22 de diciembre de 2003, Roma -- Para combatir con eficacia el hambre y la pobreza se necesita saber dónde están las personas que sufren de subnutrición y pobreza, y determinar los factores determinantes de su vulnerabilidad.

La FAO acaba de publicar sus "mapas del hambre" más recientes, en apoyo a la intervención de los responsables de tomar las decisiones para atender a estas poblaciones vulnerables.

Los nuevos mapas presentan datos de 1 100 unidades geográficas nacionales y subnacionales, y ofrecen a las autoridades normativas información más precisa para elaborar programas destinados a resolver problemas locales específicos.

Los mapas revelan la distribución de la subnutrición crónica en todo el mundo, utilizando como indicador la atrofia del crecimiento entre los niños menores de cinco años de edad.

Los mapas anteriores de la FAO sobre el hambre mostraban estimaciones del porcentaje de personas subnutridas que hay en los países, a partir de la disponibilidad de alimentos y del perfil demográfico de la población, pero no calculaban el número mismo de personas subnutridas que había en esos lugares. La información actual está recopilada en dos mapas: uno revela el porcentaje y el otro el número de niños con atrofia del crecimiento en todo el mundo.

El hambre: causa y consecuencia de la pobreza

La subnutrición crónica obstaculiza el desarrollo intelectual y físico de los niños, impide a las personas llevar una vida sana y productiva y menoscaba el desarrollo económico de los países. Por lo tanto, el hambre, consecuencia de la pobreza, también es una de sus causas.

"La subnutrición en los niños, como se presenta con un conjunto de factores -que la familia disponga de alimentos, de agua potable, sanidad y atención médica adecuadas- es un mejor indicador de la pobreza que considerarla exclusivamente como disponibilidad de alimentos o a través de los ingresos per cápita", explica Prakash Shetty, Jefe del Servicio de Planificación, Estimación y Evaluación de la Nutrición.

"Al reducir la subnutrición, se reduce la pobreza, porque una población saludable y productiva contribuye al crecimiento económico de las comunidades", prosigue.


Borrar el hambre del mapa

Las estimaciones nacionales del número de personas subnutridas sirven para seguir el progreso del país en el tiempo, pero no se pueden utilizar para atender a aldeas o regiones determinadas, ni para tratar las condiciones que infligen la pobreza y el hambre a sus habitantes.

"Dado que estos mapas señalan las zonas administrativas de los países, tienen particular utilidad para los responsables de tomar las decisiones en éstos ya que precisan la ubicación de los problemas de pobreza y subnutrición más grandes", explica Jeff Tschirley, Jefe del Servicio del Medio Ambiente y los Recursos Naturales.

Diversos países están utilizando mapas de la pobreza y el hambre para canalizar la ayuda alimentaria y los proyectos de obras públicas a las zonas donde residen los sectores más pobres.

Los nuevos mapas se elaboraron durante una investigación de la utilización de los sistemas de información geográfica (SIG) para hacer la cartografía de la pobreza y la inseguridad alimentaria, iniciativa de colaboración financiada por el Gobierno de Noruega. También constituyen un importante elemento de las actividades de la FAO comprendidas en la iniciativa de los Sistemas de información y cartografía de la inseguridad alimentaria y la vulnerabilidad (SICIAV), establecidos después de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996.

La combinación de estos mapas con otros indicadores socioeconómicos y ambientales puede revelar factores que contribuyen al hambre y sugieren perspectivas de intervención.

"Estamos preparando mapas con SIG para describir una variedad de condiciones agroecológicas: los sistemas de producción de cultivos alimentarios, acceso a los mercados, zonas frágiles expuestas a degradación. Estos datos pueden combinarse con la información sobre la subnutrición y revelar posibles nexos", explica Tschirley.

Se pueden elaborar mapas, por ejemplo, que muestren las zonas agrícolas semiáridas que carecen de un acceso adecuado a carreteras, donde el analfabetismo entre las mujeres es muy frecuente o donde hay una gran subnutrición infantil. Analizar las relaciones recíprocas entre estos factores puede contribuir a la elaboración de políticas eficaces y sostenibles para borrar el hambre del mapa.



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