Declaración de clausura del Sr. Jacques Diouf,
Director General de la FAO - 17 de noviembre de 1996


(para ver el video clicar en la imagen)

Mis primeras palabras serán de agradecimiento para todos ustedes que han acudido desde las diferentes partes del mundo y en muchos casos desde muy lejos. Lo han hecho porque se consideran integrantes de una misma comunidad internacional y de una misma familia de naciones y de seres humanos.

A pesar de sus importantísimas obligaciones, dado el nivel de las funciones que desempeñan, se han congregado aquí para tratar de dar a ochocientos millones de personas de todo el mundo alguna esperanza de que su situación mejorará. El hecho de tener aquí a tantos Jefes de Estado y de Gobierno, a tantos vicepresidentes de gobierno, a tantos ministros, a tantos representantes populares reunidos para trabajar conjuntamente, animados por el auténtico espíritu de universalidad de las Naciones Unidas, es sin duda, para nosotros, la mejor razón para considerar que los esfuerzos que hemos realizado durante dos años y medio a fin de convocar esta Cumbre no han sido vanos.

Pero es también la razón por la que estamos convencidos de que la dedicación, el compromiso, el sentido ético de las cuestiones que ustedes han demostrado, garantizarán la actuación, garantizarán el seguimiento, garantizarán que, más allá de los compromisos y políticas internacionales, seguiremos avanzando en el plano nacional en que se adoptan las decisiones; y de que encontraremos en primer plano a los propios dirigentes nacionales junto con sus pueblos, porque son los que deben rendir cuentas y los únicos que pueden asegurar su desarrollo económico y social. Y también de que tendremos a los que viven en el mundo desarrollado al lado de la comunidad internacional, la FAO y las demás instituciones del sistema de las Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods, las organizaciones financieras regionales, que juntos trabajaremos para lograr que los niños de corta edad no lloren de hambre y que las madres no tengan que ver a sus hijos en una situación desesperada. Tenemos la posibilidad de hacerlo, tenemos los conocimientos prácticos, tenemos los recursos y, con la Declaración de Roma y el Plan de Acción, hemos demostrado que tenemos la voluntad necesaria.

Emprendamos ahora una carrera contra reloj con el fin de ir más allá del objetivo que nos hemos fijado de reducir a la mitad el número de personas que padecen hambre para el año 2015. Este no es un objetivo máximo; es un objetivo mínimo y estoy convencido de que lo que han demostrado ustedes aquí, durante estos días que pasarán a la historia, es sin duda la indicación más clara de que juntos ganaremos la batalla contra la pobreza, ganaremos la batalla contra el escepticismo, ganaremos la batalla contra el cinismo, ganaremos la batalla contra el egoísmo, y que lo mejor de los valores humanos prevalecerá en las relaciones entre naciones, entre estados, entre países y en el seno de las comunidades.

Gracias por haberme dado su apoyo y que Dios les bendiga.