Roma, 15 de octubre de 2002.- Los avances en la reducción del hambre en el mundo están prácticamente estancados, afirma la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en su informe anual El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2002. Millones de personas, entre ellas seis millones de niños menores de cinco años, mueren cada año a causa del hambre. El informe se publica hoy con motivo del Día Mundial de la Alimentación que se celebra el 16 de octubre.

La FAO calcula que entre 1998-2000 las personas subnutridas rondaban los 840 millones, de los cuales 799 millones en los países en desarrollo, 30 millones en los países en transición y 11 millones en los países industrializados.

Entre 1990-92 y 1998-2000, la cifra de personas hambrientas y subnutridas ha disminuido escasamente dos millones y medio cada año; en muchas regiones la cifra de personas subnutridas podría incluso estar en aumento (*). La FAO subraya que si esta tendencia no se invierte radicalmente, el mundo estará muy lejos de alcanzar el objetivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996 de reducir a la mitad, para el año 2015, el número de personas hambrientas en el mundo.

"El precio que pagamos por esta falta de progreso es muy grande, dice el Director General de la FAO, Jacques Diouf, en el prólogo al informe. Las personas hambrientas son las primeras que lo pagan y muy dolorosamente. Pero también lo están pagando las comunidades donde viven, sus países y la aldea global en la que todos vivimos. Para alcanzar el objetivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación es necesario que el número de personas hambrientas disminuya 24 millones cada año, de aquí a 2015".

Cada año, el hambre crónica y la malnutrición exterminan a millones de personas, dice el informe. Esta "inanición oculta" frena su desarrollo, socava sus fuerzas y paraliza su sistema inmunitario. Donde el hambre es frecuente, la tasa de mortalidad de los recién nacidos y de los niños menores de cinco años es muy alta y la expectativa de vida reducida.

"En los países donde la situación es más trágica, un recién nacido tiene una expectativa de vida sana de apenas 38 años, comparados con los más de 70 años en las 24 naciones más ricas". Uno de cada siete niños nacido en los países pobres donde el hambre es difusa morirá antes de cumplir cinco años. La mayor parte de los niños muere por la carencia de alimentos y nutrientes esenciales, lo que les debilita, reduce su peso y acentúa su vulnerabilidad. Esos niños están expuestos a un riesgo muy alto de enfermedades infecciosas. En los países en desarrollo, la diarrea, las enfermedades respiratorias agudas, la malaria y el sarampión son responsables de una gran parte de las muertes infantiles.

Más de dos mil millones de personas en todo el mundo sufren falta de micronutrientes, dice el informe. Sus dietas tienen un aporte insuficiente de vitaminas y minerales, sobre todo de vitamina A y C, hierro, yodo y zinc. Los micronutrientes son esenciales para el desarrollo y el crecimiento de los seres humanos. Los niños y las mujeres son más vulnerables ante la carencia de micronutrientes. Entre 100 y 140 millones de niños tienen carencias de vitamina A, lo que les puede llevar a la ceguera. Alrededor de 20 millones de personas en todo el mundo sufren de discapacidad mental provocada por la carencia de yodo.

"No tenemos la excusa de decir que no podemos producir bastantes alimentos o que no sabemos qué hacer para erradicar el hambre. Lo que nos queda por demostrar es si nos importa el destino de las personas hambrientas, si nuestras muestras de preocupación en los foros internacionales son algo más que pura retórica y que no podemos aceptar e ignorar por más tiempo los sufrimientos de 840 millones de seres humanos hambrientos, ni la muerte diaria de 25.000 víctimas del hambre y la pobreza", añade Diouf.

Los escasos avances en la disminución del número de personas hambrientas son el resultadode los progresos en algunos grandes países. "Sólo en China, el número de personas subnutridas ha disminuido 74 millones desde el bienio 1990-92. Indonesia, Vietnam, Tailandia, Nigeria, Ghana y Perú han conseguido reducciones de más de 3 millones. Estos datos ayudan a contrarrestar el aumento de 96 millones de hambrientos en 47 países donde no ha habido progresos. Si se excluye China, el número de personas subnutridas en el resto de los países en desarrollo ha aumentado más de 50 millones desde el bienio 1990-92.

África Subsahariana sigue registrando la cifra mayor de subnutrición y también la del aumento más amplio del número de personas subnutridas. La mayor parte del aumento se observa en África Central, sobre todo en la República Demócrata del Congo, martirizada por la guerra, donde el número de personas subnutridas se ha triplicado.

África Occidental, el sudeste asiático y América latina han reducido notablemente tanto el predominio como la cifra de personas subnutridas. Pero las perspectivas dejan poco que desear en Centroamérica, Oriente Próximo y Asia oriental, excluyendo a China.

El cuadro es más prometedor si se considera el número de personas hambrientas en proporción con la población total de un país. "En la mayor parte de los países en vías de desarrollo, la proporción ha disminuido desde la Cumbre Mundial de la Alimentación en 1996", dice el informe.

La pobreza es responsable de la mayor parte del hambre en un mundo de abundancia, sostiene la FAO. Otras causas son las sequías e inundaciones, los conflictos armados, las turbulencias políticas, sociales y económicas. Alrededor de 30 países hacen frente en la actualidad a situaciones de emergencia alimentaria, a causa de las cuales 67 millones de personas necesitan ayuda alimentaria.

Los conflictos armados son una de las causas más comunes de inseguridad alimentaria, dice la FAO. La guerra y los enfrentamientos de civiles han sido en 15 países las causas principales de emergencias alimentarias excepcionales en 2001 y principios de 2002.

Los conflictos en África Subsahariana se tradujeron en pérdidas de casi 52.000 millones de dólares en la producción agraria entre 1970 y 1997, una cifra equivalente al 75 por ciento de toda la ayuda oficial al desarrollo recibida por los países afectados por los conflictos. Se estima que las pérdidas en la producción agraria de todos los países en desarrollo se han remontado a 4.300 millones de dólares anuales, una cifra para alimentar suficientemente a 330 millones de personas hambrientas.

El informe subraya que el acceso seguro a la tierra es uno de los factores claves para la seguridad alimentaria, indicando que las formas más agudas de hambre y pobreza se dan entre los que no tienen tierras o entre los agricultores cuyos terrenos son demasiado pequeños para cubrir sus necesidades. Más del 30 por ciento de los campesinos pobres en América Latina y el Caribe no tienen tierra. Mejorar el acceso a la tierra puede tener grandes repercusiones en la reducción del hambre y la pobreza. Los países en desarrollo donde la tierra estaba distribuida con mayor equidad han progresado más rápidamente en la reducción del hambre, afirma la FAO.

El crecimiento del sector agrario es fundamental para reducir el hambre y la pobreza. Los países pobres y con alta prevalencia de hambre invierten mucho menos en su agricultura que aquellos con mejores condiciones de vida, dice el informe. La inversión pública actual en agricultura y desarrollo rural en los países del mundo en desarrollo no refleja la importancia que tienen esos sectores en sus economías nacionales. La ayuda oficial al desarrollo destinada a la agricultura bajó un alarmante 48 por ciento entre 1990 y 1999.

Según el Programa de lucha contra el hambre de la FAO, será necesaria una inversión pública adicional anual de 24.000 millones de dólares para acelerar el progreso en la reducción del hambre y conseguir el objetivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación, dicelaFAO. Las inversiones deben destinarse ante todo a los países pobres con las cifras más altas de personas subnutridas. Los beneficios globales derivados de la reducción a la mitad del número de personas hambrientas serían por lo menos de 120.000 millones de dólares anuales, un resultado debido a la vida más larga, sana y productiva de varios cientos de millones de personas. La FAO ha propuesto que la financiación de las inversiones se divida en un porcentaje igual entre los países industrializados y aquellos en desarrollo.

(*) Las cifras recogen los datos más recientes y revisados, que no pueden compararse con las estimaciones anteriores de la FAO. La FAO actualiza con regularidad sus cifras anteriores sobre la subnutrición a medida que sus países miembros aportan nuevos datos. Las estimaciones para 1998-2000 no deben por ello compararse con las de 1997-99 (777 millones de personas hambrientas en los países en vías de desarrollo) publicadas en la edición 2001 de este informe.

El informe puede consultarse en la siguiente dirección internet...

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