18 de
febrero de 2003, Roma.-- Las promesas y el potencial
de la biotecnología no están divididos igualmente entre los
países desarrollados y los países en desarrollo, declara en un
comunicado publicado hoy Louise Fresco, Subdirectora General de
la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO).
Fresco habla de una
'brecha molecular', subrayando que "las
diferencias entre los agricultores ricos y pobres, entre las
prioridades y necesidades de la investigación, entre el
desarrollo tecnológico y la transferencia actual de tecnologías
, se agrandan cada vez más".
Para
subsanar esa 'brecha molecular', "es
necesario un nuevo planteamiento de la biotecnología para hacer
frente a las necesidades urgentes de los más necesitados y a las
nuevas exigencias en materia de calidad y cantidad de alimentos
y de nuevos productos agrícolas".
Habría que garantizar un diálogo abierto sobre los
beneficios y los peligros de las biotecnologías. Los
agricultores y los países pobres deberían tener acceso a los
recursos genéticos y a las tecnologías y los medios para usar
unos y otras.
"En la actualidad no
hay inversiones serias sobre ninguna de las cinco cosechas más
importantes de los trópicos semiáridos: sorgo, mijo, frijoles de
palo, garbanzos y cacahuetes", dice Louise Fresco, que
encabeza el Departamento de Agricultura de la FAO.
"Esto se debe en gran parte a que el 70 por ciento de
las inversiones en biotecnología de la agricultura corresponden
al sector de investigación privada de las multinacionales, sobre
todo en los países desarrollados o en los más avanzados entre
los países en desarrollo".
"Hoy, el 85 por ciento de las siembras de
todos los cultivos transgénicos en el mundo son de soja
resistente a los herbicidas, a maíz resistente a los insectos y
a variedades de algodón enriquecidas genéticamente, pensadas
para reducir los insumos y los costes de trabajo en los sistemas
de producción a larga escala, no para alimentar al mundo en
desarrollo ni para aumentar la calidad de los
alimentos", dice Fresco.
"No existen programas de amplia escala en el
sector público para hacer frente a los problemas críticos de la
pobreza o del medio ambiente, ni centrados en cultivos
específicos, como la mandioca ni tampoco dedicados a los
pequeños rumiantes.
Escoger lo
mejor
La biotecnología es sólo
una de las maneras de mejorar la calidad y la cantidad de los
alimentos de forma sostenible, dice Fresco. A la hora de elegir
las mejores opciones para hacer frente a los problemas
específicos de producción en los países en desarrollo, habría
que basarse en planteamientos económicos, técnicos, sociales,
comerciales y de seguridad. "La biotecnología puede
añadir nuevas dimensiones a los enfoques integrados ya
existentes, pero no reemplazarlos".
"Quizás el potencial más grande de las
biotecnologías no reside en los organismos modificados
genéticamente (OMGs), sino en los marcadores genéticos,
genomicos y proteomicos, que pueden complementar las estrategias
tradicionales de mejoramiento de plantas y resaltar su
eficacia", agrega Fresco.
"Las vacunas y materiales de siembra que
evitan los virus tienen un potencial enorme. Las herramientas de
diagnóstico con base biotecnológica pueden representar una gran
ayuda para identificar con rapidez numerosos patógenos virales,
fungosos y bacterianos. La investigación biotecnológica debería
centrarse en los retos claves a los que se enfrentan los países
en desarrollo: sequía, erosión y salinidad. El punto clave es
aprovechar los recursos genéticos mediante la biotecnología y no
limitarse solo a manipularlos", agrega Fresco.
Hay que cambiar la orientación de
la investigación
"Me
preocupa mucho que la investigación agronómica se haga cada vez
mas especializada y se centre solamente en la planta o en los
niveles celulares".
"Las
presiones sobre los institutos de investigación para obtener
financiación externa pueden llevar a dar una importancia
excesiva a la investigación relacionada con la biotecnología. El
previsto beneficio potencial de los OMGs ha hecho que las
inversiones cambiasen de objetivo pasando de los enfoques
basados en los sistemas a la gestión de plagas, concediendo una
gran importancia a los monocultivos: no se pueden ignorar las
posibles repercusiones a largo plazo de esas estrategias, tanto
en el medio ambiente como económicas", advierte Fresco.
La clave para que la investigación redunde
en beneficio de los países en desarrollo es una cuestión de
fondos, subraya Fresco. "Es urgente y necesario -dice-
contrarrestar la disminución de fondos destinados a la
financiación de la investigación pública y crear al mismo tiempo
incentivos para sacar partido de la colaboración entre el sector
público y privado".
Persona de contacto
Erwin Northoff, Oficial de Información de la FAO
(+39) 06 570 53105,
erwin.northoff@fao.org








