NOTICIAS DE LA CUMBRE

Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después

Kofi Annan: Demasiado lenta la lucha contra el hambre

Jacques Diouf: Hacen falta mercados agrícolas internacionales más justos y más inversiones

Presidente Italiano Ciampi: Hay que cancelar la deuda externa de los países pobres

ROMA, 10 de junio de 2002 -- El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, expresó hoy que los países deben aumentar sus esfuerzos en la lucha contra el hambre, "una de las peores violaciones de la dignidad humana", ante los líderes de los países reunidos durante la ceremonia de apertura en Roma de la 'Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después'.

"Cada día, más de 800 millones de personas en el mundo, de los cuales 300 millones son niños, sufren el atroz dolor del hambre, y las enfermedades y discapacidades causadas por la malnutrición. Como consecuencia, según algunas estimaciones, unas 24.000 personas mueren cada día", dijo Annan. El Secretario General de las Naciones Unidas expresó su preocupación porque muchos países del Sur de Africa "están enfrentando el riesgo de una grave hambruna en los próximos meses".

En la Cumbre participan delegaciones de más de 180 países. La Cumbre busca reavivar la voluntad política y movilizar los recursos financieros necesarios para reducir a la mitad el número de personas hambrientas a la cifra de 400 millones para el año 2015, un compromiso ya acordado en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación del año 1996.

"Hambre y pobreza están estrechamente ligadas", enfatizó el Secretario General de las Naciones Unidas. "El hambre perpetúa la pobreza, pues impide a las personas desarrollar sus potencialidades y las hace más vulnerables a las enfermedades. Debilita a la gente y las deja en letargo, reduciendo su capacidad de trabajo y de proporcionar un sustento para sus familias. Este ciclo devastador se repite de generación en generación y continuará mientras no hagamos algo definitivo para romperlo."

"Los avances en la reducción a la mitad del número de personas hambrientas ha sido demasiado lento", dijo Annan. "Necesitamos un programa contra el hambre que sirva de marco común para movilizar capacidades nacionales e internacionales para combatir el hambre". Se debe promover al mismo tiempo un mayor acceso a los alimentos y al desarrollo rural y agrícola.

Los agricultores deben tener un mayor acceso a la tierra, al crédito, a la tecnología y al conocimiento que puede ayudarles a cultivar productos más resistentes asegurando la inocuidad animal y vegetal, dijo Annan. Resaltó también el papel fundamental de las mujeres, "que participan en todos los momentos del proceso de producción de alimentos, trabajando muchas más horas que los hombres".

Annan pidió a los países desarrollados abrir más sus mercados y bajar las barreras a las importaciones de alimentos de los países en desarrollo. "Las tarifas impuestas a productos manufacturados, como el chocolate, impiden competir a las industrias procesadoras de los países en desarrollo".

"Luchar contra el hambre es social y económicamente conveniente", dijo Annan. "Es un paso fundamental para alcanzar los objetivos señalados en la Declaración del Milenio. En un mundo de abundancia eliminar el hambre está a nuestro alcance. El fracaso en lograr este objetivo nos debería llenar de vergüenza a cada uno de nosotros. El tiempo de las promesas ya se acabó."

El Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf, dijo en su discurso que "seis años después de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, la amenaza de la muerte sigue cerniéndose sobre la multitud de personas hambrientas del planeta Tierra. No se han cumplido las promesas y, lo que es peor, los hechos contradicen las palabras. Desgraciadamente, la voluntad política y los recursos financieros no han estado a la altura de la solidaridad humana."

"El hambre ejerce un impacto negativo considerable en las economías de los países afectados", dijo Diouf. "Provoca alrededor del uno por ciento de las pérdidas de tasa de crecimiento económico al año, debido al descenso de la productividad y a las enfermedades derivadas de la malnutrición."

Diouf criticó la disminución del apoyo público a la agricultura en los países en desarrollo. "De 1990 a 2000, la ayuda prestada por los países desarrollados en condiciones de favor, así como los préstamos de las instituciones financieras internacionales, se han reducido en un 50 por ciento para la agricultura, medio principal de subsistencia del 70 por ciento de la población pobre del mundo."

"Como consecuencia, la cifra de personas subnutridas ha disminuido solamente en 6 millones al año, en lugar de los 22 millones que serían necesarios para lograr el objetivo fijado en 1996. A este paso, se conseguiría dicho objetivo con 45 años de retraso", dijo Diouf.

El mercado mundial de productos agrícolas continúa representando un desafío a la equidad, dijo el Director General de la FAO. "La transferencia total a la agricultura en los países de la OCDE asciende a más de 300.000 millones de dólares, lo que representa una subvención directa de 12.000 dólares al año por agricultor. En cambio, esos mismos países aportan una asistencia anual a los países en desarrollo de unos 8.000 millones de dólares aproximadamente, lo cual equivale a 6 dólares por agricultor."

"El acceso a los mercados de los países desarrollados está obstaculizado por los derechos arancelarios que, para los productos agrícolas primarios, ascienden por término medio a un 60 por ciento aproximadamente, frente al cerca de 4 por ciento aplicado a los productos industriales", afirmó.

"Eliminar el hambre es un imperativo ético basado en el derecho humano más fundamental, el derecho a la existencia. La eliminación del hambre redunda también en beneficio de los poderosos y de los ricos.", dijo Diouf. "Qué gran mercado habría si los 800 millones de personas que padecen hambre llegaran a ser consumidores. Qué pacífico sería el mundo si hubiera menos de esta pobreza, que tiene como corolario la injusticia y la desesperación."

Diouf reiteró la propuesta de un ambicioso programa contra el hambre anunciado por la FAO la semana pasada. Es necesario hacer un gasto público adicional de 24.000 millones de dólares anuales en los países pobres si se quiere reducir a la mitad el número de gente hambrienta en el mundo.

Los países desarrollados y las instituciones financieras internacionales tendrán que aportar la mitad de los recursos que se requieren "elevando la parte de su contribución destinada a la agricultura al nivel que tenía en 1990", dijo Diouf. Los países en desarrollo tendrán que aumentar en un 20 por ciento sus presupuestos destinados al sector rural para aportar la otra mitad de dicha suma.

Una "Alianza Internacional contra el Hambre" permitiría "resucitar la voluntad política indispensable para lograr que la situación de las personas que padecen hambre en el mundo vuelva a constituir el centro de las preocupaciones y prioridades de acción de los gobiernos, los parlamentos, las colectividades locales y la sociedad civil", dijo Diouf.

El Presidente de Italia, Carlo Azeglio Ciampi, subrayó como prioridades esenciales en la erradicación del hambre "el aliviar la deuda; el facilitar el acceso de los países en desarrollo a los mercados del Norte y el promover flujos de financiamiento sustancialmente mayores hacia el Sur." Pidió "la condonación total de la actual deuda bilateral de los países más pobres." Italia también sugirió "la posibilidad de alivios de deuda extraordinarios en caso de desastres naturales o crisis humanitarias graves".

El Presidente Ciampi también dijo que los líderes de los países en desarrollo son responsables por el futuro de sus naciones. "Un compromiso más profundo con la paz, la democracia, la justicia, las reformas económicas y sociales y el buen gobierno son vitales para atacar la pobreza en las zonas rurales. A la tragedia de la violencia, los conflictos externos e internos agregan una demencial pérdida de recursos."

El Papa Juan Pablo II en su mensaje dijo que la pobreza y el hambre ponen en jaque la existencia de los pueblos y las naciones. El Papa dijo queestaba preocupado por la disminución de la asistencia a los países en vías de desarrollo. Urgió a los países a basar las relaciones internacionales en la solidaridad y a garantizar que cada persona reciba su alimentación cotidiana. El mensaje del Papa fue leído por el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado de la Santa Sede.

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© FAO, 2002