From the podium

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Gonzalo González Fernández (Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca de la República Oriental del Uruguay)

En nombre del pueblo y del Gobierno del Uruguay es un gran honor para mí participar con nuestra Delegación Oficial de esta Cumbre Mundial de la Alimentación: cinco años después, en la que estamos depositando grandes esperanzas para que se alcancen todos los objetivos que se han impuesto. La jornada es además propicia para adherirnos colectivamente a los esfuerzos que la FAO lleva adelante en conjunción con todos los gobiernos del planeta, para combatir el hambre en el mundo.

Los uruguayos tenemos la fortuna de vivir en un país excedentario en producción de alimentos. Este hecho, con todo, no nos hace desconocer la existencia de la inaceptable cifra de más de 800 millones de seres humanos con alimentación insuficiente en el mundo, a los que fijamos como meta reducir por lo menos a la mitad hacia el año 2015.

Uruguay ha mantenido una estrategia para combatir la pobreza y los problemas de alimentación de su población, la cual se inicia mediante la construcción de una sólida base política y de un entorno confiable de pleno respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, procurando al mismo tiempo la igualdad de oportunidades para ambos sexos, y el pleno funcionamiento de la democracia representativa.

Nuestro país ha desarrollado una política de Estado tendiente a la búsqueda de condiciones económicas estables, así como hacia el fomento de iniciativas públicas y privadas, apuntando a una sociedad donde la solidaridad y la igualdad de oportunidades sean el eje de su accionar, y que al mismo tiempo procure brindar las mejores alternativas posibles a los grupos y personas más vulnerables y desfavorecidas.

Pero no solo la producción de alimentos y la estabilidad política y económica hacen al combate del hambre y la pobreza en la sociedad. Un factor determinante es además, la distribución de la riqueza que se genera, y en este sentido Uruguay, de acuerdo con los últimos informes de la CEPAL, ha logrado consolidarse como el país de América Latina con la mejor distribución del ingreso nacional, equivalente incluso al de muchos países europeos.

Con base en las cifras publicadas por CEPAL durante la década de los '90, los hogares uruguayos por debajo de la línea de pobreza se han reducido significativamente del 12 al 6 por ciento, mientras que aquellos hogares en extrema pobreza también se redujeron, en este caso, del 2 al 1 por ciento del total de dicho grupo. La sociedad uruguaya en su conjunto es la que realiza el mayor gasto social per capita del continente, superando los 1 500 dólares EE.UU. en el año 1999, lo cual representa el 22,5 por ciento de su producto interno bruto (PBI).

Pese a estas circunstancias auspiciosas el fenómeno de la pobreza está todavía presente en el Uruguay. Entre las razones que la explica se encuentra el hecho de que lamentablemente el entorno económico no ha sido beneficioso para nuestros intereses en los últimos años, lo que se reflejó en un enlentecimiento brusco del crecimiento de la economía, o mejor dicho, en una caída importante de nuestro PIB total y del subsector agropecuario en particular, desde 1999 a la fecha.

La caída de los precios agropecuarios en los mercados internacionales, la suba del precio del petróleo, la inestabilidad regional a nivel del MERCOSUR, las frecuentes pérdidas de cultivos de invierno y verano por razones fundamentalmente climáticas (por sequías o excesos de lluvia), y en el año 2000 y 2001 la aparición de la crisis de la fiebre aftosa sobre nuestra ganadería, han sido, entre otros, los impactos que estuvieron afectando un mejor desempeño económico general del país.

Es así que a pesar de variables macroeconómicas relativamente favorables, las cuales reflejan los esfuerzos del gobierno en la lucha contra la pobreza y la indigencia, existen bolsones de pobreza. Reconocemos los pasos dados por la Secretaría General de la FAO para que la determinación de los países a ayudar no se haga exclusivamente según variables macroeconómicas, y se tengan en cuenta también los mapas indicadores de vulnerabilidad de la situación alimentaria.

Por su parte el Estado uruguayo viene desarrollando un conjunto de acciones directas con una diversidad de proyectos y programas a fin de mitigar la pobreza en diferentes ámbitos.

Es así que nuestro Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca viene implementando programas que buscan atender la necesidad de los sectores más desfavorecidos de la sociedad rural. La aplicación de la primera fase del proyecto FIDA y el reinicio de una segunda etapa en el denominado Proyecto Uruguay Rural atendiendo a los pobladores rurales por debajo de la línea de pobreza, así como el PRENADER brindando apoyo técnico y haciendo posible el acceso al agua de calidad, tanto para la producción como para el consumo, son claros ejemplos de esa estrategia seleccionada.

Desde otros ámbitos de competencia del Estado también se desarrollan acciones para mitigar los efectos de la pobreza. Es así que el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social por medio del Instituto Nacional de Alimentación (INDA) desarrolla una serie de programas con el objetivo de brindar aportes nutricionales a los estratos más vulnerables de la sociedad uruguaya. INDA desarrolla seis programas con diferentes modalidades y poblaciones objetivos (Programa Nacional de Complementación Alimentaria Materno Infantil, Programa de Apoyo a Enfermos Crónicos, Sistema Nacional de Comedores, etc.), con los que se distribuyen mensualmente casi 1 200 toneladas de alimentos en todo el país.

Todos estos esfuerzos que realiza Uruguay para erradicar la pobreza a diversos niveles en zonas rurales generadora de la multiplicación de la pobreza urbana, encuentran obstáculos fundamentales en prácticas distorsionantes del comercio internacional de los productos agrícolas, por políticas agrícolas proteccionistas y la aplicación de subsidios y de medidas arancelarias y no arancelarias que dificultan, e incluso impiden, el acceso de nuestras exportaciones de productos agrícolas, generando excedentes de producción que al volcarse con subsidios al mercado mundial, restringen aún más las posibilidades de expansión de la producción de alimentos eficiente en los países en desarrollo.

No debiera existir mejor medida de ayuda o colaboración de los países desarrollados hacia los países en vías de desarrollo, que simplemente posibilitarnos un comercio lo más abierto posible de bienes primarios y sus correspondientes transformaciones con incorporación de mayor valor agregado.

Debe quedar claro que para ayudar a generar la seguridad alimentaria a nivel mundial, es necesario que se optimice el uso de los recursos para la producción de alimentos en todo el planeta. Creo que es necesario, aunque seguramente no suficiente.

En tal sentido, en este marco y contexto general, el gobierno uruguayo reafirma su compromiso ya subscrito en la Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996 de proseguir impulsando todas las medidas necesarias que apunten a mejorar la situación de hambre y pobreza a escala nacional, regional y mundial.

En el marco de la Cumbre, queremos informar que Uruguay acaba de proceder a la firma del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Apicultura.

Con estos conceptos, y muchos más que podrán salir de la propia interacción de tantos calificados representantes del mundo entero aquí presentes, Uruguay confía que esta Cumbre de la Alimentación sea un quiebre de tendencia positiva hacia la consecución de las metas por todos compartidas, para cuyo logro el Director General Dr. Jacques Diouf ha empeñado y sigue empeñando sus incansables esfuerzos y reconocida capacidad.

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