho por hacer.

Es bastante claro lo que se necesita hacer:

  • eliminar los subsidios a las exportaciones
  • simplificar el acceso a los mercados de los países (industrializados) de la OCDE
  • reducir los aranceles tanto en los países de la OCDE como en los países en desarrollo, en particular los de los productos elaborados
  • reducir los subsidios a la producción en los países de la OCDE
  • eliminar toda discriminación contrala agricultura en los países en desarrollo
  • asegurar que las normas que velan por la inocuidad, el medio ambiente y otras normas no se utilicen para encubrir medidas proteccionistas.

    Aplicar estas medidas puede perjudicar temporalmente a los países en desarrollo, por lo cual es necesario establecer medidas apropiadas para afrontar estos efectos negativos. Por ejemplo, los precios mundiales pueden incrementar en detrimento de los consumidores de los países importadores, de modo que sería necesario contar con redes de protección y planes de distribución de alimentos. Además, los países en desarrollo exportadores inicialmente podrían no tener la capacidad de satisfacer las normas de inocuidad establecidas en los países de la OCDE, lo que justificaría proporcionarles asistencia técnica para crear esa capacidad.