NOTICIAS DE LA CUMBRE

"Es posible derrotar el hambre, es un objetivo a nuestro alcance y le conviene a Occidente"

El Dr. Jeffrey D. Sachs imparte una perspectiva académica al simposio sobre el Programa contra el hambre propuesto por la FAO

El Dr. Jeffrey D. Sachs fue nombrado recientemente Director del Instituto de la Tierra, de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Siendo Asesor especial del Secretario General de las Naciones Unidas para los Objetivos de desarrollo de la ONU para el milenio, el Dr. Sachs asistió en Roma a un simposio sobre "La creación de consenso sobre la acción contra el hambre" celebrado durante el Cumbre Mundial sobre la alimentación: cinco años después, en la Sede de la FAO. A continuación se presentan algunos de sus puntos de vista.

La FAO ha determinado la falta de voluntad política como uno de los motivos del escaso avance en la lucha contra el hambre desde la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996. Los dirigentes políticos trabajan en un mundo en el que muchas cosas quedan fuera de su alcance. ¿Cuáles serían los factores decisivos del éxito en esta empresa?

Me parece que existen muchos factores complejos que hace falta tomar en cuenta. Un análisis serio revela que el hambre puede derrotarse y a un costo realmente moderado en comparación con los beneficios. El estudio realizado por la FAO: el Programa en contra el hambre. Reducir el hambre mediante el desarrollo agrícola y rural y un mayor acceso a los alimentos demuestra que si se invirtieran anualmente otros 24.000 millones de dólares EE UU en infraestructura rural, investigación, ayuda alimentaria de urgencia y otras prioridades rurales, se avanzaría enormemente en la reducción de la pobreza y el hambre. Si ese gasto extra pudiera distribuirse a grandes rasgos entre los países ricos y los países pobres, se traduciría en un aumento de la asistencia de los donantes de apenas 0,05 del 1 por ciento del PNB de los países ricos. No cabe duda de que es posible alcanzar este objetivo. Creo que el estudio de la FAO, aunque es preliminar, está muy bien hecho. Demuestra lo que puede realizarse, es alentador, además establece que estas acciones pueden ser viables.

Toda solución al hambre mundial requiere un incremento de la ayuda, pero la ayuda oficial para el desarrollo destinada a la agricultura disminuyó casi en un 50 por ciento en el decenio de 1990. ¿Percibe usted algún indicio de mayor generosidad por parte de los gobiernos occidentales que pudiera revertir esta tendencia?

La tendencia a la disminución de la ayuda para el desarrollo destinada a la agricultura ha sido dramática y forma parte de una tendencia general de reducción de la ayuda para el desarrollo en todos los sectores. Es alarmante y ya tiene 20 años de estar avanzando. Esto explica por qué no se han alcanzado los objetivos de reducir el hambre y la pobreza. Pero los países ricos están despertándose. En la Conferencia de Monterrey sobre financiación para el desarrollo, celebrada en marzo, por primera vez en una generación, los Estados Unidos y Europa se comprometieron claramente a revertir esta tendencia mediante su compromiso de aportar 12.000 millones de dólares EE UU adicionales de ayuda al año. Esta cantidad no basta para alcanzar los Objetivos de desarrollo de la ONU para el milenio, pero significa salir del atolladero y demuestra un compromiso de afrontar los verdaderos problemas. Creo que hay que seguir presionando para llegar a la cantidad necesaria. Por lo menos está en el programa la necesidad de incrementar la ayuda dirigida a la reducción de la pobreza.

La mayoría de la población de los países en desarrollo vive de la agricultura y el sector de los alimentos. La FAO considera que para vencer la pobreza y el hambre, primero es necesario apuntalar estos sectores. Pero otras veces defiende de igual forma la salud, la educación y el comercio. ¿Cuál considera usted que debería ser la máxima prioridad y por qué?

Me parece que debe adoptarse un planteamiento exhaustivo y multisectorial. La FAO tiene toda la razón en que hace falta dar prioridad a la agricultura, especialmente en África, donde forma una parte tan grande de la economía. Pero también hay que asegurar que los niños estudien y que la población goce de salud, para que puedan ser agricultores saludables. Además es cierto que en los próximos 30 años, el incremento demográfico se dará en buena parte en las zonas urbanas. Mi labor de asesor especial del Secretario General de las Naciones Unidas para los Objetivos de desarrollo de la ONU para el milenio consiste en contemplar todos los sectores y contribuir a conjugar una estrategia para cumplir los ocho objetivos. Una parte de esta labor está relacionada con la FAO, a fin de atender el problema del hambre.

Una Alianza internacional contra el hambre contaría con diversos participantes: el sector privado, las organizaciones no gubernamentales, el sistema de las Naciones Unidas, los bancos de desarrollo, los gobiernos, el mundo académico y particulares. Desde un punto de vista práctico ¿cree usted que entidades tan diversas puedan colaborar?

Creo que sí se puede. Es más, tendrán que colaborar. El problema del hambre no puede ser resuelto por uno solo de esos sectores. No cabe duda de que el gobierno deba participar, pero no serviría de nada que toda la acción fuera vertical. Las ONG locales y los sectores de salud y agrícolas de la comunidad serán decisivos en la entrega de los servicios. En el plano internacional, tienen que haber financiación por parte de los donantes, asistencia de la FAO y de otras organizaciones, contribución científica del sistema del CGIAI (Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional) y otros organismos científicos. El sector privado debe contribuir con tecnología de bajo costo o gratuita para los países en desarrollo, tal como las empresas farmacéuticas, que tienen las patentes de importantes medicamentos, han aceptado ampliar la posibilidad de utilizarlos mediante precios diferenciales. Es necesario que las empresas agrícolas que producen insumos fundamentales, como las semillas de mejor calidad y otros productos, se comprometan a contribuir a largo plazo. Mi labor consiste en trabajar con todos estos participantes para promover asociaciones productivas. Cabe mencionar que mi sector, el académico, también tiene mucho que ofrecer.

¿Puede concebirse el dinero destinado a la ayuda para el desarrollo como "inversión" en su sentido común y corriente y cómo se calculan las ganancias de dicha inversión?

Claro que sí. El valor monetario es sólo una parte de nuestros valores. Es importante no formularlo todo en términos económicos. Pero en el trabajo que he realizado con la Organización Mundial de la Salud, estudiamos el costo económico de la carga que representa la enfermedad y calculamos que con 66.000 millones de dólares EE UU adicionales que se destinarían a los servicios de salud, se obtendrían 360.000 millones de dólares EE UU de beneficios. Pero insisto en que calcular estos beneficios económicos no debería apartarnos del enorme factor humanitario de estas cuestiones.

11 de junio de 2002
Jeffrey D. Sachs

Jeffrey D. Sachs

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