ROME, 14 de octubre de 2002 -- El
suministro de agua dulce, reconocido en este Día Mundial de la
Alimentación como fuente de la seguridad alimentaria, está en
peligro por la degradación cada vez mayor de los ecosistemas
montañosos.
A menudo se llama a las
montañas "torres de agua" de la naturaleza.
Interceptan el aire que circula por el planeta y lo hacen subir,
donde se condensa y forma nubes que proporcionan lluvias y
nieve. Los principales ríos del mundo, desde el río Grande hasta
el Nilo, nacen en las montañas.
En
consecuencia, una de cada dos personas bebe agua procedente de
las montañas. Mil millones de chinos, indios y bengalíes,
250 millones de africanos y toda la población de
California, en los Estados Unidos, son de los tres mil millones
de personas que dependen de la conservación del agua de las
montañas. Todos los días el agua de las montañas activa las
turbinas hidroeléctricas, contribuye a los procesos
industriales, riega las tierras agrícolas y apaga la sed.
Sin embargo, pese a todas las personas que
dependen de ella, el futuro del agua de las montañas nunca ha
sido menos seguro. La magnitud de este peligro es uno de los
motivos de que las Naciones Unidas declarara el 2002 Año
Internacional de las Montañas.
Los
glaciares disminuyen a una velocidad alarmante
Parte del agua que procede de las montañas
está almacenada en los glaciares. Hoy en día, debido a las
repercusiones del calentamiento del planeta, muchos glaciares de
las montañas están derritiéndose a una velocidad sin precedente.
Los escurrimientos del casquete polar de Quelcaya, por ejemplo,
han suministrado agua tradicionalmente a la población de Lima,
Perú. En el último decenio la disminución de este casquete ha
aumentado de tres a 30 metros al año, lo que constituye
un riesgo para el suministro de agua dulce de
10 millones de personas. En muchas otras partes del
mundo también se han reducido los glaciares. En los Alpes
europeos y en la cordillera del Cáucaso, por ejemplo, los
glaciares se han quedado en la mitad de su tamaño, mientras que
el casquete del monte Kenya, en África, ha disminuido el
40 por ciento de su volumen desde 1963. De seguir estas
tendencias, a fines del presente siglo muchos de los glaciares
de las montañas del mundo, inclusive los del Parque de los
Glaciares, de los Estados Unidos, desaparecerán por completo.
Peligros de la minería y la
silvicultura
"Las
montañas son el barómetro del cambio climático -afirma Douglas
MacGuire, Coordinador del Año Internacional de las Montañas, en
la FAO-. Estos frágiles ecosistemas son muy sensibles a los
cambios de temperatura y como están en todos los continentes,
muchos climatólogos consideran que son uno de los primeros
indicios de lo que podría suceder en el mundo".
El cambio climático es una de las muchas
amenazas para el agua de las montañas. Otras actividades
humanas, como la explotación minera y la silvicultura y las
prácticas agrícolas insostenibles también están cobrando su
cuota.
Para muchos países, conforme
disminuya el suministro de agua, será cada vez más difícil
producir suficientes alimentos. En la India, por ejemplo,
alrededor de 500 millones de personas que ya sufren
escasez de agua dependen de los tributarios de los ríos Indo y
Ganges que proceden de los glaciares. Los científicos consideran
que conforme se derritan los casquetes del Himalaya, estos ríos
crecerán, antes de disminuir a niveles peligrosamente bajos y
reducir drásticamente la capacidad local de la agricultura de
producir alimentos.
"A menudo la
población de las montañas es la primera en percibir las
consecuencias de la degradación ambiental -afirma McGuire-. Es
importante darse cuenta de que muchas personas, de los 800
millones que sufren de desnutrición crónica, viven en las
montañas".
Disputas por
el agua
El agua es un recurso colectivo. Lo
que se inicia en las cuencas hidrográficas baja por los ríos y
los arroyos, atraviesa fronteras, llega a los lagos, llenalos
mantos acuíferosy, más adelante, desemboca en el mar. En todo el
mundo, dos o más países comparten 214 cuencas
hidrográficas, donde vive el 40 por ciento de la
población mundial. Demasiadas veces hay posibilidades de
conflicto donde se requiere cooperación. En 1995, la
distribución del agua de las montañas fue la causa de
14 disputas internacionales.
Entre las tierras altas y las tierras bajas de los
países surgen muchos conflictos por la utilización del agua. El
monte Kenya, por ejemplo, suministra agua a más de dos millones
de personas en África. Pero en años recientes, los agricultores
que viven en las tierras altas han venido utilizando cada vez
más agua para regar sus cultivos. En consecuencia, tierra abajo
llega mucho menos agua, lo que aumenta el descontento de
aquellos que viven de los pastizales de las tierras bajas, la
ganadería y el turismo en los parques naturales.
Conforme crezca la población y aumente la demanda de
agua potable, habrá más posibilidades de conflicto.
Hace falta unirse
"Los desafíos que afrontan las cordilleras y
las comunidades locales son tan grandes como las propias
montañas -dijo el Director General de la FAO, Dr. Jacques Diouf,
en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, en
Johannesburgo el pasado mes de septiembre-. Considero que el
futuro está en descomponer los desafíos en elementos más
pequeños, en cuestiones más pequeñas, y que todos contribuyamos
con lo que tenemos y hacemos mejor. Esto requiere de la
colaboración de todos: los gobiernos, los organismos de las
Naciones Unidas, los grupos más importantes y el sector
privado".
Con esta forma de ver
las cosas, diversos países, organismos de las Naciones Unidas y
organizaciones internacionales se unieron a la FAO en la
presentación de la Asociación Internacional para el Desarrollo
Sostenible de las Regiones Montañosas. Si bien esta asociación
está en proceso de formación, se concibe como una alianza
dinámica entre grupos y personas de todo el mundo, con
flexibilidad para tratar la complejidad, la diversidad y la
magnitud de las cuestiones de las montañas.












