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Todos los días en Dhaka, Bangladesh, el personal bancario
de SafeSave visita a sus clientes, que pueden hacer depósitos,
obtener pequeños préstamos o retirar sus ahorros
ahí mismo, sin papeleo.
En consecuencia, ahorran. A fines de 2001 los 5 228 clientes activos
de SafeSave tenían un promedio de poco más
de 21 dólares EE UU depositados. Un banco común
y corriente no aceptaría depósitos tan pequeños.
En cambio, este banco ha otorgado casi 175 000 dólares
EE UU en préstamos que llegan sólo a 17 dólares
EE UU. El valor de los préstamos considerados como incobrables
el año pasado fue de 1,55% o menos del total. Esta integración
entre préstamos y ahorros se considera cada vez más
como el modelo de préstamos para los pobres.
"Si logran ahorrar, aquellos que viven apenas por encima
del nivel de subsistencia, pueden crear un pequeño amortiguador
para las épocas difíciles -afirma el economista
de la FAO Sumiter Singh Broca-. Así es más probable
que inviertan en semillas de variedades nuevas de algún
cultivo, en mejores aperos o en bicicletas, porque ya no tendrían
miedo de quedar en la indigencia si esas inversiones no dieran
buenos resultados. Mientras tanto, sus depósitos proporcionan
una línea de crédito a otras personas como ellos.
De manera que aunque no recurran a un préstamo, es más
probable que inviertan sus propios fondos, porque cuentan con
una red de protección".
SafeSave, el Banco Grameen (con sede también en
Bangladesh), y muchas otras organizaciones oficiales y oficiosas
de ahorro y crédito han puesto en práctica este
sistema con muy buenos resultados. Aunque también se hacen
cargo de otros problemas fundamentales. Por ejemplo, no conviene
gastar 20 dólares EE UU en gestiones administrativas para
hacer un préstamo de 17 dólares. Sin embargo, estos
gastos, cuyo fin es proteger al prestamista contra la falta de
pago, pueden ser innecesarios. Los prestamistas de la comunidad
saben a quién se le puede conceder crédito y a quién
no, de manera que no hace falta el aval y se evita mucho papeleo.
Otra forma de prescindir del aval es el crédito colectivo.
Si todos pierden cuando una persona del grupo no cumple, el grupo
se hace cargo del incumplimiento. Por ejemplo, en el proceso de
desintegración del sistema colectivo en Kirguistán
después de la independencia en 1991, los agricultores quedaron
con menos de una hectárea de tierra por persona y sin activos
a presentar como aval de créditoy poder así invertir.
La Comisión Europea y otros donantes formaron un proyecto
de crédito de grupo para resolver este problema. En una
ocasión en que un agricultor no cumplió, los demás
hicieron que lo metieran a la cárcel. El crédito
colectivo puede ser una buena manera para que los agricultores
inviertan en servicios comerciales o en nueva tecnología.
(Inversión campesina en bananos mejorados).
Los prestamistas pueden eliminar aún más papeleo
cuando no tienen que indagar sobre el motivo del préstamo.
Este es otro de los aspectos de las viejas ideas sobre el crédito,
que ha sido puesto en tela de juicio.
Nueva visión
"La perspectiva del microcrédito que tiene la comunidad
para el desarrollo está cambiando -afirma Broca-. Antes
se pensaba que sólo había que otorgar préstamos
para la inversión productiva, y no para el consumo. Pero
el fortalecimiento de dicha política ha hecho del microcrédito
una actividad antieconómica".
Además no tiene caso, prosigue. En primer lugar, las investigaciones
muestran que los préstamos para el consumo tienen las mismas
probabilidades de recuperación. En segundo, los préstamos
para el consumo también son una inversión. Para
alguien de un país rico las palabras "consumo"
y "bienes de consumo" indican lujos, por ejemplo aparatos
de televisión. Pero en un país en desarrollo pueden
significar simplemente comprar alimentos. Y esto en sí
mismo es una inversión. Como señaló el premio
Nobel de economía Robert Fogel, las personas que sufren
hambre no pueden salir de la pobreza. En Inglaterra y en Francia,
alrededor de 1790, según este autor, el 20% de la población
que ocupaba la posición inferior estaba efectivamente excluido
de la fuerza de trabajo porque tenían demasiada hambre
para trabajar. El economista considera que una mejor nutrición
fue responsable de cerca de la mitad del crecimiento económico
de la Gran Bretaña entre 1790 y 1980. Broca añade:
"Un préstamo para consumo puede invertirse en el cuerpo,
lo que quizá no sea tan distinto respecto a comprarse una
máquina o una bicicleta".
Así que es necesario, en primer lugar, integrar los ahorros
con el crédito a fin de crear un sistema financiero único
que ayude a los pobres. En segundo lugar, hay que eliminar el
control sobre la utilización de los pequeños préstamos.
Y, en tercero, los organismos de crédito deben pertenecer
a la comunidad, a fin de que el dinero no se gaste en papeleo.
Eso es lo que han hecho organizaciones como SafeSave.
Ninguna novedad...
¿Qué? ¿están reinventando la rueda?
Siempre ha habido servicios oficiosos de crédito. Según
un informe de 1998 del Instituto Internacional de Investigaciones
sobre Política Alimentaria (IIPA), titulado Finanzas rurales
y reducción de la pobreza, cerca del 72% de la población
pobre del Nepal realizaba transacciones financieras. Según
este estudio, es normal en la vida de las personas pobres adquirir
préstamos en las malas épocas o durante la temporada
de siembra, y ahorrar o pagar los préstamos, en las épocas
buenas o después de la cosecha.
Los préstamos se obtienen de amigos y parientes, prestamistas
de la aldea y proveedores de semillas o fertilizantes que conceden
préstamos "en especie" a cambio de una parte
de la cosecha. El sector oficioso también comprende las
asociaciones de ahorro y crédito rotatorio. Cada integrante
participa en un sorteo mensual y el ganador invierte. Las comunidades
de inmigrantes en los Estados Unidos utilizan estas asociaciones
para financiar la adquisición de bienes de capital, como
almacenes de abarrotes y taxis. Como suelen pertenecer a un barrio
o a un grupo étnico, las propias asociaciones de ahorros
y crédito rotatorio se encargan de vigilar el cumplimiento
de los compromisos adquiridos.
Entonces ¿son necesarias las instituciones oficiales como
el Banco Grameen o los programas financiados por los donantes?
Dado que los sistemas locales y oficiosos no cuentan con mucho
capital para otorgar préstamos, éstos no siempre
pueden financiar inversiones más caras, como la irrigación
o la compra de tierra, y por lo general tienen que limitar la
concesión de créditos a unos cuantos deudores locales.
Esto incrementa el riesgo de que la mayoría de los clientes
no cumplan al mismo tiempo, debido a algún desastre, como
una inundación o una sequía en la zona. Para poder
aceptar este riesgo, los prestamistas tienen que cobrar intereses
más altos, incluso en los préstamos para artículos
de primera necesidad, como las semillas, lo cual atrapa a los
deudores en la pobreza. Además, en las comunidades agrícolas
un desastre como una inundación o una sequía suele
perjudicar tanto a los prestamistas como a los deudores, lo que
hace escasear el crédito justamente cuando más hace
falta.
Los pobres siempre van a necesitar servicios oficiosos de crédito,
pero éstos no bastan, es necesario que los pobres cuenten
con sistemas integrados de ahorros y crédito que les permitan
liberarse del hambre en lo inmediato y financiar su futuro. Es
más, las instituciones como el Grameen Bank a veces ofrecen
capacitación o programas básicos de alfabetización
capaces de darles más utilidad a los préstamos para
los deudores.
Pero estas instituciones a menudo han tenido éxito porque
le imprimen una nueva mentalidad al otorgamiento de créditos.
"Hay que pensar en opciones al aval -dice Broca-. Es posible
encontrarlas y ayudar a la gente a ahorrar. Entonces tendrán
confianza para pedir créditos. Y, lo que tal vez es lo
más importante, se superará el miedo a prestar para
el consumo. El microcrédito siempre ha de verse como una
red de protección y una inversión en el crecimiento
económico, porque ambos se refuerzan mutuamente".
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