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La FAO ayuda a las personas hambrientas a alimentarse: Programa Especial para la Seguridad Alimentaria (PESA)


Panorama general


Muchos se sorprenden de que las personas más hambrientas del mundo sean agricultores. En los países en desarrollo, alrededor de las tres cuartas partes de las familias afectadas por la pobreza y el hambre crónica viven en el medio rural y sus medios de subsistencia dependen de manera directa o indirecta de la agricultura o la pesca. Su pobreza y hambre se deben a menudo a la falta de acceso a suficiente tierra de buena calidad, pero incluso cuando hay tierra disponible tienen dificultades para hacer un buen uso de ella. Muchos agricultores simplemente no pueden reunir el capital necesario para introducir las mejoras que les permitirían aumentar la producción y de esta manera mejorar el suministro de alimentos a la familia y obtener algunos ingresos. Otros pueden carecer de los conocimientos prácticos que necesitan para aumentar la producción o pueden preocuparse porque, si consiguen un mayor rendimiento, tal vez no consigan vender el superávit a un precio que los recompense por el trabajo y los gastos adicionales. En algunos países, en particular cuando las precipitaciones son escasas o irregulares, siempre existe el riesgo de pérdida de las cosechas y muerte del ganado, que es el principal activo de los pastores. Por otra parte, a medida que aumentan las poblaciones costeras las poblaciones de peces cercanas a la costa se ven sometidas a presión y se reducen las capturas por pescador.

En las peores situaciones, la población rural cae en la trampa del hambre, de la cual es difícil escapar. A veces tienen que vender su producción en el momento de la recolección, cuando los precios son bajos, a fin de obtener fondos que les permitan pagar las deudas o cubrir gastos urgentes, y lo que queda en sus almacenes no es suficiente para mantener a la familia hasta la siguiente cosecha: reducen el consumo de alimentos y luego carecen de energía para labrar y sembrar sus tierras, de manera que la siguiente cosecha es menor y el nudo se aprieta. Podemos ver cómo está sucediendo esto ahora en gran escala en el África austral, donde hay millones de habitantes del medio rural al borde de la hambruna simplemente porque no tienen resistencia para hacer frente a la pérdida de dos cosechas sucesivas.

En casi todos los países en desarrollo predomina en el sector agropecuario un número enorme de pequeños agricultores. Sólo en África, se estima que hay alrededor de 70 millones de tales familias de agricultores. No sólo producen la mayor parte de los cultivos de alimentos básicos y productos pecuarios, como huevos, leche y carne, sino que con frecuencia también son los principales productores de productos básicos para exportación, como caucho, té, algodón, especias, hortalizas frescas, carne de vacuno y pescado. Si se puede mejorar la productividad de los pequeños agricultores, las repercusiones en toda la economía son enormes. El beneficio más inmediato se deja sentir en la propia familia de los agricultores en forma de un nivel más elevado de consumo de alimentos y posiblemente la obtención de algunos fondos que les permitan hacer frente a otros gastos esenciales para una vida sana y para reinvertirlos en la explotación. Ahora bien, esto repercute en toda la economía local, con la disponibilidad en los mercados de más bienes, entre ellos alimentos básicos, y la creación de nuevas oportunidades de empleo, no sólo en las explotaciones, sino también en la compra y venta de productos agropecuarios y en la elaboración y el transporte. Desde un punto de vista nacional, el aumento de la producción agropecuaria puede ayudar a reducir la factura de importación y aumentar los ingresos por exportación.

Uno de los problemas que encuentran los gobiernos para estimular el desarrollo de las pequeñas explotaciones es que para ello hay que influir en las decisiones de millones de familias individuales, muchas de las cuales viven en zonas remotas, lejos de los caminos principales. La tarea se complica aún más debido a que las posibilidades de mejora son muy específicas de cada lugar, e incluso normalmente específicas de cada familia. Aun cuando la tierra sea idéntica en su calidad y su tamaño, una familia grande con varios adultos sanos y tal vez algunos animales de tiro tiene una serie de posibilidades completamente distintas de las que encuentra una familia compuesta sobre todo por personas ancianas y niños, que ha tenido que vender su ganado para hacer frente a los gastos médicos o escolares, como ocurre en muchas comunidades con una incidencia elevada de VIH/SIDA.

Teniendo en cuenta esta situación, la FAO puso en marcha en 1994 el Programa Especial para la Seguridad Alimentaria en los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos, conocido por la sigla PESA. Es un programa que trata de habilitar a los grupos de personas del medio rural para examinar las oportunidades y los problemas que afrontan y decidir conjuntamente lo que pueden hacer para mejorar sus medios de subsistencia, y en particular para garantizar un suministro de alimentos más seguro y de mejor calidad. El PESA ayuda a los agricultores a identificar, ensayar y adoptar mejores sistemas de cultivo, concentrándose en los tipos de mejoras que están al alcance de los agricultores con escasos recursos y que pueden mantenerlos sin una fuerte dependencia de la asistencia financiera o técnica externa. Las comunidades rurales pueden fortalecer muy a menudo su seguridad alimentaria mediante la mejora del calendario de siembra de sus cultivos, el mejor aprovechamiento del estiércol y el compost fabricado con materia orgánica que de otra manera se perdería, el aumento del número de pequeños animales que cuidan las mujeres y los niños y su protección de las enfermedades, la organización de asociaciones de ahorro y préstamo, la ampliación del acceso a la tierra para las familias que carecen de ella y otras muchas actuaciones que están a su alcance. Los agricultores pueden transformar con frecuencia el excedente de mano de obra estacional en un nuevo bien productivo, por ejemplo mediante la creación de bancales o el drenaje de la tierra, la construcción de sistemas sencillos de riego o el establecimiento de viveros y la plantación de árboles para leña. El PESA respalda estos tipos de mejoras y cuando se necesitan insumos externos, como bombas accionadas por pedal para el riego de las hortalizas o semillas de variedades mejoradas de cultivos, permite a los grupos bien organizados el acceso al capital inicial necesario. El programa también invierte en la capacitación de personas de extensión agraria y agricultores interesados para que actúen como promotores de grupos, a fin de fomentar el proceso de innovación. Con el fin de continuar este proceso de innovación e introducir nuevas ideas, muchos de los 69 países que han adoptado el PESA han solicitado a otros países en desarrollo asistencia técnica en virtud de acuerdos de cooperación Sur-Sur: en este momento hay alrededor de 400 técnicos que trabajan en comunidades rurales en virtud de acuerdos de cooperación propiciados por la FAO.

A medida que el programa se amplía, trata de abordar también obstáculos de mayor nivel que encuentran los agricultores, por ejemplo en la infraestructura rural, como los caminos, y en servicios para proporcionar insumos y mejorar el acceso a los mercados. El PESA también reconoce la importancia de que haya políticas que estimulen el desarrollo de los agricultores. Trata de conseguir que se escuche a los agricultores en la reforma de las políticas, mediante su participación en el análisis sistemático de los obstáculos que encuentran para tratar de introducir mejoras, poniendo los resultados a disposición de los órganos de gobierno que determinan las políticas agropecuarias y de seguridad alimentaria. También alenta a los gobiernos participantes a establecer órganos de coordinación ministerial de alto nivel que garanticen una actuación interinstitucional eficaz para combatir el hambre, de conformidad con los objetivos de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación.

Al contrario de lo que ocurre con muchos programas de desarrollo, el PESA siempre está totalmente bajo una gestión nacional, correspondiendo la parte del león de los costos a los países en desarrollo con cargo a sus propios recursos. La financiación de los donantes sigue siendo importante para los países más pobres, pero hay varios, como Nigeria, México y Venezuela, que están sufragando la totalidad de los gastos de los programas del PESA a escala nacional con cargo a su propio presupuesto. Hasta el momento se han prometido al Programa Especial alrededor de 400 millones de dólares.

El presente acto colateral brindará a las personas que asisten a la Cumbre la oportunidad de conocer de primera mano la experiencia de los países que están participando en el PESA. Los oradores invitados hablarán del PESA en sus países y de la manera en que consideran que el programa está influyendo en la seguridad alimentaria. Tras la presentación de la experiencia de los países habrá un debate abierto.


 

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FAO, 2002