DECLARACION ADOPTADA POR CONSENSO EN EL DIA DE LOS PARLAMENTARIOS

Nosotros, los parlamentarios congregados en Roma el 15 de noviembre de 1996 para participar en la reunión organizada por la Unión Interparlamentaria con motivo de la celebración de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación y por invitación del Parlamento italiano, declaramos lo siguiente:

1. Expresamos nuestra profunda preocupación ante una situación en que cerca de 800 millones de personas en todo el mundo, especialmente en los países en desarrollo, padecen desnutrición crónica. Es intolerable que casi 200 millones de niños menores de cinco años sufran carencias proteinoenergéticas que amenazan su futuro, en la mayoría de las casos irremediablemente. A menos que se adopten con urgencia medidas enérgicas, el hambre y la inseguridad alimentaria persistirán y podrían incluso agravarse trágicamente en algunas regiones del mundo. El problema se manifiesta a escala mundial, aun en algunas de las sociedades más prósperas. Esta situación es una afrenta para la dignidad humana, una lacra social y una amenaza para la democracia.

2. Reconocemos que la inseguridad alimentaria -tanto para las familias como para las regiones y los países- tiene muchas causas físicas, geográficas, políticas, económicas y sociales interdependientes. Estas causas influyen en el desarrollo económico y repercuten en los ingresos de las personas y de países enteros, aunque afecta especialmente al sector agrícola. Al investigar las causas fundamentales de la inseguridad alimentaria, atribuimos especial importancia a la pobreza, que debe erradicarse si se quiere alcanzar el objetivo proclamado de conseguir "alimentos para todos".

3. Si bien la paz, la justicia social, la democracia y un ejercicio del poder transparente y responsable son condiciones previas todas ellas para que un país tenga un desarrollo económico y social sostenido, el aumento de la eficiencia de la producción agrícola y alimentaria es el factor decisivo para garantizar un suministro suficiente de alimentos, el cual deberá mantenerse a precios asequibles en todo el mundo, pero especialmente en los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos.

4. La producción de alimentos debe ser inocua para el medio ambiente. Para ello es necesario ampliar la inversión pública y privada en la creación de tecnologías apropiadas y aumentar la eficacia de la transferencia de dichas tecnologías a las poblaciones rurales mediante programas de capacitación y divulgación.

5. Deberán eliminarse los obstáculos materiales a la producción agrícola, como por ejemplo la falta de regulación del agua, la inseguridad de los canales de distribución de insumos y el acceso limitado a los mercados. Deberán adoptarse políticas económicas y sociales que sean propicias a la creación de un entorno favorable para la producción agrícola, especialmente para lograr que todos los agricultores y en particular las mujeres y los jóvenes de las zonas rurales tengan acceso a los conocimientos técnicos y a los medios de producción, inclusive la tierra y el crédito. Habrán de aplicarse mecanismos eficaces para garantizar la seguridad alimentaria de la población, especialmente en lo que respecta al acceso de los sectores más pobres a alimentos adecuados y a la constitución de reservas suficientes.

6. La consecución de la seguridad alimentaria requiere un esfuerzo constante a nivel internacional, basado en la cooperación y la solidaridad entre países, prestando la debida atención a las diferencias entre sus niveles de desarrollo. Este esfuerzo deberá tener por objeto promover el comercio y favorecer su liberalización, en condiciones equitativas, elaborar tecnologías inocuas para el medio ambiente, proteger los recursos naturales del planeta -en particular, fomentando la energía renovable y haciendo uso de la diversidad biológica- y asegurar el acceso a los recursos genéticos de manera que se garanticen los derechos inalienables de los países depositantes, así como potenciar la cooperación técnica y el intercambio de información. La contradicción entre las exigencias del desarrollo económico per se y la necesidad imperiosa de lograr que este desarrollo sea sostenible requiere un aumento de la asistencia internacional.

7. Si bien la asistencia oficial para el desarrollo -ya sea bilateral o multilateral- deberá aumentarse y reestructurarse para tener en cuenta las necesidades del sector agrícola, deberá estimularse igualmente la inversión privada en este sector. Es necesario que los donantes y organismos de financiación adopten un enfoque más radical encaminado a mejorar la calidad de las propuestas de desarrollo que permitirán invertir la actual tendencia descendente de la ayuda oficial para el desarrollo. Deberá conseguirse que el volumen de la ayuda alimentaria a los países en desarrollo sea suficiente para cubrir sus necesidades urgentes y se complemente con programas de asistencia orientados a la rehabilitación del sector agrícola y vinculados con planes de protección social que aseguren alimentos adecuados a los sectores más pobres de la población.

8. Reafirmando el derecho de todos los seres humanos a disfrutar de una alimentación adecuada, sana y equilibrada,

9. Nos comprometemos a promover la aplicación del Plan de Acción de la Cumbre en el seno de nuestros parlamentos respectivos. De modo más concreto, nos comprometemos a:

10. Instamos a los participantes en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación a que presten la debida atención a la presente Declaración, nos comprometemos a promover sus ideas en el seno de nuestras legislaturas respectivas y pedimos a la Unión Interparlamentaria que divulgue ampliamente esta Declaración en los parlamentos de todo el mundo y que establezca, en cooperación con la FAO, un mecanismo para vigilar la aplicación, a nivel parlamentario, de los compromisos adquiridos en Roma.

15 de noviembre de 1996