14 de febrero de 2003, Roma -- La FAO ha decidido aportar asistencia técnica por valor de un millón de dólares en apoyo del Proyecto Hambre Cero, el amplio programa para erradicar el hambre y la malnutrición en Brasil lanzado el pasado 30 de enero por el Presidente Luiz Inàzio Lula da Silva.

En ese contexto, el Director General de la FAO, Jacques Diouf, ha viajado esta semana a Brasil, invitado por el presidente brasileño, para profundizar la estrecha colaboración con las autoridades y los diversos sectores involucrados en este enorme esfuerzo de lucha contra el hambre.

Abordarán también otros asuntos del desarrollo agrícola, rural, forestal, pesquero y de la producción, comercio y distribución de productos alimenticios.

"Se trata de una modesta contribución inicial para permitir la inmediata puesta en marcha del Proyecto Hambre Cero", precisó Diouf antes de viajar al país latinoamericano.

"Se trata de un proyecto muy importante no sólo para Brasil, sino también para la comunidad internacional y para la FAO, pues representa la toma de posición más firme y decidida adoptada por un gobierno para alcanzar la meta acordada por los Jefes de Estado y de Gobierno en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, de reducir a la mitad el número de personas que pasan hambre en el mundo más tardar en 2015".

Este millón de dólares permitirá poner en marcha en las próximas semanas tres proyectos destinados a:

  • Adaptar los proyectos en curso de las instituciones financieras internacionales a las necesidades del Proyecto Hambre Cero. Duración: 1 año. Contribución de la FAO: 252 000 dólares EE.UU.


  • Diseñar y ofrecer cursos de capacitación en técnicas que mitiguen los efectos de la sequía y potencien la rentabilidad y productividad rural de las poblaciones rurales del noreste brasileño. Duración: 20 meses. Contribución de la FAO: 377 000 dólares EE.UU.


  • Apoyar la ejecución inicial del Proyecto Hambre Cero mediante asesoramiento en materia de agricultura urbana y peri-urbana, agricultura familiar rural, asentamientos y procesos de reforma agraria, así como de sistemas de seguimiento y evaluación. Duración: 16 meses. Contribución de la FAO: 368 000 dólares EE.UU.



Por otra parte, la FAO prondrá a disposición de Brasil la amplia experiencia adquirida mediante el Programa Especial para la Seguridad Alimentaria (PESA), que la Organización promueve desde 1994 y se ejecuta actualmente en más de setenta países en todo el mundo, y que podrá proporcionar un un importante punto de referencia a la hora de poner en práctica los conceptos del Proyecto Hambre Cero.

El hambre del plato medio vacío

En Brasil, la pobreza afecta a más de un cuarto de su población, unos 44 millones de personas. En los nueve estados del nordeste del Brasil, la región más pobre del país, una de cada dos familias vive con apenas un dólar al día.

"El problema del hambre en Brasil es diferente al de las trágicas imágenes que nos llegan desde el sudeste africano, donde la gente no tiene nada que llevarse a la boca", ha explicado Andrew MacMillan, Director de la División de Operaciones de Campo de la FAO.

"En Brasil, el hambre se refleja en los platos medio vacíos o en el conformarse con una sola comida al día. Y esto, a largo plazo, debilita la gente y mina las posibilidades de desarrollo de un país lleno de potencialidades como es Brasil.

Por ello, acabar con el hambre no es sólo una cuestión moral sino también una inversión muy rentable, que generará beneficios mucho más altos que la modesta inversión inicial", asegura MacMillan.

El Proyecto Hambre Cero parte del presupuesto de que la baja renta es la causa principal de hambre crónica en Brasil. Para ello, plantea la distribución de una renta adicional a través de una tarjeta de débito con la cual los beneficiarios podrán adquirir productos alimentarios básicos.

La consiguiente demanda adicional debería permitir estimular la producción de pequeños agricultores, entre los cuales se concentra gran parte del hambre y la pobreza del país.

El proyecto tiene además un importante componente educativo, pues para poder optar a los beneficios del sistema las familias beneficiarias tendrán que demostrar que sus hijos van a la escuela y que los miembros adultos participan en programas de formación o perfeccionamiento de sus habilidades laborales. El objetivo es reducir a largo plazo la dependencia de la población de programas de carácter meramente asistencial.




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