En 1984 un doctor británico advirtió una curiosa relación entre la elevada tasa de mortandad entre recién nacidos de una región pobre en la década de 1900 y una elevada frecuencia de cardiopatías en la misma zona decenios después. Lo que suscitó el interés de David Barker fue que la mortandad neonatal es indicio de pobreza, pero las cardiopatías se consideran un padecimiento producido por una vida acomodada, con gran consumo de colesterol e índices elevados de tensión.

El Dr. Barker pensó que tal vez fuera conveniente buscar las causas de las cardiopatías sin prestar atención exclusivamente a los hábitos adultos de hacer poco ejercicio, consumir demasiados alimentos grasosos y envenenarse con nicotina y alcohol. Quizá habría que indagar mucho antes, cuando el racimo de pequeñas células hambrientas de nutrientes comienza el proceso de división y subdivisión para formar un ser humano.

Así comenzó una revolución en la epidemiología con profundas consecuencias para la población adulta. "Los adelantos en materia de salud pública, mejor nutrición y mejor inmunización se traducen en la supervivencia de más infantes que logran llegar a la edad adulta -afirma Prakash Shetty, nutriólogo de la FAO-. Pero hoy existen pruebas importantes de que la subnutrición en el seno materno podría condenar a los adultos a una vida de vulnerabilidad a enfermedades como las cardiopatías, el cáncer, la diabetes y la obesidad".

Una vejez madura para unos, un futuro lamentable para otros

Se trata de enfermedades crónicas y debilitantes que requieren de sistemas de sanidad más amplios de aquellos con que cuentan en los países en desarrollo. Es más, estas enfermedades socavan la capacidad de las personas de trabajar y la posibilidad de los países de crear esos sistemas de salud. Como dijo recientemente Harlem Brundtland, Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la reciente Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, en Madrid: "Mientras que los países desarrollados se enriquecieron antes de envejecer, los países en desarrollo envejecerán antes de enriquecerse".

De continuar las actuales tendencias, se dijo en la conferencia de Madrid, habrá en el mundo un incremento del 300% de personas mayores de 60 años de edad en los próximos 50 años, y serán más numerosas que los jóvenes. La mayoría de estas personas se concentrarán en los países desarrollados, pero los países en desarrollo tendrán índices de incremento iguales o mayores, lo que significa que esas sociedades, ya agobiadas por la pobreza y el SIDA, además tendrán que soportar el peso de enfermedades geriátricas con menos recursos. "Y menos recursos se traducen en peor nutrición fetal, lo que perpetúa esto peligroso ciclo", dice el Dr. Shetty.

Y todavía peor.

Nueva orientación de la vida

"La subnutrición parece afectar la fisiología del feto en desarrollo, y repercute en el plan genético de éste -afirma el Dr. Shetty-. El deletéreo efecto de la subnutrición no es tan nítido como, por ejemplo, el del tabaco en la salud del feto, en virtud del cual las toxinas impiden la división de las células y el crecimiento. Un feto subnutrido se adapta al medio ambiente del útero en una forma mucha más sutil que afecta al bebé aunque posteriormente suba de peso".

La relación entre un peso bajo al nacimiento y los elevados índices de mortandad infantil es muy conocida. "Los bebés nacidos a término con un peso inferior a 2,5 kilogramos tienen muchas más posibilidades de morir en los primeros meses de vida que los bebés que nacen con más peso", afirma el Dr. Shetty. "Pero lo sorprendente es que las adaptaciones del feto a las condiciones de la gestación parecen ser permanentes. Aunque un bebé nazca con un peso adecuado, si estuvo considerablemente subnutrido durante la gestación el daño puede ya haberse causado".

En el decenio de 1960 unos investigadores que estudiaban la nutrición prenatal descubrieron que un feto privado de nutrientes en las primeras etapas de la gestación, pero adecuadamente nutrido posteriormente, se convertía en un adulto con un mayor riesgo de ser obeso. "Parece que han desarrollado fenotipos frugales -dice el Dr. Shetty-, que orientan el metabolismo a conservar todas las calorías y a dirigir los nutrientes disponibles al cerebro a costa de los otros órganos. Esto también incrementa el peligro de sufrir de diabetes en la madurez".

Estos otros órganos son el hígado -importante en la gestión del colesterol-, el corazón y los riñones. "Estos órganos tienen un periodo decisivo de desarrollo -explica el Dr. Shetty-. Si el feto está privado de nutrientes durante ese periodo, su reacción es hacer más lenta la división de las células de ese órgano".

¿Opciones vitales?

Los países en desarrollo afrontan otro cambio demográfico que tamblién repercute en la nutrición fetal, la urbanización. A fines del decenio, más de la mitad de la población mundial estará viviendo en zonas urbanas, la mayoría en los países en desarrollo, donde deben afrontar la modificación de sus hábitos de alimentación.

"La clase media urbana en crecimiento acelerado de los países en desarrollo tiene especial tendencia a las enfermedades crónicas y degenerativas -afirma el Dr. Shetty-. No se trata solamente de que estén consumiendo más alimentos occidentales y fumando, sino que viven lo suficiente para que los errores alimentarios del pasado los alcancen".

Estos errores alimentarios obedecen a la malnutrición materna. Y por esto la FAO está colaborando con la OMS y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) para promover una mejor nutrición para las mujeres gestantes. "Es un axioma del desarrollo que las mujeres son el eje del crecimiento sostenible -añade el Dr. Shetty-. La investigación de la subnutrición fetal refuerza esta idea, porque lo que el hambre produce en el feto encadenará al adulto a una mala salud para toda la vida".