Excmo. Sr. Romano Prodi,
Presidente del Consejo de Ministros de la República Italiana
y Presidente de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación
- 13 de noviembre de 1996

Texto del mensaje
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Señoras y Señores Jefes de las Delegaciones,
Señor Secretario General de las Naciones Unidas,
Señor Director General de la FAO:

Ante todo, deseo agradecer a la Cumbre el honor que ha tenido a bien concederme nombrándome Presidente de sus actividades. Estoy muy reconocido por este privilegio. También estoy reconocido por la elección de Roma como sede de la Conferencia que tengo el honor de inaugurar hoy y que confío que pueda merecer el calificativo de histórica.

Deseo recordar en primer lugar las grandes Conferencias que han convocado las Naciones Unidas en los últimos años para ocuparse de los problemas importantes de un mundo que está a las puertas del tercer milenio: la Conferencia sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de Rio de Janeiro, la Conferencia Internacional sobre Nutrición de Roma, la Conferencia de Derechos Humanos de Viena, la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo, la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de Copenhague, la Cuarta Conferencia sobre la Mujer de Beijing y la Conferencia sobre Asentamientos Humanos - Hábitat II de Estanbul.

La Cumbre de Roma sobre la Alimentación es el último eslabón de este diálogo. Un diálogo que las Naciones Unidas han mantenido de manera coherente con su mandato y con su composición y vocación universal. Un diálogo concentrado en el examen de los grandes temas del progreso social, económico y humano de las generaciones presentes y futuras. Deseo expresar un agradecimiento especial a la FAO por haber convocado y organizado esta Conferencia. Quiero poner de relieve la particular competencia de esta Organización, así como su disponibilidad para asumir responsabilidades especiales para la puesta en práctica de las que serán nuestras decisiones.

Considero que me hago eco de un deseo común al expresar la esperanza de que nuestro trabajo lleve a conclusiones ambiciosas y a compromisos precisos, encaminados a conseguir resultados de largo alcance. Las situaciones de urgencia presentes nos obligan a aplazar problemas que encontraremos en el futuro. Deseo aludir inmediatamente a uno que está impresionando de manera particular en estos días a la opinión pública mundial: el grave deterioro de la situación en la región de los Grandes Lagos, en relación con la cual el mismo Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha atraído la atención internacional hace unos días y ha invitado a los Estados Miembros a que adopten medidas humanitarias. Deseo vivamente, y tengo intención de actuar en consecuencia, que estas medidas se lleven adelante con prontitud y decisión, de manera que se pueda aliviar lo antes posible el sufrimiento de poblaciones que son víctimas de la situación actual.

El tema de la seguridad alimentaria ocupa un lugar central en el ámbito del desarrollo sostenible, considerado por todos como un objetivo prioritario e ineludible de la comunidad internacional. Este problema es cada vez más complejo. Hemos llegado a un punto en el que no se puede valorar y afrontar si no es en un marco de ámbito mundial, sólo de esta manera se pueden ver con claridad las múltiples facetas del problema de la seguridad alimentaria. La complejidad se pone de manifiesto en el Plan de Acción que debemos definir aquí: en los compromisos que se adquieran a partir de dicho Plan de Acción se deberá tener en cuenta esto.

Todos conocemos bien los tres componentes fundamentales de lo que llamamos "seguridad alimentaria": disponibilidad de alimentos, estabilidad de dicha disponibilidad y acceso a los alimentos. Queremos y debemos actuar en relación con los tres componentes, por lo que es necesario adoptar una serie de medidas. En primer lugar, es preciso un esfuerzo para garantizar y aumentar la producción agrícola, respetando el equilibrio del medio ambiente. Para esto hay que movilizar los recursos humanos, financieros y científicos necesarios. En segundo lugar, hay que seguir combatiendo la pobreza. Para ello hay que actuar en las esferas de la educación y la formación y el reconocimiento del valor del factor humano, en particular la función de la mujer, en unas condiciones que garanticen la tutela de los derechos humanos, la democracia y el buen gobierno.

Debido a esto, creo que se puede afirmar que la seguridad alimentaria constituye el fundamento no sólo de toda política de desarrollo, sino también de cualquier programa de equilibrio social, de estabilidad política y de dignidad de la existencia de cada persona.

Confío en que la intensa labor que iniciamos hoy nos conduzca a la aprobación de un Plan de Acción que se pueda aplicar a nivel local, nacional, regional y mundial. Para ello contamos con la contribución de las reflexiones y de la experiencia de todos los países y organismos aquí representados. El problema es complejo: en la búsqueda de soluciones intervienen numerosos protagonistas, y cada uno de ellos tiene que hacerse cargo de responsabilidades concretas. El sistema de las Naciones Unidas, y en su ámbito la FAO en particular, llevarán a la práctica las medidas oportunas de cooperación. Sin embargo, deberán contar con el apoyo de las políticas que adopten los gobiernos en el plano nacional. En efecto, todos los países tienen el derecho y el deber de definir la orientación del propio desarrollo y de crear las condiciones para un crecimiento económico y social con un objetivo de desarrollo sostenible y promoción de la persona humana. En este sentido, las conclusiones de esta Cumbre serán el punto de referencia de los futuros debates sobre los problemas de alcance mundial. Estoy pensando en particular en la Conferencia de la Organización Mundial del Comercio que se reunirá en diciembre en Singapur.

La contribución de todos los componentes de la sociedad civil será esencial para que puedan aunarse los recursos públicos y privados. Deseo recordar con profundo agradecimiento a este respecto las consultas mantenidas durante el mes de septiembre, con preparación de la Cumbre, entre la FAO y un número superior de 200 organizaciones no gubernamentales de más de 70 países. A las organizaciones no gubernamentales que en estos días celebran un foro de gran importancia en Roma dirijo en nombre de la Cumbre un caluroso saludo.

Recordemos el derecho inalienable a la eliminación del hambre y la malnutrición proclamado solemnemente en esta misma ciudad por la Cumbre Mundial de la Alimentación de 1974. Recordemos y reafirmemos este derecho en el momento en el que nos fijamos el objetivo de reducir para el año 2015, es decir, dentro de una generación, el número de personas desnutridas a la mitad. Es un compromiso que adquirimos ante la historia en aras de nuestras obligaciones para con las generaciones futuras.

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