25 de noviembre de 2003
Berlín/Madrid/Roma/París/Washington --
El hambre está aumentando de nuevo tras la reducción que se había producido durante la primera mitad de los años 90, según informó hoy la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Las últimas estimaciones de la FAO señalan que se ha producido un retroceso en la guerra contra el hambre, según se desprende del Informe sobre la inseguridad alimentaria 2003 (SOFI 2003) presentado hoy en Madrid, Washington y Berlín.

Dada la velocidad media a la que el hambre está decreciendo desde 1990, no será posible alcanzar el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación - celebrada en 1996- , de reducir a la mitad el número de personas subnutridas para el año 2015.

Tras haber conseguido reducir el número de personas hambrientas en los países en desarrollo en 37 millones durante la primera década de los 90, la cifra aumentó en 18 millones durante la segunda mitad de la década.

"Sólo será posible alcanzar la meta de la Cumbre invirtiendo la tendencia actual", explicó Hartwig De Haen, Subdirector de la FAO para el Departamento Económico y Social. Tendríamos que ser capaces de liberar del hambre a 26 millones de personas por año, una cifra 12 veces mayor de lo que hemos hecho durante la década de los 90".

Cada año, el informe SOFI ofrece un panorama de las tendencias recientes del hambre en el mundo y analiza los progresos realizados en este campo. La publicación muestra los países que destacaron en la lucha contra el hambre y los métodos que están produciendo buenos resultados, y analiza cuáles fueron las principales barreras que impidieron a otros países mejorar la situación de sus habitantes.

842 millones de hambrientos

Las cifras más recientes disponibles, relativas al bienio 1999-2001, indican que durante este periodo había 842 millones de personas subnutridas en el mundo, de las cuales 10 millones se encuentran en los países ricos, 34 en los países en transición a la economía de mercado y 798 millones en los países en desarrollo.

En el último periodo, la única región que ha mostrado progresos en la lucha contra el hambre fue la región de América Latina y Caribe.

Sólo 19 países, entre ellos China, consiguieron reducir el número de personas subnutridas durante la década de los 90, según el informe. "En estos países, el número total de personas hambrientas descendió en más de 80 millones", señala el informe.

En el otro extremo de la clasificación se encuentran 26 países donde el número de personas subnutridas aumentó en 60 millones durante el mismo periodo.

Veintidós países, entre ellos Bangladesh, Haití y Mozambique, consiguieron temporalmente cambiar la tendencia en contra del hambre. En esto países, "el número de personas subnutridas descendió durante la segunda mitad del decenio tras haber aumentado durante los primeros años 90".

"En 17 otros países, sin embargo, la tendencia cambió en dirección opuesta, y el número de personas subnutridas, que había estado disminuyendo, comenzó a aumentar. Este grupo incluye países de poblaciones numerosas como la India, Indonesia, Nigeria, el Pakistán y el Sudán."

Al mismo tiempo, el progreso se ha desacelerado en muchos países en que se registraron mejoras importantes en la primera mitad del decenio, entre los que figura China. Al haber reducido la prevalencia de la subnutrición hasta niveles moderados (inferiores al 20 por ciento), no cabe esperar que esos países continúen compensando el retroceso de los países en desarrollo", reconoce el informe.

Cifras recientes disponibles para los países en transición muestras un aumento general de 9 millones de hambrientos entre el periodo de 1993-95 y 1999-2001.

Muchos ángulos

Según Hartwig de Haen, "el proyecto del SOFI nos ha ofrecido muchos ángulos de análisis interesantes sobre el hambre. Con el SOFI aprendemos cada día lo que sirve y lo que obstaculiza el combate contra el hambre, lo que nos permite hacer recomendaciones específicas que los países pueden seguir para aliviar el hambre y la malnutrición, de manera sostenible".

Los países que registran un elevado número de personas con subnutrición crónica registran altas tasas de prevalencia de VIH/SIDA y sufren con frecuencia emergencias alimentarias.

De hecho, el informe indica que la crisis alimentaria del África meridional en 2002-2003, que afectó a más de 14 millones de personas,
demostró que "el hambre no puede combatirse efectivamente en las regiones asoladas por el SIDA, a menos que las intervenciones tengan en cuenta las necesidades específicas de los hogares afectados por esta enfermedad e incorporen medidas, tanto para prevenir como para mitigar la propagación del VIH/SIDA".

Para 2020, continúa el informe "la epidemia se habrá cobrado al menos una quinta parte de la fuerza de trabajo agrícola en la mayoría de los países del África meridional. Ya hoy, en varios países afectados, del 60 al 70 por ciento de las explotaciones agrícolas han sufrido pérdidas en la mano de obra como consecuencia del VIH/SIDA". En algunas zonas gravemente afectadas más de la mitad de estos hogares está a cargo de mujeres - la mayoría viudas - , abuelos y niños huérfanos.

Hambre y sequía van de la mano

SOFI 2003 también analiza el impacto del acceso a los recursos hídricos a la hora de garantizar la seguridad alimentaria y el hambre. Según el informe, la sequía es "la causa más común de la escasez grave de alimentos en los países en desarrollo". África ilustra bien esta afirmación siendo el continente más seco y la región donde el hambre es más frecuente.

El informe indica que cuando el agua escasea y el medio ambiente es frágil, alcanzar la seguridad alimentaria puede ser necesario depender de lo que se ha llamado "agua virtual": alimentos importados de países con abundancia de agua. Hace falta un metro cúbico de agua para producir un kilo de trigo. Extrapolando esos números, la FAO calculó que cultivar la cantidad de alimentos importada por los países del Cercano Oriente en 1994 habría requerido tanta agua como el caudal anual del Nilo en la presa de Asuán. En estas condiciones, dice la FAO, "es preferible importar alimentos y usar una cantidad limitada de agua para otros fines como la producción de cultivos de alto valor comercial para la exportación".

El comercio puede ser un buen aliado

SOFI 2003 incluye también un reportaje especial sobre: Comercio y seguridad alimentaria en los países en desarrollo.

"El comercio internacional puede tener un impacto clave en la reducción del hambre y la pobreza en los países en desarrollo", afirmó la FAO. "En general, los países que tienen un mayor volumen comercial gozan de niveles más altos de crecimiento económico."

La agricultura y el comercio agrícola juegan un papel muy importante en la economía nacional y en la seguridad alimentaria de los países en desarrollo.

Los países en donde más del 15 por ciento de la población pasa hambre deben dedicar más del doble de sus ingresos de exportación que lo que gastan los países con una mejor situación alimentaria a importar alimentos, explica el informe.

"Pero, su pobreza y su limitada actividad comercial reduce tanto sus ingresos de exportación como su posibilidad de comprar más alimentos en el mercado internacional", alertó la FAO.

Programa contra el Hambre de la FAO

El informe destaca algunos ejemplos de éxito de políticas destinadas a la reducción del hambre en el mundo, como los puesto en marcha en Brasil, Panamá, Kenya y Viet Nam, y hace un llamamiento a los países para que participen y apoyen el Programa contra el Hambre presentado durante la Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después.

El Programa contra el Hambre hace un doble planteamiento: preconiza medidas para aumentar la productividad y los medios de vida de los pequeños agricultores al tiempo que propone una acción inmediata para dar a las personas hambrientas acceso a los alimentos que necesitan.

El Programa contra el Hambre establece prioridades y recursos financierosnecesarios para la acción en cinco áreas:
  • mejorar la productividad agrícola de las comunidades rurales pobres;
  • desarrollar y conservar los recursos naturales;
  • ampliar la infraestructura rural y acceso a los mercados;
  • reforzar la capacidad de generación y difusión de conocimientos
  • asegurar el acceso a los alimentos para los más necesitados.
"En definitiva," manifestó de Haen, "el éxito en la reducción de las cifras del hambre requiere aunar la voluntad política necesaria para emprender reformas políticas e invertir recursos allí donde sea más necesario".

"Es por ello que", dijo de Haen, "la FAO ha lanzado un llamamiento para construir una Alianza Internacional contra el Hambre.

Una alianza que comienza por la colaboración entre gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, sector privado y cada uno de nosotros, a nivel nacional y regional, para movilizar la voluntad política, el conocimiento científico y los recursos financieros necesarios para reducir a la mitad el número de personas hambrientas para el año 2015."

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