¿Qué importancia tienen las cifras?

Las cifras importan mucho porque nos informan de la gravedad del problema del hambre y de la ubicación de las personas que lo padecen. También nos recuerdan la distancia que queda todavía para que se cumpla el objetivo de la comunidad internacional adquirido en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, de reducir a la mitad el número de personas con hambre para el año 2015. Los datos y el análisis del informe ayudan a concentrar la atención mundial en los problemas de la inseguridad alimentaria y a dirigir mejor la acción para reducir el hambre y la pobreza.

Hace un año la FAO calculó que había 777 millones de personas que pasan hambre en los países en desarrollo. Ahora afirma que son 799 los millones de personas hambrientas en los países en desarrollo. ¿Significa que el número de personas que pasan hambre ha aumentado?

La comparación entre ambas publicaciones no es tan sencilla. Los nuevos cálculos no sólo incorporan datos más recientes, sino que además corrigen los anteriores. Los países miembros siguen revisando su información anterior sobre producción y comercio, así como la referente a la demografía. De esta manera, la FAO a menudo tiene que revisar sus cálculos anteriores de disponibilidad de alimentos y cifras de personas subnutridas.

En este caso, aplicar la nueva base de datos al periodo 1997-99 produce un nuevo cálculo para este periodo correspondiente a 794 millones de personas subnutridas. De esta manera, comparar los dos periodos de tres años con la base de datos más reciente indica que, en efecto, la cifra ha aumentado en 15 millones entre ambos periodos. Este incremento del número de personas subnutridas se relaciona sobre todo con el crecimiento demográfico. Es más, la mayor parte del incremento de 15 millones de personas se concentra en pocos países con gran densidad demográfica.

La FAO dice que todos los días mueren 25 000 personas de hambre y pobreza. ¿Cómo se cuenta el número de víctimas del hambre?

Los datos proceden del Informe de la Salud Mundial 2000 de la OMS. Las principales causas atribuidas a estas cifras son las enfermedades y la falta de agua potable y sanidad. El cálculo es relativamente conservador, asciende a poco más de nueve millones de muertes al año, de las cuales seis millones corresponden a niños menores de cinco años de edad que mueren prematuramente como consecuencia directa o indirecta del hambre.

Más de 2 000 millones de personas en todo el mundo padecen de malnutrición por falta de micronutrientes, también llamada "hambre oculta". ¿Qué deberían hacer los países para mejorar las condiciones de vida de estas personas?

El concepto de "hambre oculta" denota déficit de vitaminas y minerales. La mala salud y la pérdida de potencial humano debidos a la falta de micronutrientes son enormes, pero estos efectos a menudo han estado ocultos por la evidencia más gráfica de la malnutrición por falta de consumo de proteínas y energía, el hambre crónica y la muerte por inanición. La falta de micronutrientes puede tener una amplia variedad de consecuencias. Por ejemplo, los niños que no consumen suficientes micronutrientes pueden dejar de crecer y desarrollarse normalmente; su capacidad cognoscitiva es deficiente, a menudo de forma grave e irreversible; el sistema inmunológico se compromete; tanto en los adultos como en los niños se limitan las capacidades mentales y físicas; y se puede llegar a la ceguera y la muerte.

La clave para superar la falta de micronutrientes es concentrarse en ayudar a los pobres a mejorar la diversidad y la idoneidad general de su alimentación. Es necesario adoptar un enfoque sostenible basado en los alimentos, que produzca múltiples beneficios nutricionales. Semejante planteamiento se aparta de concentrarse en un sólo micronutriente y reconoce que, en general, la alimentación que carece de un micronutriente probablemente también carezca de otroselementos nutritivos, inclusive macronutrientes, como las proteínas, los carbohidratos y las grasas. La necesidad básica consiste en mejorar el consumo total de alimentos. Las actividades dirigidas a resolver los problemas de micronutrientes no deben aislarse del tratamiento de otros problemas de la malnutrición. Ofrecer complementos alimenticios e incluso incorporar nutrientes en los alimentos son medidas de corto plazo, pero no sustituyen a las soluciones más exhaustivas.

¿Cómo repercuten los conflictos armados en la seguridad alimentaria?

Las repercusiones generales consisten en la interrupción de la producción de alimentos y de las actividades económicas normales debido al desplazamiento de la población rural en el seno de los países y a través de las fronteras. En el hogar, las personas desplazadas ya no pueden producir para ellos y sus familias, y entonces se vuelven por completo dependientes de la ayuda alimentaria o se desnutren y llegan a morir de inanición o por enfermedades relacionadas con la malnutrición.

En el ámbito nacional, los escasos recursos en un país pobre se desvían a la atención del conflicto (armas, ejércitos más numerosos, etc.), lo que deja al país sin condiciones para importar alimentos que satisfagan sus necesidades. De esta manera, el país también pasa a depender de la ayuda alimentaria.

Los conflictos armados desplazan de sus hogares a las personas o los atrapan en las zonas de combate y los hacen depender de la ayuda alimentaria temporal. En 2001, se calculó que había 37 millones de personas desplazadas (12 millones de refugiados y 25 millones de personas desplazadas en el interior del país).

En las situaciones de conflicto se alteran internacionalmente las fuentes y el suministro de alimentos para hacer morir de inanición a los civiles de los grupos opositores. En 1999, este tipo de trastornos dejó aproximadamente a 24 millones de personas pasando hambre y con necesidad de recibir ayuda alimentaria.

El conflicto armado puede impedir a los agricultores producir alimentos y alterar el transporte, el comercio y los mercados, lo que reduce el acceso a los alimentos. La FAO ha descubierto que las pérdidas de producción agrícola a causa de conflictos en África subsahariana, entre 1970 y 1997 ascendieron al 75 por ciento del total de la ayuda recibida por los países víctimas de los conflictos.