NOTICIAS DE LA CUMBRE

Ganadores y perdedores en la tecnología de bajo costo

¿Qué hace funcionar la innovación tecnológica en las aldeas? Casos sorprendentes del Foro ONG/OSC

ROMA, 13 de junio de 2002 -- Las buenas ideas para resolver problemas agrícolas cotidianos, gastando poco dinero, no abundan. Pero en Brasil se encontró una idea en el fondo de una piscina.

Un campesino del nordeste semiárido del Brasil, forzado a abandonar sus tierras a causa de la pobreza, terminó en São Paulo trabajando para una empresa de piscinas. A medida que aprendía a construir las albercas impermeabilizadas de cemento, ponderaba el perenne problema de sanidad en su lugar de origen: las enfermedades provocadas debido a la ingestión de agua contaminada durante la estación seca. Fué así que creó una cisterna de cemento de bajo costo, que pudiera enterrarse a medias en el suelo, para tener apoyo, y que fuera capaz de captar suficiente agua pluvial del techo de la granja para dotar de agua potable a un hogar, durante seis a ocho meses.

Hasta ahora han sido construídas 60 000 cisternas, a un costo de 250 dólares EE UU cada una, en el nordeste de Brasil, a través de una asociación en la que participan la población local, el gobierno, grupos religiosos y organizaciones no gubernamentales (ONG), narró Jean Marc von der Weid, jefe de la ONG Asesoría y Servicios para Programas de Desarrollo Agroecológico, que asiste al Foro de ONG y OSC sobre la Soberanía Alimentaria, que se está celebrando esta semana en Roma.

"El secreto del éxito de las cisternas es que buena parte del trabajo de su construcción estuvo a cargo de la comunidad, así como la obtención de parte de los materiales -explicó von der Weid-. Ahora estamos ampliando el proyecto para dar servicio a un millón de hogares. El Gobierno ha señalado a 500 organizaciones, muchas de ellas grupos religiosos, para que cada una atienda a 2 000 hogares. Estas organizaciones visitarán a los campesinos para sensibilizarlos acerca de la importancia de contar con agua limpia y les explicarán lo que se necesita para construir las cisternas".

Mercy Karanja, Funcionaria Ejecutiva Principal de la Unión Nacional de Campesinos de Kenya, relata un fracaso de las tecnologías de bajo costo por haber estado mal concebidas.

"Tenemos trilladoras de girasol para producir aceite y bombas de pedales para extraer agua, pero no han tenido éxito -explicó Karanja-. Son demasiado manuales. Yo he tratado de bombear agua, pero el pedal es demasiado duro. Las mujeres son las campesinas. Los hombres compran las máquinas, pero no las usan, ya que ellos trabajan en la ciudad. ¿Por qué no se dan cuenta de esto? Al diseñar un cubo para transportar la leche es decisivo saber quién lo va a cargar -añadió-. A veces lo carga un niño que ni siquiera puede utilizar el cubo porque se arrastra por la tierra cuando lo sostiene. Una tecnología de bajo costo ha tenido gran éxito en Kenya -prosiguió-. Probamos a utilizar asnos para transportar cosas. Esto eliminó mucha fatiga".

En las Filipinas, la empresa Sibat (Wellspring of Science and Technology) cuenta con una experiencia exitosa relacionada con una turbina de bajo costo, activada por una caída de agua para producir electricidad.

"Comenzamos en 1995 con una turbina, hoy tenemos 35 aldeas electrificadas, o cerca de 5 000 hogares, en zonas muy apartadas -explicó Victoria López, Directora Ejecutiva de Sibat-. El principal elemento del éxito es que la comunidad de la aldea debe organizarse para poder atender y mantener el sistema".

Las turbinas micro-hidro se fabrican en Filipinas, salvo el sistema de control, que se importa. Una turbina de 5 kilovatios, con un costo de 10 000 dólares EE UU, puede proporcionar un foco de luz a 35 hogares durante la noche, mientras que puede hacer funcionar aparatos pequeños, como molinos de arroz, prensas de caña de azúcar y herramientas para trabajar el metal y la madera, durante el día. Sibat no necesitó una estrategia de comunicación para difundir esta tecnología, se corrió la voz y así se creó una demanda espontánea de estas turbinas.

"Le hemos estado diciendo a nuestro Gobierno que el dinero para financiar las turbinas y pagar a los ingenieros por instalarlas no debería considerarse ayuda -añadió López-. Las personas necesitan esta infraestructura y, una vez instalada, la aldea puede ser más productiva. Consideramos que se deben apoyar los esfuerzos que la comunidad realiza así como los servicios de ayuda que prestan las ONG, porque utilizamos un enfoque comunitario y proporcionamos el 100 por ciento de electrificación a las aldeas".
Debate de los delegados asistentes al Foro en el Sala de Plenarias.

Debate de los delegados asistentes al Foro en el Sala de Plenarias.

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