BONN, 30 de septiembre -- Conscientes de que el uso extensivo del insecticida monocrotofos es perjudicial para la salud y el medio ambiente, los representantes de 100 gobiernos se han reunido para decidir si todas las fórmulas de monocrotofos deben sumarse a la lista de 26 plaguicidas y cinco sustancias químicas industriales sujetas al Procedimiento de información y consentimiento previos (PIC) del Tratado de Rótterdam.

El monocrotofos se emplea en muchos países en desarrollo, en particular en Asia, para controlar a los insectos y a los ácaros de la araña en el algodón, los cítricos, el maíz y otros cultivos. Se comercializa activamente y lo producen más de una docena de compañías, la mayor parte en Asia.

Al igual que otros insecticidas organofosforados, el monocrotofos representa un peligro grave para miles de campesinos, sobre todo en los países en desarrollo donde la falta de ropas protectoras y de equipo adecuado para su aplicación hacen más fácil el contacto directo de las personas con las sustancias químicas. Los efectos provocados por este insecticida incluyen nausea, diarrea, visión borrosa y, en casos graves, depresión respiratoria, convulsiones y muerte.

El monocrotofos es también muy tóxico para las aves y los mamíferos. Por ejemplo, los estudios apuntan a que durante los 25 años en que fue utilizado en Hungría provocó más daños a las aves silvestres que cualquier otro plaguicida. Afortunadamente hoy día existen alternativas al uso de este plaguicida para cualquier tipo de cultivo y plaga conocidos hasta ahora.

"Asegurarse de que ningún país importe este peligroso plaguicida sin tener pleno conocimiento de los riesgos que lleva consigo es un primer paso de importancia vital para impedir ulteriores intoxicaciones", dice Klaus Töpfer, Director Ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP). Gracias al Tratado de Rótterdam ahora podemos contar con un sistema efectivo para evitar muchos de los errores mortales de las pasadas décadas cuando la gente sabía menos de los peligros de las sustancias químicas tóxicas".

"La agricultura no puede realizarse plenamente sin los plaguicidas. Sin embargo, la comercialización y venta sin controles de plaguicidas muy tóxicos como el monocrotofos plantea graves peligros a los campesinos pobres de los países en vías de desarrollo. La ropa protectora es, por lo general, demasiado cara o es incómoda de llevar cuando hace mucho calor", afirma Louise Fresco, subdirectora de Agricultura de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). "La FAO colabora con los agricultores para fomentar la gestión integrada de las plagas y poder minimizar así el empleo de plaguicidas tóxicos, y con los organismos gubernamentales para mejorar las políticas en materia de plaguicidas y gestión de los mismos", añade Fresco.

El control de este plaguicida sería ya de por sí un gran logro, aunque queda por resolver el vasto problema de los organofosfatos baratos de elevada toxicidad. Estos plaguicidas, creados a menudo por una gran multinacional, se fabrican con profusión y se siguen usando no obstante las pruebas cada vez más patentes de que provocan enfermedades y muertes. Exigir controles comerciales para el monocrotofos reafirmaría además el derecho a efectuar valoraciones comerciales basadas en el empleo del plaguicida en el terreno en vez de valorarlo sólo a partir de las instrucciones del fabricante.

La decisión que se tome esta semana en la novena reunión del Comité Internacional de Negociación del Tratado de Rótterdam sobre el PIC para algunas substancias químicas peligrosas y plaguicidas en el comercio internacional, se basará en el parecer del Comité Transitorio de revisión de las sustancias químicas, que es el organismo específico del Tratado. En la actualidad, algunas fórmulas gravemente peligrosas del monocrotofos están sujetas al PIC; si el parecer del Comité transitorio de revisión fuera adoptado en Bonn,se incluirían todas las fórmulas del monocrotofos.

En la actualidad, unas 70.000 sustancias químicas se encuentran hoy disponibles en el mercado y cada año se introducen 1.500 sustancias nuevas. Esta situación supone un gran desafío para los muchos gobiernos que deben controlar y gestionar estas sustancias potencialmente peligrosas. Numerosos plaguicidas que han sido prohibidos o cuyo empleo ha sido estrictamente limitado en los países industrializados se siguen comercializando y empleando en los países en desarrollo.

El Tratado de Rótterdam facilita a los países importadores las herramientas y la información necesarias para identificar sustancias químicas potencialmente peligrosas y excluir aquellas que no puedan manejar con garantías de seguridad. El Tratado solicita también a los países que no exporten sustancias químicas en contra de la decisión de los países importadores. Además, en aquellos casos en los que el comercio está autorizado, los requisitos relativos al etiquetado y la difusión de información sobre los efectos potenciales en la salud y el ambiente limitan los riesgos asociados al uso de sustancias químicas.

El Tratado ha sido firmado por 72 gobiernos (más la Unión Europea) y hasta ahora lo han ratificado 33 países. Entrará en vigor 90 días después de que lo hayan ratificado 50 naciones. En la pasada Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, celebrada en Johannesburgo, los países participantes acordaron promover la ratificación y puesta en práctica del Tratado de Rótterdam para que pudiera entrar en vigor antes de 2003. Mientras tanto, los gobiernos han decidido aplicar las normas de información y consentimiento previos del Tratado a nivel voluntario. La lista original del Tratado incluía 22 plaguicidas y 5 sustancias químicas industriales. Desde entonces se han añadido otros cuatro plaguicidas. El monocrotofos pasaría así a ser la sustancia química que hace el número 32 de la lista, siempre que los gobiernos lo decidan así en el curso de esta semana.

El Tratado abarca los siguientes 22 plaguicidas peligrosos: 2,4,5-T; aldrín, captafol, clordano, clordimeformo, clorobencilato, DDT, 1,2 dibromoetano (EDB), dieldrín, dinoseb, fluoroacetamida, HCH, heptacloro, hexaclorobenceno, lindano, compuestos de mercurio y pentaclorofenol, más algunas fórmulas de metamidofos, metiloparatión, monocrotofos, paratión y fosfamidon. Desde septiembre de 1998 se han añadido cuatro plaguicidas a la lista de procedimiento transitorio de información y consentimiento previos: (binapacrilo, toxafeno, óxido de etileno y diclorato de etileno).

El Tratado cubre también cinco sustancias químicas: crocidolito, bifenilos polibromatados (PBB), bifenilos policlorinados, terfenilos policlorinados (PCT) y trisfosfato de (2,3 dibromopropilo).