From the podium

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Excmo. Sr. D. Hipólito Mejía (Presidente de la República Dominicana)

Esta Cumbre Mundial sobre la Alimentación: Cinco años después es un compromiso y es un oportuno encuentro para examinar los avances realizados tras los acuerdos asumidos por la comunidad internacional en el Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, cuyo propósito fundamental era la consecución de la seguridad alimentaria para todos.

Contrastar aquellos compromisos con la lamentable situación de muchas de nuestras naciones frente al flagelo de la pobreza, del hambre y de la desnutrición, nos obliga a reconocer que la falta de productividad, la injusticia social y la distribución desigual de la riqueza resultan ser las causas responsables de esa desgracia.

El sector agroalimentario, al que he vinculado gran parte de mi vida, a partir de mi propio origen campesino, como agricultor, como profesional agrícola, como empresario, como Secretario de Estado de Agricultura y ahora como Presidente, conlleva en su evolución los mismos problemas que cualquier otra actividad productiva, con la diferencia de que el tratamiento sugerido para superar los desafíos que cada etapa o modelo económico le impone, muchas veces no coincide con la realidad.

Una política eficaz para asumir los nuevos retos que el sector agroalimentario requiere, antes que nada, es que las prácticas dogmáticas con las que hemos encarado el pasado sean sustituidas por una visión más creativa, innovadora, equitativa y sistemática.

En este sentido, estoy convencido de que mi responsabilidad como gobernante es contar primero con nuestras propias fuerzas y nuestros propios recursos para impulsar el desarrollo.

Junto a la estabilidad política y macroeconómica, el Gobierno de la República Dominicana ha otorgado prioridad al sector agropecuario, estableciendo un plan de desarrollo orientado a la productividad alimentaria: ha aumentado la cartera de crédito a los pequeños productores; ha instalado sistemas de riego y de aprovechamiento de aguas; ha puesto en ejecución un proceso de zonificación de suelos en atención a su mejor adaptación a los distintos cultivos y ha impulsado la protección del medio ambiente y de los recursos naturales.

Del mismo modo, mi administración ha prestado una mayor atención a la silvicultura, está invirtiendo en el mejoramiento de la producción animal, incluyendo el desarrollo de la pesca; ha renovado y ampliado la infraestructura y las vías de comunicación de la zona rural.

Al crear las bases técnicas e institucionales para nuestro desarrollo sostenido, los dominicanos nos sentimos capaces de aprovechar la cooperación que puedan prestarnos la FAO y otras instituciones que persiguen fines similares, con el propósito de contribuir a solucionar los problemas de la seguridad alimentaria y de la pobreza.

Siendo la agricultura, la pesca y la foresta el soporte económico de grandes núcleos humanos en los países en desarrollo, es necesario convertir estos renglones en actividades rentables y eficientes. Ningún otro sector tiene tanto que ganar de la cooperación y el intercambio multilateral como el sector rural, siempre que se hagan en un plano justo y equitativo.

La renovación técnica y el consecuente mejoramiento de la productividad interna son pilares necesarios para promover la competitividad. La genética y la biotecnología constituyen hoy día las fuerzas motoras que impulsan la productividad en animales y plantas.

Se estima que la genética contribuyó con más de un 50 por ciento de los incrementos obtenidos en los últimos años en la producción de alimentos.

La creación de ventajas competitivas en el plano comercial y la habilidad de los países para enfrentar las demandas alimentarias de sus pueblos, dependerán de la capacidad que tengan los países pobres para acceder y adoptar las nuevas tecnologías.

La agricultura de invernadero, conjuntamente con la ingeniería genética, permite que un pequeño productor rural con poca disponibilidad de suelo, en lugares de variados ambientes y ecología pueda producir toneladas de alimentos y generar niveles de ingresos más aceptables.

Siendo las naciones desarrolladas las principales generadoras de tecnología, es necesario garantizar que los nuevos esquemas de protección a la propiedad intelectual no impidan o limiten el acceso de las naciones pobres a los avances tecnológicos a escala mundial.

Pero hay un gran reto que tenemos que superar. Me refiero a las distorsiones que acompañan al comercio de bienes agropecuarios. Es indispensable que en las negociaciones comerciales se reconozca la importancia que tiene para los países en vías de desarrollo el mejoramiento de las condiciones de entrada de nuestros productos agrícolas a los mercados; la reducción de los subsidios de los países ricos a la producción agrícola y a las exportaciones y obviamente al desmonte progresivo de los aranceles; la cooperación que permita el acceso a los avances tecnológicos y la posibilidad de un financiamiento internacional generoso y en condiciones favorables.

La excesiva y costosa protección que las naciones desarrolladas ofrecen a sus productores constituyen impedimentos para que el intercambio comercial ocurra de manera eficiente.

En este momento, cuando se realizan negociaciones tanto en la Organización Mundial del Comercio como en los países ACP y en el Área de Libre Comercio de las Américas, es una excelente oportunidad para reiterar que sólo con acuerdos justos y la garantía de que los beneficios de la apertura llegarán de manera palpable a la población, se evitará que la globalización sea un fenómeno que profundice la pobreza y las dificultades de nuestros pueblos.

En la Declaración adoptada en Doha el 14 de noviembre de 2001, los ministros expresaron reconocer, la particular vulnerabilidad de los países menos adelantados y las dificultades estructurales especiales con que tropiezan en la economía mundial, comprometiéndose a enfrentar la marginación y a mejorar la participación efectiva en el sistema multilateral del comercio.

Hoy, como nunca antes, nuestro desarrollo está ligado a las corrientes de la economía internacional. La razón de ser de este Foro y de esta Organización está ligada a las reglas de la mundialización, en este proceso de apertura que tiene como objetivo hacer de nuestro planeta un mercado único. La globalización debe ser un camino de doble vía y con señales claras y transparentes.

Siendo así, es conveniente que el libre comercio sea reconcebido en nuestras realidades, si en verdad queremos hacer de este mundo un lugar de equilibrio, de paz y de justicia.

Ahora bien, para que la liberalización y la integración comercial, contribuyan al bienestar de nuestros pueblos, es necesario que nuestras economías tengan capacidad de impulsar a los sectores productivos locales. El desarrollo de la industria forestal en sus diferentes vertientes, la agroindustria, la horti-frutícola, las industrias lácteas y cárnica, la acuicultura, la agricultura orgánica, el ecoturismo, la microempresa rural y la artesanía, son también fuentes de ingresos muy promisorias para nuestros países.

Quiero referirme ahora a un tema que debe preocuparnos a todos los que estamos comprometidos con esta lucha rural por parte de los organismos multilaterales y de financiamiento. Mientras que en las décadas de los setenta y los ochenta el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo dedicaron el 22 por ciento de su cartera de préstamos con América Latina y el Caribe a la agricultura, en los noventa solamente destinaron el 6.6 por ciento y la tendencia actual es de decrecimiento.

Estos resultados coinciden con el período de tiempo en que la FAO afirma, cito; "no se están logrando resultados positivos en la lucha contra la pobreza en la población rural".

Por otra parte, nos movemos hacia una estandarización de normas técnicas. Nuestro Gobierno apoya decididamente los esfuerzos que viene realizando esta magnifica Organización para avanzar en el establecimiento de un sistema de normas que funcionen a escala mundial.

Necesitamos que los impedimentos técnicos no se conviertan en barreras al comercio de bienes agrícolas y tenemos necesidad, al mismo tiempo, de garantizar que el flujo internacional de productos agropecuarios responda a los altos estándares de inocuidad y calidad que desean los consumidores.

Para que los sistemas productivos operen adecuadamente no basta con que las políticas internas sean las apropiadas. Es necesario que exista un entorno internacional que promueva la eficiencia y que reduzca el mínimo las distorsiones que se producen, en particular, en el sector agroalimentario.

Quisiera finalizar, reiterando la fe que siempre hemos tenido en la FAO, inspirados en la sensibilidad que desde su creación viene demostrando, en su vocación de servicio, en su capacidad científica y en su espíritu de cooperación y de solidaridad internacional.

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