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El SIDA, que era un problema mayormente urbano, ha avanzado hacia
el campo de los países en desarrollo, devastando miles
de comunidades agrícolas y dejando a los empobrecidos supervivientes
apenas en condiciones de alimentarse. Esta enfermedad ya no es
un mero problema de salud, sino que sus repercusiones se pueden
medir en la producción de alimentos, la seguridad alimentaria
de los hogares y la capacidad de ganarse la vida en el medio rural.
Las estadísticas más recientes del Programa Conjunto
de las Naciones Unidas sobre el SIDA (ONUSIDA) referentes al África
subsahariana, la región más devastada por esta enfermedad,
confirman el alcance de las repercusiones de la epidemia en el
campo.
ONUSIDA calcula que más de la mitad de los 28 millones
de personas que tienen VIH/SIDA en el África subsahariana
vive en el medio rural. Para obtener estas cifras, los epidemiólogos
del ONUSIDA parten de la información procedente de las
pruebas de sangre tomadas a las mujeres que acuden a las clínicas
de atención prenatal. Estas cifras después se extrapolan
para calcular las tasas de infección en zonas más
amplias. Estos resultados recientes indican cuáles son
los dos países que más sufren por este problema:
-
Zimbabwe, donde el estudio de la frecuencia del VIH/SIDA
en 2000 reveló que el 31,4% de las mujeres gestantes
del ámbito rural tiene el VIH. Las mujeres que declararon
como su lugar de residencia una "granja" registraron
un índice de frecuencia del 43,7%. Estas cifras significan
que en Zimbabwe hay más de un millón de pobladores
de las zonas rurales con VIH/SIDA.
-
Swazilandia, cuyo estudio de 2000 reveló que
el 25% de las mujeres que declararon como ocupación
la "agricultura de subsistencia" tienen el VIH.
La frecuencia global entre las mujeres gestantes de las zonas
rurales fue del 32,7%. Estas cifras significan que más
de 100 000 personas del campo de este pequeño
país del sur del África, de una población
total de 938 000 personas, tienen el virus.
"Es una señal de alarma para los gobiernos afirma
Marcela Villarreal -coordinadora de la FAO para los asuntos relativos
al SIDA-. Los responsables de elaborar las políticas se
orientan a partir de lo tangible. Están acumulándose
pruebas que harán entender a los gobiernos que las zonas
rurales en realidad están más expuestas al SIDA
que las ciudades".
Informes recientes de otros países africanos muestran pautas
parecidas del avance galopante de la infección en el ámbito
rural.
En un estudio elaborado con apoyo de la FAO y encargado por el
Ministerio de Agricultura, Industria Pecuaria y Pesca de Uganda,
los investigadores estudiaron 300 hogares de cinco distritos
rurales a fines de 2001. La mayor parte de los hogares (el 91%)
había perdido a algún miembro de la familia en los
últimos 10 años a causa del SIDA, la mayoría
de entre 20 y 35 años de edad. El SIDA es la causa
del 56% de las muertes.
El autor del estudio, Narathius Asingwire, de la Universidad de
Makerere, en Kampala, afirma que la muerte de tantos campesinos
en la plenitud de la vida tiene graves consecuencias para el país,
ya que la agricultura constituye el 43% del PIB, el 85% de los
ingresos de divisas y el 80% del empleo. Además, el 85%
de los 22 millones de personas que componen la población
de Uganda vive en el campo y subsiste principalmente de la agricultura.
Al pedírseles que comentaran sobre los repercusiones del
VIH/SIDA en sus hogares, dos tercios de las familias respondieron
que ahora producen menos alimentos, más de dos tercios
informaron que producían menos cultivos comerciales y más
de la mitad afirmó que ahora consumían menos alimentos.
La cifra que se presenta a continuación significa un problema
para muchos campesinos sin tierras que viven de su trabajo de
jornaleros: el 85% de los entrevistados afirmó estar contratando
menos mano de obra agrícola.
Paulo, entrevistado de 80 años, mantiene a cinco nietos
pequeños, huérfanos del SIDA. Paulo tiene una plantación
de bananos, pero la mayor parte de la misma está invadida
de yerbas por falta de mano de obra. Se he reducido mucho el consumo
de alimentos de la familia, toman una comida completa una sola
vez al día, por la tarde, mientras que a medio día
sólo consumen un poco de gachas.
"Ahora que todavía vivo no tenemos suficiente que
comer", afirma Paulo, que está enfermo y no puede
trabajar para incrementar los ingresos de la familia. Señala
al nieto más pequeño y añade: "Ese chiquito
se ve triste, no porque esté enfermo o castigado, sino
porque no ha comido nada desde la mañana".
En Kenya las cifras más recientes del Ministerio
de Agricultura y Desarrollo Rural predice que la cifra total de
días de trabajo perdidos en el sector agrícola a
causa del VIH/SIDA llegará a 329 000 años
persona en 2020, de continuar la tendencia actual. En 1990 la
cifra fue de 45 000 años-persona.
El distrito de Bondo, en el occidente de Kenya, es en particular
víctima del virus; el 29% de la población está
infectada, según un estudio de 2000, afirma Kenneth Ayuko,
dirigente de un grupo de la FAO de apoyo a la comunidad, activo
en Kenya. En algunas comunidades hasta la mitad de los adultos
son VIH positivos.
"Tenemos abuelos que tienen que cuidar hasta 20 o aun 30 huérfanos,
lo que tiene grandes repercusiones. Por lo tanto, tal vez sea
acertado decir que no es posible producir alimentos en estas condiciones
de pandemia de VIH/SIDA -afirma-. No es sorprendente que el grueso
de la población de Bondo pase hambre".
La pobreza está en la base de la devastación que
revelan estas cifras, afirma Villarreal. "La epidemia de
VIH/SIDA no puede tratarse sin atender los medios de subsistencia
rurales: cómo se ganan la vida las personas, cómo
obtienen suficientes alimentos, qué estrategias utilizan
para sobrevivir", explica.
Actualmente la FAO está formulando proyectos pilotos que
someterán a prueba técnicas agrícolas que
economizan mano de obra y consumen pocos insumos, en comunidades
africanas y asiáticas muy golpeadas por la epidemia. Otras
prioridades del programa de la FAO en materia de VIH/SIDA son
fortalecer a las instituciones que ayudan a las comunidades rurales,
mejorar la nutrición, combatir la desigualdad de género
respecto a los recursos productivos (en especial las tierras)
y ayudar a las comunidades diezmadas a encontrar la forma de transmitir
a los jóvenes los conocimientos agrícolas.
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