Para conseguir reducir a cero el hambre en Brasil, dice el ministro, "hace falta pan, para el que no tiene cómo comprarlo, y ciudadanía, para poder ejercer el derecho de todo ser humano a una alimentación digna y saludable".
José Graciano hizo un balance del Programa Hambre Cero, lanzado hace apenas cinco meses, ante los micrófonos de la FAO.
Señor Ministro, ¿podría explicar brevemente en qué consiste el Programa Hambre Cero?
El Programa Hambre Cero es un programa diseñado en Brasil para acabar con el hambre en nuestro país que se apoya en tres pilares fundamentales:
- la alimentación como un derecho de todos;
- la combinación de acciones urgentes - no se puede pedir a la gente que tiene hambre que espere - con el reconocimiento de que las causas fundamentales del hambre son estructurales para las que se proponen reformas de fondo: una reforma agraria, el apoyo a la agricultura familiar, la eliminación de las barreras al comercio internacional que limitan el crecimiento de la producción;
- la idea de que la alimentación es un derecho que hay que conquistar. Hay que involucrar a las personas para que ellas mismas construyan las instancias y los canales para asegurar la seguridad alimentaria en su comunidad. Sólo así lograremos combatir el hambre en nuestro país y en otras partes del mundo.
Sí, tenemos ya resultados importantes en la zona del nordeste del país, que es una zona prioritaria. Hemos escogido 1000 localidades que el año pasado sufrieron una fuerte sequía y donde durante ocho meses al año no tienen agua potable garantizada. Aquí comenzamos a suministrar una ayuda monetaria (20 dólares mensuales) a las madres de familia para que adquiriesen alimentos y, paralelamente, comenzamos a apoyar la producción agrícola familiar en estas zonas mediante créditos, asistencia técnica, compra de la producción, y hemos logrado que en zonas donde no se producía casi nada, ahora hay reservas de alimentos básicos para enfrentar la sequía que se produce periódicamente en septiembre u octubre.
Además de eso estamos combinando un programa de construcción de cisternas para captar agua de la lluvia. Pero lo más importante es que junto a todo esto estamos llevando a cabo un programa de capacitación y alfabetización de estas familias. En esta zona, casi un 80% de la gente no sabe leer ni escribir, lo que ha sido un recurso que las élites de la zona han utilizado con fines electoralistas. Por eso, el Programa Hambre Cero quiere dar pan pero también ciudadanía a los brasileños.
¿En qué medida la anunciada reforma agraria del Gobierno Lula contribuirá a cumplir los objetivos del Programa Hambre Cero?
La reforma agraria es otro ejemplo de lo que ya estamos haciendo. Brasil tiene hoy día un número impreciso de personas acampadas a la espera de programas de asentamiento de la reforma agraria. En el último mes de mayo distribuimos 183 000 cestas de alimentos básicos que permiten a una familia sobrevivir tres meses. El gobierno tiene el compromiso de asentar en el año 2003 a 60 000 familias. Pero esto no significa solamente dar tierras, como se ha hecho hasta ahora, sino también dar créditos, apoyo tecnológico, asistencia técnica, inversiones en infraestructuras para construir escuelas, casas o dotar de luz eléctrica. Actualmente hay un pasivo para recuperar 500 000 familias asentadas en los años anteriores al que vamos a dar prioridad para crear la infraestructura necesaria y garantizar la producción.
Nosotros creemos que el programa de reforma agraria tiene que incrementar la producción de cereales para apoyar el Programa Hambre Cero. Es así que se conectael Programa con la reforma agraria: por un lado, se ayuda a las familias necesitadas con una cesta básica, y por otra se le asegura la capacidad de producir excedentes que serán incorporados al Programa Hambre Cero.
¿Cuáles han sido la mayores dificultades a la hora de poner en marcha el programa?
Lo más difícil ha sido conjugar las expectativas creadas en torno al Programa. Mucha gente cree que se combate el hambre con donaciones de dinero y con alimentos. Eso no es verdad porque si se convierte en una donación permanente se crea una dependencia, un estado de hambre permanente en las populaciones asistidas. Nosotros queremos evitar eso a toda costa. Entonces hemos tenido que convencer a la opinión pública brasileña de que había que empezar un programa con etapas y que al inicio habría que preparar a esta gente, cualificarla, para que pueda ella misma crear las condiciones, superar este nivel de dependencia que se había creado. No podía ser una cosa del gobierno. Tenía que hacer una conquista de esa gente. Eso fue muy difícil y aún es muy difícil. Hay una gran desconfianza que el gobierno también utilice el programa como un programa electoral.
¿Cuál sería el mensaje que mandaría a otros países que están queriendo poner en práctica programas similares de lucha contra el hambre?
Sinceramente, yo estoy un poco preocupado con los que piensan que hemos descubierto la fórmula mágica para acabar con el hambre en el mundo. El Programa Hambre Cero ha sido diseñado para Brasil en función de sus problemas y sus potencialidades.
Pero hay dos puntos centrales en nuestra experiencia que pueden servir a otros países:
- la unidad nacional en torno a un tema como el del hambre, toda la sociedad tiene que estar convencida de que se debe y se puede acabar con el hambre en un país, y
- crear las instituciones necesarias para involucrar a los ciudadanos en ese combate.










