![]() |
|
EL NUEVO TRATADO INTERNACIONAL SOBRE RECURSOS FITOGENÉTICOS PARA LA ALIMENTACIÓN Y LA AGRICULTURA ADOPTADO POR LOS PAÍSES MIEMBROS DE LA FAO EN NOVIEMBRE DE 2001 El papel de España en su elaboración y desarrollo José T. Esquinas-Alcázar y Álvaro L. Toledo La importancia de la diversidad biológica agrícola para la seguridad alimentaria y el desarrollo agrícola, y los riesgos asociados a la pérdida de la agro-biodiversidad La diversidad biológica agrícola, o más concretamente los recursos genéticos para la agricultura y la alimentación, constituye la fuente de los alimentos, vestidos y medicinas necesarias para toda la humanidad. El mayor reto que la humanidad debe afrontar a corto plazos es mejorar las condiciones de vida de los aproximadamente 800 millones de personas que actualmente no pueden desarrollar una vida plena por su incapacidad para acceder a una alimentación adecuada. Para afrontar este reto será imprescindible desarrollar sistemas agrícolas productivos, que garanticen que las necesidades básicas humanas presentes y futuras quedan cubiertas, y sepan manejar los recursos naturales de forma sostenible.El éxito en esta empresa dependerá de una gama más amplia de especies y del material genético de cada especie, incluyendo los genes de las especies silvestres afines a las domesticadas. Esta biodiversidad proporciona la materia prima que tanto agricultores como científicos utilizan para mejorar la productividad y la calidad de los cultivos, combinando el uso de las tecnologías tradicionales y las nuevas tecnologías. Por lo tanto, la biodiversidad agrícola es un recurso esencial para asegurar la seguridad alimentaria de la humanidad y el desarrollo sostenible de la agricultura. Actualmente no más de 120 especies cultivadas de plantas nos proporcionan un 90% de los alimentos, y tan sólo 12 especies vegetales y 5 especies animales nos proporcionan más de un 70% de los alimentos. Solamente 4 especies vegetales (patatas, arroz, maíz y trigo) y 3 especies animales (vacas, cerdos y pollos) nos proporcionan más de la mitad. A lo largo de los últimos cien años, ha tenido lugar una enorme pérdida de diversidad genética dentro de las llamadas "principales especies alimentarias". Cientos de miles de variedades heterogéneas de plantas cultivadas a lo largo de generaciones, han sido sustituidas por un reducido número de variedades comerciales modernas y enormemente uniformes. Sólo en los Estados Unidos ya han desaparecido más de un 90% de árboles frutales y especies hortícolas que aún se cultivaban a comienzos del siglo veinte, y tan sólo unas pocas se conservan en bancos de genes. Igualmente podemos encontrar cifras alarmantes en relación con la erosión genética de las razas animales domesticadas. Esta situación es prácticamente la misma en todo el mundo. La pérdida de diversidad biológica agrícola limita la capacidad de las generaciones presentes y futuras para afrontar los posibles e imprevistos cambios del medio ambiente y las necesidades humanas. Interdependencia y la necesidad de cooperación internacional En un mundo sometido a un rápido proceso de globalización e integración económica, la cuestión de la agrobiodiversidad pone de manifiesto varios tipos de interdependencia que nos deben hacer reflexionar y que sin duda tienen dimensiones éticas importantes. En general, podemos decir que ningún país del mundo es hoy autosuficiente en lo que respecta a la biodiversidad agrícola y que la dependencia media entre países para los cultivos más importantes es del 70%. Paradójicamente, muchos países que son pobres desde el punto de vista económico, por estar en general localizados en zonas tropicales y sub-tropicales, son ricos en genes y en diversidad genética que son necesarios para la supervivencia de la humanidad. La cooperación internacional en esta materia no es por tanto una posibilidad, sino una necesidad. Dicha cooperación debe contribuir a una distribución más justa y equitativa de los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos, proporcionando un incentivo imprescindible para asegurar que los países sigan desarrollando su diversidad genética, conservándola y manteniéndola a disposición de la humanidad. Existe también un tipo de interdependencia generacional. La biodiversidad agrícola es un tesoro precioso heredado de las generaciones que nos precedieron y que tenemos la obligación moral de transmitir en su integridad a las generaciones venideras para que puedan mantener sus opciones de cara al futuro. Sin embargo, los intereses de las generaciones futuras, que no votan ni consumen, no son suficientemente considerados por nuestros sistemas políticos y económicos. También podemos hablar de dependencia entre recursos genéticos y biotecnología. En general, los recursos genéticos constituyen la materia prima a la que se aplican las biotecnologías. Nuevas y cada vez más poderosas biotecnologías han aumentado drásticamente el potencial de los recursos genéticos, si bien no se debe ignorar que, en algunos casos, éstas pueden conllevar nuevos riesgos de carácter medioambiental y socio-económico. Por tanto, se hace cada vez más necesario desarrollar sistemas regulatorios que contribuyan a maximizar el potencial y minimizar los riesgos de dichas biotecnologías. El mundo industrializado ha desarrollado mecanismos jurídico-económicos como los derechos de propiedad intelectual (e.g. patentes y derechos del obtentor de nuevas variedades) para incentivar el desarrollo de nuevas biotecnologías y compensar a sus inventores. No existen, sin embargo, mecanismos económicos ni jurídicos que permitan compensar/incentivar de la misma forma a los "donantes" de la materia prima o recursos genéticos. Un paso importante en esa dirección ha sido el reconocimiento unánime por parte de los países miembros de la FAO de los Derechos del Agricultor (derechos de los donantes de recursos genéticos) como contrapeso a los Derechos del Obtentor (derechos de los donantes de tecnología), pero a diferencia de estos últimos, los primeros no son aún operativos. Los Derechos del Agricultor fueron aprobados por la Comisión de la FAO como "los derechos que provienen de la contribución pasada, presente y futura de los agricultores a la conservación, mejora y disponibilidad de los recursos fitogenéticos, particularmente en los centros de origen/diversidad" estableciendo como un objetivo de estos derechos "permitir a los agricultores, sus comunidades y países en todas las regiones participar plenamente de los beneficios que se deriven, en el presente y en el futuro, del uso mejorado de los recursos fitogenéticos". Aunque se trata de un tema aparentemente técnico, la conservación y el uso sostenible de los recursos genéticos tienen fuertes implicaciones de carácter socio-económico, político, cultural, legal y ético, que conllevan a menudo problemas capaces de poner en peligro el futuro de la humanidad. Es una responsabilidad ineludible de nuestra generación desarrollar sistemas, que teniendo en cuenta estos problemas y las implicaciones a las que hemos aludido más arriba, sepan encontrar soluciones éticas dentro de un marco político de amplio alcance que permita beneficiarse equitativamente a todos los países, y asegurar el futuro agrícola y alimentario de las generaciones futuras. Las Naciones Unidas como foro universal intergubernamental poseen un papel primordial en la negociación y el desarrollo de los acuerdos y normas internacionales necesarias en esta materia. Acción de la FAO y de las Naciones Unidas en materia de recursos fitogenéticos: El Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentción y la Agricultura Las acciones sistemáticas a nivel mundial comenzaron en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en los años 70 En 1983 la Conferencia de la FAO estableció la Comisión intergubernamental de Recursos Genéticos para la Agricultura y la Alimentación, que cuenta actualmente con 160 países miembros, y adoptó el Compromiso Internacional sobre Recursos Fitogenéticos. El compromiso reconocía los Derechos del Agricultor como contrapartida de los Derechos del Obtentor. En octubre de 2001, los países miembros de la Comisión concluyeron siete años de negociaciones para la revisión del Compromiso Internacional, en armonía con el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) y en noviembre de 2001, la Conferencia de la FAO aprobó dicho texto como acuerdo vinculante. Los objetivos de dicho Tratado son la conservación de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura para las generaciones futuras, su uso sostenible por la generación actual y la distribución justa y equitativa de los beneficios. El Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos hace compatible la regulación del acceso a los recursos genéticos con la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de su uso y la realización de los Derechos del Agricultor. En efecto, el Tratado reconoce la contribución que las comunidades locales e indígenas y agricultores han realizado para la conservación y el desarrollo de los recursos fitogenéticos y otorga a los gobiernos la responsabilidad de hacer realidad los Derechos del Agricultor en lo que se refiere a los recursos fitogenéticos. Además gracias al Tratado, los países desarrollarán el Sistema Multilateral de Acceso y Distribución de Beneficios, que se aplicará a más de 60 géneros vegetales importantes para la seguridad alimentaria. Estos recursos genéticos estarán disponibles para la utilización y conservación para la investigación, el mejoramiento y la capacitación. Contiene también disposiciones para la distribución de los beneficios obtenidos por el uso de los recursos, a través del intercambio de información, la formación de especialistas y el acceso y transferencia de tecnología. Prevée una estrategia de financiación para actividades y programas prioritarios, destinados a favorecer especialmente a los países en desarrollo. El Tratado entrará en vigor cuando 40 países lo hayan ratificado. El desarrollo de elementos importantes del Tratado relacionados con los Acuerdos sobre la Transferencia de Material (MTA), los Derechos de Propiedad Intelectual, mecanismos para la distribución de beneficios y estrategia financiera se realizará en la primera reunión del Cuerpo de Gobierno. El Cuerpo de Gobierno estará compuesto por los países que lo hayan ratificado. Debería ser, por tanto, un objetivo prioritario para todos los países estar entre los 40 primeros que lo ratifiquen, con el fin de defender sus intereses en la primera sesión del Cuerpo de Gobierno. La importancia estratégica de la conservación y utilización sostenible de los recursos fitogenéticos para España. España, por razones culturales y geográficas, ha servido de puente a lo largo de su historia para el intercambio de recursos genéticos de distintas culturas y continentes. La franja sudeste de la Península forma parte de uno de los centros de diversidad identificados por el científico ruso Vavilov en el siglo pasado. Desde los primeros siglos de nuestra era, España ha sido el puente entre África y Europa, y paso obligado de las técnicas culturales agrícolas y de recursos genéticos desde el mundo árabe hacia Europa. Así, se incorporaron a nuestra agricultura algunos cultivos procedentes de Asia como cítricos, el arroz o la berenjena. Posteriormente y a partir del siglo XVI, España ha sido el puente entre el Nuevo y el Viejo Mundo. Cultivos fundamentales en el Viejo Mundo, como el trigo, la cebada o el maíz llegan a América Latina a través de España e importantes cultivos desconocidos en Europa, África y Asia, como el maíz, la patata, las judías, el tomate o la calabaza, llegan a Europa a través de España, procedentes de América Latina. Nuestro país sigue siendo hoy en día uno de los países con mayor riqueza genética de Europa. El Informe Nacional para la Conferencia Técnica Internacional de la FAO sobre recursos genéticos elaborado en 1996 por el INIA destacaba que practicamente el 100 % de las variedades de olivo en cultivo son materiales autóctonos. En otros cultivos frutales como el albaricoquero, el almendro o la vid, predominan ampliamente las variedades locales y los cultivares antiguos. El Centro de Documentación de la Red del Programa de Conservación y Utilización de Recursos Fitogenéticos español, tiene documentadas 8.500 variedades locales de leguminosas grano (garbanzos, lentejas, judías, almortas,..) conservadas en los bancos de germoplasma de la Red Nacional, de las cuales más de 3.500 pertenecen al género Phaseolus, la comúnmente llamada judía. Sin embargo, en los últimos años se ha acelerado la perdida de diversidad agrícola en nuestro país. El informe del INIA citado anteriormente menciona cómo muchas variedades locales hortícolas de interés han sido sustituidas o sólo se cultivan para el autoconsumo o los mercados locales. Por otra parte la investigación debe seguir desarrollando nuevas variedades comerciales para poder adaptar los sectores productivos a las nuevas exigencias de producción y calidad impuestas por el mercado, ya sea a través de los programas de mejora clásica, la utilización de las nuevas herramientas biotecnológicas, o la necesaria combinación de ambas. Para garantizar el éxito de los programas de mejora los investigadores deberán disponer de una amplia gama de recursos genéticos procedentes de otros países. Un estudio realizado por Ximena Flores por encargo de la Comisión de Recursos Genéticos para la Agricultura y la Alimentación de la FAO indicaba que el grado de dependencia en recursos genéticos para España es del 71%-85% para los 35 cultivos más importantes en nuestro país. Es decir que para desarrollar nuevas variedades comerciales dependemos fuertemente de material genético externos que aporten genes de resistencia a plagas y enfermedades, aumenten el contenido de proteínas o aminoácidos esenciales, se adapten a los condicionantes agroecológicos de nuestro sector agrícola. Para evitar la desaparición de estos recursos valiosos se han ido estableciendo diversos programas y actividades para garantizar la conservación ex situ de estos recursos. El primer banco de semillas comenzó a funcionar en 1979, dependiente del INIA, y construido con ayuda del IBPGR, hoy IPGRI, en virtud de un acuerdo establecido entre ambos organismos en 1978. En 1981, y como consecuencia de la Orden del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) sobre conservación y utilización del patrimonio genético vegetal nacional, se establecieron diversos bancos de germoplasma para conservación a medio plazo y distintas colecciones in vivo de plantas de reproducción vegetativa. En 1993 se crearon el Programa de Conservación y Utilización de Recursos fito-genéticos del MAPA y el Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA. Integradas en la Red de Colecciones del Programa, actualmente hay colecciones con carácter de bancos de germoplasma en 13 de las 17 Comunidades Autónomas. Según el informe del INIA, los principales logros de las actividades sobre recursos fitogenéticos han sido: reducir la erosión genética, mejorar la producción y/o calidad de diversas especies comerciales, entre las que se incluyen especies tradicionales, y generar una tecnología importante. En los últimos años han surgido nuevas iniciativas para garantizar la conservación en cultivo de nuestros recursos genéticos. Actualmente se considera que el mejor sistema para conservar los recursos fitogenéticos de interés para la agricultura y la alimentación es que permanezcan dentro de su sistema de producción manteniendo su capacidad de adaptación y evolución. En la Unión Europea se están desarrollando proyectos que ligan la conservación en cultivo con el desarrollo y comercialización de productos de calidad a través de Denominaciones de Origen y las Denominaciones Específicas. En España existen ejemplos de este tipo de experiencias, como es el caso de las Judías del Barco de Ávila, el Espárrago de Huétor-Tájar o la berenjena de Almagro. Además, el Informe Nacional para la Conferencia Técnica Internacional de la FAO señalaba como indirectamente se está estimulando la conservación en cultivo de materiales autóctonos a través del fomento de la agricultura ecológica, cuya superficie ha pasado de 50.000 has. a casi 400.000 has. en los últimos cinco años. Los agricultores ecológicos buscan variedades adaptadas a sus condiciones agroecológicas sin hacer uso de agroquímicos, y una alternativa es el uso de variedades locales. Estos sistemas de producción generan productos con alto valor añadido, y si las tendencias actuales se confirman tendrán mayor importancia socioeconómica en nuestro país en un futuro próximo. En resumen, la conservación y utilización sostenible de la biodiversidad agrícola ha tenido y tendrá una enorme importancia estratégica para España. Historicamente nuestro país ha servido de puente para el intercambio de recursos genéticos de distintas culturas y continentes y dentro del contexto europeo somos un país rico en biodiversidad agrícola. En la actualidad disponemos de un programa nacional para la conservación y utilización de estos recursos y además la conservación en cultivo de la biodiversidad agrícola se integra dentro de sistemas de producción de calidad y respetuosos con el medio ambiente, que tendrán mayor importancia económica en nuestro país en un futuro próximo. Por último, los programas de mejora en España mantienen un fuerte grado de interdependencia respecto a recursos genéticos procedentes de otros países, y debe garantizar la cooperación internacional en materia de conservación, acceso y uso sostenible de recursos fitogenéticos. El papel de España en el desarrollo y negociación del Tratado Dada la importancia estratégica de la biodiversidad agrícola para España, no es de extrañar que el primer país que presentó en 1979 en la Conferencia de la FAO, una propuesta para un acuerdo internacional sobre recursos genéticos y un banco internacional de germoplasma, fuese España. A España también le corresponde el honor, en 1983, de desbloquear el impass político en las negociaciones de dicho acuerdo mediante su generosa oferta de poner su banco nacional de germoplasma bajo los auspicios de la FAO para la conservación de las collecciones ex situ de recursos fitogenéticos procedentes de todo el mundo. Fue de nuevo España el país que, en 1987, presentó la primera propuesta para el desarrollo de los Derechos del Agricultor. Todo ello justifica porque, a lo largo del proceso negociador, primero del Compromiso Internacional y después del flamante Tratado Internacional vinculante, España ha tenido la Presidencia de la Comisión dos veces y el Secretario de la Comisión, designado por el Director-General de la FAO, ha sido desde el primer momento y sigue siendo un español. Además la Comisión ha recibido apoyo financiero del Gobierno Español en varias ocasiones. En 1996, España contribuyó a la financiación de la IV Conferencia Técnica Internacional sobre Recursos Fitogenéticos - Leipzig. También se ha proporcionado apoyo financiero limitado para facilitar la participación de países en desarrollo en las siguientes reuniones de la Comisión. La Secretaria de la Comisión por su parte ha mantenido relaciones de cooperación técnica con diferentes instituciones españolas, por ejemplo participando en cursos y congresos organizados por Centro Internacional de Altos Estudios Agronómicos Mediterráneos (CIHEAM) de Zaragoza o del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA) de Madrid. Además de lo anterior, diferentes instituciones españolas han realizado estudios para la Secretaría de la Comisión, como es el caso de la Jardín Botánico de Córdoba o la Universidad Politécnica de Valencia. Como el resto de los miembros de la Unión Europea, España ha mantenido durante todo el proceso de negociación una postura de equilibrio y encuentro. Coincidiendo con la presidencia española de la Unión, el pasado seis de junio los quince miembros, así como la Comunidad Europea, firmaron el Tratado Internacional para los Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación. Además varios países ya han comenzado el proceso de ratificación en sus Parlamentos nacionales, debido a su interés por participar activamente en la primera reunión del Organo Rector del Tratado. La sociedad europea, y por extensión la sociedad española, se verá favorecida una vez el Tratado entre en vigor. Los consumidores se beneficiarán por la variedad en la oferta de productos alimentarios y agrícolas. Los agricultores a través del reconocimiento de los Derechos del Agricultor, que los países deberán hacer operativos en sus respectivas legislaciones nacionales. El Tratado también favorecerá al sector privado y a la comunidad científica, pues asegurará el acceso a una amplia gama de diversidad genética, la materia prima que necesitan para la investigación y la mejora de los cultivos. Además el Tratado constituirá una herramienta de cooperación fundamental para asegurar la seguridad alimentaria, el desarrollo agrícola sostenible, y la equidad inter e intrageneracional. José T. Esquinas-Alcázar Álvaro L. Toledo Esta ponencia pone de manifiesto el punto de vista de los autores y puede no reflejar necesariamente la política de la FAO y/o de sus Países Miembros. Para más información: -Noticias: El Tratado sobre los Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación, listo para su entrada en vigor -Discurso del Excmo. Sr. D. José de Carvajal en la firma del Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéricos. -Conferencia de José Esquinas Alzázar, Secretario de la Comisión intergubernamental de recursos genéticos, -con motivo del premio sobre innovación tecnológica agraria de Cataluña (PITA 2002)- titulada: El Tratado Internacional como una contribución importante para la construcción de un planeta sostenible y sin hambre. -España y las negociaciones del nuevo Tratado sobre Recursos Fitogenéricos para la Agricultura y la Alimentación. -Web de la Comisión de Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura (CRGAA). -Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura: -Compromiso Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos.
|
|