REUNION MINISTERIAL SOBRE LA SEGURIDAD ALIMENTARIA MUNDIAL |
Quebec, Canadá, 14-16 de octubre de 1995 |
INFORME DE LA REUNION MINISTERIAL SOBRE SEGURIDAD ALIMENTARIA MUNDIAL |
1. La Reunión Ministerial sobre Seguridad Alimentaria Mundial tuvo lugar del 14 al 16 de octubre de 1995 en la ciudad de Quebec, Canadá, en el Salón de Baile del Château Frontenac, el salón donde 50 años antes había sido fundada la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). El Gobierno de Canadá acogió la Reunión.
2. El Excelentísimo señor Romeo LeBlanc, Gobernador General de Canadá, pronunció un discurso ante los reunidos con motivo del Acto Inaugural. También estuvieron presentes dignatarios de la Provincia y de la ciudad de Quebec.
3. Tras la inauguración, el Director General de la FAO declaró abierta la Reunión de Ministros. Esta eligió como Presidente a S.E. Ralph Goodale, Ministro de Agricultura y Agro-Alimentación, Canadá, y Vicepresidentes a S.E. M. Frédéric Augustin Kodock, Ministro de Estado encargado de la Agricultura, Camerún; S.E. Liu Jiang, Ministro de Agricultura, China; S.E. señora Regina Revilla Pedreira, Secretaria General de Alimentación, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, España; S.E. Francisco Labastida Ochoa, Secretario de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, México; S.E. Assad Mustafa, Ministerio de Agricultura, Siria; y su Alteza Real el Príncipe Heredero Tupouto'a, Ministro de Asuntos Exteriores y Defensa, Tonga.
4. En el Anexo A figura el programa de la Reunión y en el Anexo B la lista de participantes. A continuación aparecen resumidas por el Presidente y aceptadas por los participantes las deliberaciones de la Reunión Ministerial. En el Anexo C. se recoge el discurso del Director General ante la Reunión Ministerial.
Notas del Presidente
5. Excelencias, señoras y señores: lo que sigue es un resumen de lo que, en mi opinión, son los principales puntos surgidos de nuestros debates, muy interesantes, pertinentes y productivos, en la presente Reunión Ministerial sobre la Seguridad Alimentaria Mundial. Tal como se ha convenido, este resumen del Presidente se ha preparado y se presenta bajo mi propia responsabilidad. Quisiera, no obstante, aprovechar esta oportunidad para agradecer a los Vicepresidentes su asistencia durante toda la Reunión y, en especial, sus observaciones al presente resumen.
Introducción
6. Los días 14-16 de octubre de 1995 se reunieron en Quebec, Canadá, los Ministros de Agricultura y otros Ministros y representantes de alto nivel de 145 países para examinar juntos el desafío de la consecución de la seguridad alimentaria universal. La Reunión se celebró en el Château Frontenac, donde 50 años antes los delegados de 44 países habían fundado la FAO, primero de los organismos especializados de las Naciones Unidas. Convocó la Reunión Ministerial sobre la Seguridad Alimentaria Mundial la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la acogió el Gobierno canadiense.
7. El principal tema del programa era "Preparativos para la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (Roma, 13-17 de noviembre de 1996)", con dos apartados titulados "Consideraciones generales para la consecución de la seguridad alimentaria mundial" e "Inversiones para conseguir alimentos para todos".
Highlights of the discussion
8. En su declaración introductoria, el Dr. Jacques Diouf, Director General de la FAO, señaló que la presencia del hambre, la desnutrición y la inseguridad alimentaria en extensas zonas del mundo, particularmente en Africa, tenían unas repercusiones reales muy graves para la población de todas partes. Destacó los esfuerzos de la FAO para organizar programas dinámicos y con unos objetivos claramente definidos que sirvieran para promover el desarrollo en los sectores agrícola, forestal, pesquero y de la nutrición.
9. El Director General señaló a la atención las diversas formas de inversión para la seguridad alimentaria. Si bien observó que los gastos en la agricultura de todas las procedencias habían ido disminuyendo considerablemente y que los sectores agrícola y rural, en particular, se habían visto afectados notablemente por esta tendencia negativa, el Dr. Diouf se refirió con moderado optimismo a las inmensas posibilidades que ofrecía a los inversores el desarrollo de la agricultura. Eran necesarias políticas nacionales para estimular el ahorro y la inversión internos y crear unas condiciones apropiadas para las intervenciones privadas. Las inversiones privadas y públicas deberían ir unidas e integrarse cuidadosamente, a fin de conseguir los máximos resultados.
10. El señor Edgard Pisani, Presidente del Simposio, presentó a la Reunión un resumen del resultado del Simposio FAO/Quebec de 1995, "El desarrollo al servicio de las personas", que se había celebrado en Quebec durante los tres días anteriores. El señor Pisani señaló a los Ministros que los participantes en el Simposio procedían de una amplia variedad de ambientes y campos de actividad, como la ciencia y la investigación, el sector privado, las organizaciones gubernamentales multilaterales para el desarrollo y el amplio sector no gubernamental. Estos participantes tan diversos habían llegado a un acuerdo sobre varios puntos importantes relativos a la búsqueda de la seguridad alimentaria universal, que deberían ser útiles en la preparación de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Estimaban, por ejemplo, que los esfuerzos para aumentar la producción y la productividad serían insuficientes a menos que estuvieran orientados por un análisis inteligente de los fenómenos sociales e institucionales predominantes. Los aumentos de la productividad en el futuro tendrían que ser de manera evidente sostenibles desde el punto de vista ecológico, a fin de que la Tierra siguiera alimentando a su población en aumento. Se distribuyeron a los participantes en la Reunión Ministerial las quince soluciones propuestas por el Simposio.
11. También pronunció una declaración ante los Ministros el señor René Salazar, de Searice, en Filipinas. El señor Salazar presentó un resumen de las conclusiones de la "Asamblea Mundial sobre la Seguridad Alimentaria", reunión de organizaciones no gubernamentales que se había celebrado en Quebec los días 8-10 de octubre, inmediatamente antes del Simposio, como contribución ulterior a la Cumbre sobre la Seguridad Alimentaria. Entre otras cosas, la Asamblea había llegado a la conclusión de que la seguridad alimentaria era un derecho humano fundamental y que los gobiernos tenían la obligación suprema de garantizarla.
12. Se informó asimismo a la Reunión de las conclusiones de una consulta sobre la seguridad alimentaria apenas concluida en Managua.
13. En el debate general que siguió a estas declaraciones iniciales, los Ministros y otros delegados reafirmaron su compromiso en relación con el sistema multilateral de cooperación en el marco de las Naciones Unidas, y en particular con las metas, los objetivos y el trabajo de la FAO en los sectores de la alimentación y la agricultura. Numerosos oradores destacaron los logros de la FAO en sus primeros 50 años de existencia. Los Ministros pusieron de relieve la importancia de la labor de la Organización en relación con los códigos y normas internacionales, el asesoramiento en materia de política agraria, la lucha integrada contra las plagas, las plagas y enfermedades transfronterizas, la pesca responsable, la ordenación de los recursos genéticos, el desarrollo forestal, los sistemas de alerta, el análisis sectorial y el control de la calidad de los alimentos. Insistieron también en la importancia de la actividad de la FAO proporcionando asistencia técnica a los países en desarrollo.
14. Al mismo tiempo, se expresó profunda preocupación ante el hecho de que la misión de la Organización distaba mucho de haberse completado, puesto que había más de 800 millones de personas afectadas en la actualidad por el hambre y la malnutrición crónica, muchas de ellas mujeres y niños, y que había muchas partes del mundo en desarrollo que seguían azotadas por una situación de inestabilidad e incertidumbre en cuanto al suministro de alimentos, especialmente en Africa. Así pues, la Reunión consideró que sus debates constituían una ocasión importante y oportuna para examinar los problemas y los desafíos planteados por esta situación de precariedad y un paso esencial en los preparativos de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, que se celebraría en Roma en noviembre de 1996.
15. A este respecto, los Ministros manifestaron su apoyo a la iniciativa del Director General de convocar la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, como medio para concentrar la atención internacional en un problema grave y todavía en aumento que requeriría una acción de base amplia y concertada a todos los niveles para abordar estos problemas persistentes, y a menudo profundos, vinculados al objetivo general de la consecución de la seguridad alimentaria y la garantía de la disponibilidad de alimentos para todos y el acceso a ellos.
16. En relación con el tema de la consecución de la seguridad alimentaria mundial, los Ministros reconocieron la responsabilidad primordial de cada país en la búsqueda de este objetivo y el desafío que planteaba el rápido crecimiento de la población de muchos de los países en desarrollo y los obstáculos ecológicos cada vez mayores para la producción agrícola. Aunque se han conseguido progresos impresionantes en la producción de más alimentos desde la creación de la FAO hace 50 años, es evidente que la disponibilidad de tierra cultivable de buena calidad está disminuyendo con rapidez y que el aumento del rendimiento parece estabilizarse para los principales cultivos de productos alimenticios, como el trigo y el arroz. Una gran parte del aumento del suministro de los productos necesarios para alimentar a las poblaciones crecientes y cada vez más urbanizadas tendrá que proceder de la intensificación de una producción sostenible desde el punto de vista ecológico, incluida la creación de infraestructura para permitir un control mayor del agua, el perfeccionamiento de servicios eficaces de investigación, servicios de extensión, crédito apropiado para las condiciones locales, comercialización y otros del sector agrícola y la utilización cuidadosa y con un objetivo definido de insumos apropiados, con la promoción de su producción local siempre que sea posible. Se señaló que las situaciones de inestabilidad y de catástrofes naturales obstaculizaban los esfuerzos para alcanzar el desarrollo socioeconómico y una seguridad alimentaria duradera y desviaban los escasos recursos.
17. Los Ministros consideraron que la seguridad alimentaria era un tema complejo, con diversas dimensiones en los planos familiar, de los sistemas agrícolas, nacional, subregional y mundial. Observando que había muchos países en desarrollo de bajos ingresos que siguen afectados por un déficit crónico de alimentos, se insistió en la necesidad de una actuación concertada de los gobiernos con el apoyo de la comunidad internacional. Se indicó también que el aumento de la demanda real de alimentos en los países en desarrollo con un crecimiento rápido era un factor importante para la seguridad alimentaria mundial. Se estimó que esto era especialmente importante en un mundo en el que las relaciones eran cada vez más estrechas y donde los problemas de la alimentación y la seguridad alimentaria adquirían una dimensión universal. A este respecto, los Ministros acogieron con satisfacción la clara prioridad que estaba concediendo ahora la FAO al problema de la seguridad alimentaria en sus principales programas normativos y operacionales.
18. Al observar que la pobreza de los países en desarrollo estaba concentrada en gran medida en las zonas rurales, los Ministros establecieron una conexión clara entre pobreza y seguridad alimentaria. Se consideró que el aumento de la producción de alimentos y el crecimiento agrícola en general eran un elemento esencial para abordar la mayoría de los problemas de la pobreza de los países en desarrollo.
19. Más allá de la necesidad de producir más alimentos, los Ministros reconocieron que los problemas de la seguridad alimentaria coincidían con mucha frecuencia con los del acceso a los alimentos y su distribución. Numerosos oradores se refirieron a la necesidad de mejorar el acceso a los productos alimenticios básicos mediante la erradicación de la pobreza y el aumento de los ingresos en general, tanto en las zonas rurales como urbanas. Con objeto de conseguir alimentos para todos, se requerían esfuerzos denodados para promover una distribución equitativa de los frutos del crecimiento y el desarrollo económico, incluso entre los grupos vulnerables y las poblaciones marginadas de los países. Esto era también necesario con objeto de mitigar el problema de la inmigración de las poblaciones rurales hacia centros urbanos sin condiciones apropiadas.
20. En relación con la consecución de la seguridad alimentaria, varios Ministros prestaron especial atención a la función de las mujeres, que eran la principal fuente de producción de alimentos en muchos países y que desempeñaban también una función empresarial indispensable en el sistema alimentario, particularmente en Africa. Era necesario que las mujeres tuvieran pleno acceso a unos servicios e insumos agrícolas apropiados y que se beneficiasen de los marcos jurídicos y legislativos, a fin de asegurar su contribución vital a la seguridad alimentaria.
21. Algunos Ministros pusieron de relieve que el aumento de la producción de alimentos en el futuro debía ser sostenible a largo plazo y tratar de conservar, e incluso mejorar, el conjunto de los recursos naturales a partir de los cuales se obtenía la producción. A este respecto, se subrayó en particular la necesidad de proteger y conservar a largo plazo la fertilidad del suelo y utilizar los escasos recursos hídricos de manera eficaz y efectiva. Se hizo también referencia a la valiosa contribución de los bosques y las cuencas hidrográficas para garantizar una base sostenible de recursos naturales esencial en orden a conseguir alimentos para todos, para las generaciones futuras. Varios Ministros destacaron asimismo la importancia del desarrollo sostenible de la pesca para conseguir la seguridad alimentaria, así como la necesidad de proteger y ordenar de manera sostenible los recursos pesqueros costeros, de alta mar y continentales.
22. Tomando nota de la aparente tendencia ascendente de los precios internacionales de algunos productos alimenticios básicos, varios Ministros hicieron referencia a los posibles efectos que podrían ejercer sobre el suministro de alimentos de los países en desarrollo la reciente conclusión de la Ronda Uruguay de Negociaciones Comerciales Multilaterales. No obstante, la apertura de mercados como consecuencia de este acuerdo se preveía que estimularía el comercio de los productos alimenticios y agrícolas y se puso de relieve la función práctica de la FAO en la asistencia a sus Estados Miembros para aprovechar las oportunidades y efectuar ajustes en este sentido.
23. Los Ministros y otros participantes aportaron abundantes ideas y numerosas experiencias nacionales al debate sobre el tema de las inversiones para conseguir alimentos para todos. Convinieron en que la inversión, combinada con la voluntad política de reestructurar las normas con objeto de favorecer la agricultura, era esencial para promover el crecimiento alimentario y agrícola en las zonas rurales en las que habitaba la mayoría de la población más pobre del mundo. Tras elogiar el documento informativo que había preparado la FAO sobre este tema por su carácter analítico y su interés, los Ministros tomaron nota de la importante función, incluso predominante, que desempeñaba la inversión privada en la generación de crecimiento de la alimentación y la agricultura, especialmente por medio de los recursos asignados por los propios agricultores. A este respecto, se puso de relieve una vez más la contribución decisiva de las mujeres, así como la importancia de la movilización de los ahorros locales. Las inversiones privadas, no sólo en las explotaciones, sino también para el suministro de insumos y servicios y para la elaboración, el almacenamiento, la distribución y la comercialización de los productos, se consideraban fundamentales para aumentar la producción alimentaria y agrícola.
24. Al mismo tiempo, la reunión subrayó la función decisiva de apoyo y complementaria desempeñada por las inversiones públicas en el crecimiento agrícola y en el desarrollo rural en general. Tales inversiones, que en numerosos países en desarrollo, y sobre todo en los países menos adelantados, era preciso respaldar mediante la cooperación con instituciones de financiación multilateral u otras fuentes internacionales de financiación, eran decisivas para proporcionar infraestructura básica, por ejemplo de riego y de control del agua, y bienes y servicios públicos cuidadosamente seleccionados. Estos elementos, junto con unas condiciones normativas apropiadas, eran esenciales para estimular y apoyar las corrientes de recursos privados hacia el desarrollo alimentario y agrícola, y en este sentido podrían tener unos efectos catalizadores y multiplicadores importantes. Si bien las corrientes internacionales de asistencia hacia los países en desarrollo serían siempre pequeñas en relación con el capital total necesario para el crecimiento agrícola y rural, se consideró que sus efectos potenciales eran muy significativos, especialmente en los países menos adelantados.
25. Por último, al examinar la función futura de la FAO, los Ministros pidieron que se aumentaran la coordinación y las asociaciones operativas, por ejemplo con instituciones financieras internacionales, otros organismos y las ONG y el sector privado, con objeto de aumentar al máximo los efectos de los escasos recursos utilizados. Mediante dicha colaboración, los Estados Miembros confiaban en que la FAO contribuyera de manera destacada a los objetivos de desarrollo - entre ellos la seguridad alimentaria universal - en los próximos decenios.
26. Después de concluir su debate sobre temas sustantivos, los Ministros se volvieron a reunir para celebrar el acto conmemorativo especial del Cincuentenario de la FAO. Después de la proyección de un vídeo sobre el tema "Alimentos para todos", se dirigieron a los Ministros dos invitados muy especiales: el Embajador Juan Felipe Yriart, signatario por Uruguay de la Constitución de la FAO en octubre de 1945 y el profesor Stefan Fisera, de la República de Eslovaquia, miembro de la delegación de Checoslovaquia en el primer período de sesiones de la Conferencia de la FAO, celebrado el 16 de octubre de 1945.
27. El Presidente pronunció una alocución a los ministros, en nombre del Excelentísimo señor Jean Chrétien, Primer Ministro del Canadá. El Director General se dirigió entonces a la reunión y su declaración fue seguida de un mensaje de Su Santidad el Papa Juan Pablo II, presentado por Monseñor Alois Wagner.
28. La Reunión Ministerial aprobó por aclamación la Declaración del Cincuentenario de la FAO sobre la Agricultura y la Alimentación, conocida también como "Declaración de Quebec", que se remitiría, para su aprobación, a la Conferencia de la FAO en su 28º período de sesiones.
29. El Presidente obsequió al Director General con un álbum conmemorativo del que se repartieron ejemplares a todos los ministros. Por último, el Presidente y el Director General descubrieron juntos una placa conmemorativa del Cincuentenario de la FAO, señalando que sería colocada en el exterior del Château Frontenac, al lado de otra placa existente que conmemoraba la fundación de la FAO en 1945.
30. Entre los invitados especiales al acto conmemorativo del Cincuentenario de la FAO estaban el señor José Ramón López Portillo, Presidente Independiente del Consejo de la FAO y su esposa, el Dr. Dieter F.R. Bommer, Presidente del Comité del Programa de la FAO y el Dr. Edouard Saouma, antiguo Director General de la FAO y su esposa. (El señor López Portillo y el señor Bommer asistieron también a la Reunión Ministerial). Los señores Jean Chapdelaine, Ewart Reid, André Patry y Harry Winsor, ciudadanos canadienses que habían estado presentes en la primera Conferencia de la FAO, celebrada en el Château Frontenac en octubre de 1945, asistieron también como invitados especiales.
1. Apertura de la Reunión
2. Elección del Presidente y de los Vicepresidentes
3. Aprobación del programa y del calendario
4. Declaración del Director General
5. Resultado de los debates del Simposio FAO/Quebec de 1995, "El desarrollo al servicio de las personas"
6. Preparativos para la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (Roma, 13-17 de noviembre de 1996)
- Consideraciones generales para lograr la Seguridad Alimentaria Mundial
- Inversiones para conseguir alimentos para todos
7. Otros asuntos
8. Observaciones finales del Director General y del Presidente
9. DIA MUNDIAL DE LA ALIMENTACION - Conmemoración del Cincuentenario de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
El Cincuentenario de la FAO nos ofrece, gracias a la generosa hospitalidad del Canadá, y de la Provincia y la ciudad de Quebec, la ocasión de volver a los orígenes. Se trata efectivamente de un regreso y no sólo, ni tampoco principalmente, de un peregrinaje romántico al sitio donde nació nuestra Organización. Ante una situación en que la humanidad se ve amenazada por graves peligros, se trata de reencontrar el espíritu y el impulso que animaron a nuestros fundadores hace medio siglo. Se trata de volver a nuestras raíces, renovar nuestras energías, reavivar nuestra creatividad.
Esta Reunión Ministerial se inscribe en un proceso que ha dado ya lugar a un importante debate sobre el puesto que ocupa el ser humano en el desarrollo y que debe desembocar el año que viene en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Se les pide a ustedes que examinen las conclusiones del simposio y den al mismo tiempo un gran paso adelante en la preparación de la Cumbre. Es evidente que, después de un abierto debate entre los representantes de los gobiernos, las empresas, las asociaciones y el mundo universitario, se requería un acontecimiento de muy alto nivel como éste para iniciar el proceso de decisiones políticas y de movilización popular que es el único que podrá conducirnos hasta nuestro objetivo: eliminar de la faz de la tierra el hambre y su principal causa - la miseria; o, para utilizar el lema del decimoquinto Día Mundial de la Alimentación y del Cincuentenario de la FAO, conseguir "Alimentos para todos".
He tenido y tendré todavía ocasión de exponer las dimensiones del problema, sobre el que no es necesario extenderse aquí. Por las funciones que desempeñan, están ustedes mejor informados que nadie sobre el tema. En muy raras ocasiones he tenido ocasión de dirigirme a un auditorio tan consciente del hecho de que no es aceptable ni posible vivir en un mundo que cuenta en los países en desarrollo con 800 millones de personas malnutridas y cerca de 200 millones de niños de menos de cinco años que padecen carencias proteinoenergéticas agudas o crónicas. La simple presencia de ustedes aquí, a pesar de las numerosas ocupaciones que tienen, testimonia la importancia que tanto ustedes como sus gobiernos atribuyen a la cuestión que se nos plantea hoy con semejante urgencia.
Ustedes comprenden mejor que nadie que no habrá salvación si no logramos ganar la carrera entre el crecimiento demográfico y la producción de alimentos en los países en desarrollo, es decir, precisamente allí donde nacerá la mayor parte de los tres mil millones de habitantes suplementarios con que contará el mundo en el año 2030. El núcleo del problema consiste por lo tanto en encontrar la forma de que la producción de alimentos progrese con la suficiente rapidez y de manera sostenida en los países del Tercer Mundo, y muy especialmente en los más desposeídos de ellos, a saber en los 88 países de bajos ingresos con déficit de alimentos, cuya mitad exactamente - 44 - se encuentra en Africa, y los demás están repartidos entre las regiones de Asia y el Pacífico 19, América y el Caribe 9, Cercano Oriente 4, Europa y las ex repúblicas soviéticas 12.
Una empresa sin duda formidable y erizada de dificultades. Sin embargo, ¿sobrepasa esta empresa, como algunos parecen resignarse fácilmente a creer, las posibilidades de una humanidad capaz de lanzarse a la conquista del cosmos, explorar los secretos de la materia y dominar la energía, revolucionar la genética y curar tantas enfermedades que apenas ayer eran mortales? No; no estaríamos nosotros aquí, y la FAO no habría luchado durante 50 años ni se prepararía con tanta energía para los futuros combates si no tuviéramos la firme convicción de que la victoria no es inalcanzable y que el objetivo puede y debe ser alcanzado. Para lograrlo, será necesario lanzar y llevar plenamente a término una acción de gran envergadura que aborde a la vez el problema desde el punto de vista técnico, financiero y político; tres aspectos que, por otra parte, están íntimamente ligados entre sí.
En mayor medida que los otros, el aspecto técnico es un cometido propio de la FAO, que ha definido sus dimensiones basándose en importantes estudios de prospectiva. El más reciente - Agricultura: hacia el año 2010 - analiza la amplitud previsible de las necesidades y las posibilidades que subsisten de extender las superficies cultivadas y aumentar los rendimientos. La FAO se ha dedicado asimismo a extraer las enseñanzas del pasado y, sobre todo, de la Revolución Verde que ha dado resultados espectaculares, especialmente en la región de Asia y el Pacífico, donde la disponibilidad de alimentos por habitante se ha elevado en un 35 por ciento en 30 años, mientras que hace apenas una generación, el sentido común hacía dudar de que la región fuera nunca capaz de autoalimentarse. Sobre esta base, la FAO ha decidido lanzar una nueva Revolución Verde, evitando los escollos con que tropezó la primera, es decir, fundamentalmente, los efectos negativos sobre el medio ambiente y el riesgo de beneficiar sobre todo a los productores más acomodados e instruidos, dejando marginados a los más pobres.
A costa de un intenso trabajo, la Organización ha puesto en marcha programas dinámicos y bien ajustados al servicio del desarrollo en los sectores agrícola, forestal y pesquero, así como en el ámbito de la nutrición. No es este el lugar ni la ocasión para extenderme sobre este aspecto, por lo cual me limitaré a recordar brevemente los dos programas especiales que, a propuesta mía, fueron aprobados por el Consejo de la Organización en junio de 1994 y a los cuales damos una importancia particular por estar llamados a obtener un rápido impacto sobre la producción agrícola en general y alimentaria en particular.
El primer Programa se refiere a la producción de alimentos en apoyo de la seguridad alimentaria en los países de bajos ingresos con déficit de alimentos. Se trata de un mecanismo que incluye la selección de proyectos experimentales, la aplicación de tecnologías adecuadas, en especial para garantizar el aprovechamiento del agua, la adopción de sistemas de producción que protejan el medio ambiente, la promoción de políticas económicas favorables y el refuerzo de la capacidad nacional. Basado en la participación de las comunidades agrícolas y del personal de extensión, dentro del marco de unas medidas socialmente equitativas, sobre todo para los más desfavorecidos, este Programa tiene por objeto aumentar la disponibilidad de alimentos, estabilizar los rendimientos y crear empleo e ingresos en el sector agrícola.
El otro Programa se denomina "Sistema de prevención de emergencia de plagas y enfermedades transfronterizas de los animales y las plantas". En su fase actual, pone el acento sobre todo en la lucha contra la langosta y la peste bovina, dos plagas que provocan cíclicamente importantes destrozos, especialmente en Africa, Cercano Oriente y Asia sudoccidental.
Es evidente que los planes mejor concebidos se convierten en letra muerta si no se dispone de los medios necesarios para realizarlos. Un crecimiento agrícola como el que tenemos que conseguir exige una inyección verdaderamente masiva de capitales, de tecnologías más eficaces y apropiadas, de insumos, conocimientos y técnicas, en resumen una aportación de ayuda e inversiones de una magnitud sin precedentes.
Ahora bien, ¿qué sucede con la asistencia oficial para el desarrollo, para la cual las Naciones Unidas habían fijado hace ya mucho tiempo un objetivo equivalente al 0,7 por ciento del producto nacional bruto de los países donantes? Son conocidas las dificultades encontradas durante decenios para alcanzar este objetivo, que sólo algunos países han podido conseguir y, en número aun más escaso, sobrepasar. El final de la guerra fría hizo nacer grandes esperanzas: al haber perdido todo sentido la carrera de armamentos, las enormes sumas de dinero y de recursos humanos que consumía sin beneficio alguno, se podrían dedicar y canalizar hacia empresas pacíficas de desarrollo, generadoras de prosperidad y de bienestar para toda la humanidad.
Estas grandes esperanzas se han visto cruelmente frustradas. En lugar de aproximarse al objetivo fijado, éste se ha alejado aún más: en 1970, la ayuda oficial al desarrollo representaba 0,34 por ciento del PNB de los países donantes; en 1994, había caído al 0,29 por ciento. El sector agrícola ha sufrido más que ningún otro. La ayuda que recibe ha disminuido tanto en valor absoluto como en porcentaje del total. Calculada en dólares constantes de 1990, ha descendido de 15 900 millones en 1981-83 a 11 200 millones en 1991-93. En el mismo período, la proporción que representaba en el total de la ayuda pasó del 24,5 al 16 por ciento.
Sin embargo, los signos de una recuperación económica se multiplican; además, los resultados obtenidos por los diversos países que han conseguido salir del subdesarrollo y los esfuerzos en materia de ajuste estructural realizados por muchos otros deberían normalmente restablecer un clima de confianza y estimular la necesaria reanudación de las corrientes de ayuda. No obstante, existen dificultades reales. Una parte importante de los recursos que los principales donantes están dispuestos a proporcionar a los organismos internacionales ha sido y sigue siendo absorbida por numerosas operaciones de mantenimiento de la paz realizadas para poner freno a los conflictos y masacres que ensangrientan el planeta. En cuanto a la ayuda bilateral, no manifiesta, fuera de la ayuda militar, ningún signo de recuperación; por el contrario, la tendencia descendente sigue acentuándose, con algunas honrosas excepciones. Sería por consiguiente inútil esperar un aumento de las corrientes de ayuda mientras la paz y el orden no se hayan impuesto en las diferentes partes del mundo.
Pero la inversión no es sólo la asistencia oficial para el desarrollo. En efecto, es menester fomentar el ahorro interno para estimular la financiación nacional pública y privada y crear también condiciones favorables para un aporte complementario de recursos privados externos.
El desarrollo del sector agrícola ofrece a los inversores un inmenso campo. Si se quiere garantizar un fuerte crecimiento de la producción, protegerla de los imponderables, evitar las pérdidas y facilitar la colocación de los productos en el mercado, es preciso invertir en sectores muy variados. Transferencia de tecnología; provisión de material e insumos de todo tipo; ordenación forestal; fomento de la acuicultura y las industrias conexas; planificación y construcción de obras hidroagrícolas en el marco de un plan integrado de ordenación de las cuencas hidrográficas y de aprovechamiento del agua; protección contra las pérdidas mediante la lucha contra plagas y enfermedades y la creación de infraestructuras tales como instalaciones de almacenamiento, carreteras y redes de transporte; desarrollo de los recursos humanos por medio de la enseñanza, la capacitación y la extensión: una lista que está lejos de ser exhaustiva.
Estas realizaciones exigen estudios detallados de viabilidad y proyectos "financiables", que tengan en cuenta los parámetros más diversos: rentabilidad económica y financiera; impacto a medio y largo plazo; dimensiones óptimas del proyecto; selección de las tecnologías; capacidad de absorción; protección del medio ambiente natural y cultural; posibilidad de que el personal nacional y la población se hagan cargo progresivamente del proyecto; equidad en la distribución de los beneficios, etc.
El "despegue" conseguido por varios países en desarrollo a partir del crecimiento del sector agrícola debería ser la garantía de otros éxitos cuyas repercusiones en materia de crecimiento y empleo se dejarán sentir también en los países desarrollados, constituyendo un incentivo adicional para invertir en países con perspectivas de futuro.
Evidentemente los tipos de inversión prioritaria varían de una región a otra. En Asia, donde el crecimiento agrícola logrado con la Revolución Verde corre el peligro de llegar a su límite, la reparación de las instalaciones de riego, el drenaje y la reglamentación de los derechos de acceso al agua tienen una importancia de primer orden. En Africa, donde a pesar de que hay tanto por hacer, la superficie regada alcanza apenas al siete por ciento de las tierras de cultivo, los programas de ordenación hidroagrícola realizados por la población son una condición para toda modernización, mientras que en América Latina, reformas agrarias basadas en los mecanismos del mercado resultan una prioridad esencial.
No es fácil determinar la magnitud de las inversiones necesarias para alcanzar la tasa de crecimiento prevista en el estudio de la FAO Agricultura: Hacia el año 2010, pero es sobre todo en el Africa subsahariana donde las inversiones netas en la producción y la comercialización deberán registrar un fuerte crecimiento con respecto a los niveles actuales.
La eficacia de las inversiones es tan importante como su volumen. A este respecto, los esfuerzos de reajuste estructural ya realizados han permitido reducir disposiciones y estructuras ineficaces, así como crear incentivos para la inversión privada. No obstante, subsisten numerosas perturbaciones económicas y sociales, y los problemas de la transición no siempre han recibido la atención y las soluciones apropiadas.
Es evidente, sin embargo, que son los países en desarrollo los que deberán financiar la parte esencial de las inversiones necesarias para su despegue. Los ingresos públicos, los ingresos procedentes de la exportación y el ahorro deberían contribuir a la constitución de los capitales necesarios. Pero en numerosos países es la movilización de los agricultores para realizar inversiones y mantenerlas la que ofrece las posibilidades más alentadoras, aun cuando en muchos de ellos sea necesario un firme apoyo exterior para completar el esfuerzo nacional.
La instauración de una verdadera seguridad alimentaria en el mundo no se conseguirá a menos que todos los interesados - los gobiernos de los países en desarrollo y desarrollados, pero también los inversores privados y los organismos internacionales de financiación - den pruebas de una determinación política clara, coherente y constante, aun a costa de cuestionar conceptos, criterios y actitudes por mucho tiempo considerados inmutables.
Ya se trate de aspectos técnicos, financieros o políticos, hay un elemento que reviste una importancia primordial y que hay que tener siempre presente: la dimensión temporal. El tiempo de la agricultura (y aún más el de las actividades forestales) no es el tiempo de la industria o del sector terciario. Los ritmos son más lentos. Las transformaciones no se producen de un día para otro. Los resultados sólo se ven después de un largo período. Para que sean significativos, los análisis de las tendencias deben efectuarse a medio y largo plazo. La realización y evaluación deben concebirse con una perspectiva mucho más prolongada. En pocas palabras, la paciencia del campesino debe convertirse en una virtud importante del inversor.
En el momento presente, los problemas de la seguridad alimentaria tienen una importancia vital: está en juego la supervivencia de la humanidad. Si por desgracia no consiguiéramos evitar el hambre, si fracasaran los esfuerzos por proporcionar "alimentos para todos", todos los habitantes de la aldea global, ricos y pobres, estaríamos en peligro. Tal es, Señoras y Señores Ministros, la dimensión del desafío que nuestros gobiernos y nuestros pueblos están llamados a afrontar ahora y en el futuro. Confiamos, pues, en que nuestro retorno a las fuentes, en este Cincuentenario de la FAO, nos ayude a reencontrar la amplitud de miras, la esperanza, la energía y la tenacidad que han presidido el nacimiento y la vida de nuestra Organización. Así, la Reunión Ministerial que se inaugura esta mañana será portadora de esperanza y marcará una etapa decisiva en la realización del sueño - o más bien del grande y lúcido designio - de nuestros fundadores: liberar a la humanidad del hambre.
Muchas gracias.