
Sr. Francesco
Rutelli,
Alcalde de Roma - 13 de noviembre de 1996
| Texto del mensaje |
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Señor Presidente,
Señor Secretario General de las Naciones Unidas,
Director General de la FAO,
Distinguidos huéspedes:Tengo el honor de darles la bienvenida en nombre de la ciudad de Roma. No se trata de un saludo meramente formal, sino de una expresión sincera y llena de emoción.
Roma se siente orgullosa de acoger a la FAO y a la familia de las Naciones Unidas, el Organismo que se ocupa de los problemas de la alimentación en el mundo. Roma tiene el honor de hospedar esta Conferencia que será seguida con mucha atención y gran confianza desde muchas partes del mundo. Roma se siente complacida de poder contribuir con espíritu de amistad y cooperación a la Cumbre de la FAO y los demás acontecimientos que tendrán lugar en los próximos días. Esta antiquísima ciudad, dio origen a dos ideas que se han difundido ampliamente en gran parte de la cultura y la historia de la humanidad. Son palabras que tienen que ver con la tierra y la agricultura: la palabra "agri-mensura" y la palabra "lime", es decir, medidas y límites.
Todos necesitamos delimitar los campos, colocar las piedras que indican los límites, y podemos recordar, a este propósito, el gesto de Rómulo, quien, según la tradición, creó la ciudad de Roma hace 2 749 años. Lo hizo con un arado, con el cual trazó, de hecho, los límites en que se encuentra la FAO.
Voy a decir algo que tal vez no sea muy diplomático. Quisiera pedir a ustedes, que representan a los Gobiernos del mundo, que sean también tan concretos e inmediatos como lo eran nuestros antepasados. El poeta latino Ovidio escribió acerca del "cautus mensor", que midió y dividió la tierra. Ustedes que se han reunido aquí en Roma, pueden hacer un llamamiento a los seres humanos de todo el mundo, para que compartan un mensaje común de responsabilidad por el pan, la vida, el desarrollo, la autosuficiencia alimentaria y la cancelación de la deuda de los países más pobres.
La pobreza absoluta es el escándalo del mundo al final de este milenio. El hambre que padecen muchos de nuestros hermanos y hermanas tiene que ser erradicado de la tierra y gracias a la tierra, que pertenece a todos. Doy, pues, la bienvenida a todos ustedes a Roma.
Mañana por la tarde, junto con muchos de nuestros conciudadanos, celebraremos una marcha desde el Capitolio al Coliseo, atravesando todo el Foro Romano, como signo de fraternidad y de la confianza que tenemos en vuestra labor. La ciudad de Roma extiende su mano a todos ustedes sabiendo que a través de ustedes extendemos nuestra mano al mundo. Les deseo el máximo éxito en sus trabajos.