From the podium

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Excmo. Sr. Don Felipe Pérez Roque (Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba)

Excelencias:

Que en el mundo haya hoy 815 millones de hambrientos, es realmente un crimen. Que los propósitos que acordamos casi seis años atrás estén cada vez más lejos de ser cumplidos, es una vergüenza.

Cuando en 1996 acordamos en esta misma sala trabajar para que en el año 2015 fueran 400 y no 800 los millones de hambrientos, resultó ser no sólo una modestísima meta, sino por lo visto un propósito inalcanzable. En vez de disminuir los 20 millones de hambrientos por año que nos propusimos, sólo se han reducido 6 millones como promedio, y en dos terceras partes de los países subdesarrollados las cifras no disminuyeron e, incluso, en algunos casos crecieron.

Al ritmo que vamos, se necesitarán más de sesenta años para lograr el objetivo que nos propusimos aquella vez. Mientras tanto, en esas seis décadas morirán de hambre 720 millones de personas. Cada año morirán por causas evitables 11 millones de niños menores de 5 años y 500 mil quedarán ciegos por falta de vitamina A.

Para ese momento, en nuestro planeta vivirán ya más de 10 mil millones de personas. ¿Qué ocurrirá entonces si hoy, aun produciendo alimentos suficientes, disponiendo de tecnologías cada vez mejores y demás tierras agrícolas que las que tendremos en ese momento, somos incapaces siquiera de evitar que mueran cada año millones de seres humanos por hambre?

Las causas de este genocidio se encuentran en la imposición al resto de¡ mundo, por una minoría opulenta y privilegiada, de un sistema de relaciones económicas internacionales cada vez más injusto y excluyente, y por demás insostenible.

No podrá eliminarse el hambre mientras los países del Tercer Mundo, que es donde están los hambrientos, tengan que seguir dedicando la cuarta parte de sus ingresos por exportaciones a pagar una deuda que ya han pagado casi dos veces y es ahora casi el doble de lo que era hace diez años ¡La deuda externa del Tercer Mundo tiene que tener una solución justa y definitiva!

No podrá eliminarse el hambre mientras los países subdesarrollados vendamos cada vez más baratos nuestros productos y paguemos cada vez más caras nuestras importaciones; mientras no recibamos un trato justo, especial y diferenciado; mientras los países desarrollados no renuncien a cerrarnos sus mercados con aranceles y pretextos proteccionistas de todo tipo. ¡Los países desarrollados tienen que abrir sus mercados y propiciar nuestras exportaciones!

No podrá eliminarse el hambre mientras persista el actual sistema financiero internacional que estimula la especulación y saquea a nuestros países; mientras los países pobres estemos obligados a dejar de comer para acumular reservas financieras en los bancos de los países ricos, que se evaporan cuando tratamos de defender nuestras monedas; mientras el Fondo Monetario Internacional vele, al precio de nuestra hambre, por el dinero de los ricos y los especuladores y no por los intereses de todos. ¡Es imprescindible demoler el actual orden financiero internacional!

No podrá eliminarse el hambre mientras millones de familias hambrientas en el Tercer Mundo continúen cultivando la tierra como sus antepasados hace siglos; mientras no reciban semillas genétícamente mejoradas, mientras no tengan acceso a nuevas tecnologías de riego, fertilización y lucha contra las plagas, que ya están hoy disponibles en los paises desarrollados; mientras no puedan transportar y almacenar sus cosechas. El conocimiento para producir alimentos, que salvarán la vida de millones de seres humanos, no debería serjamás una mercancía. ¡Los países desarrollados, dueños de nueve de cada diez patentes, tienen que renunciar a su dominio monopólico de¡ conocimiento, tienen que transferir gratuitamente estas tecnologías a los productores de los países subdesarrollados!

No podrá eliminarse el hambre mientras los paises desarrollados, en vez de financiar la formación de nuestros recursos humanos, roben a los países pobres sus ingenieros, técnicos e incluso ya hasta sus enfermeras y sus maestros primados. Ya no se trata de ver con dolor a nuestros atletas, obligados por el dinero de los países ricos, compitiendo bajo sus banderas; se trata ahora M personal calificado imprescindible para la supervivencia de nuestros pueblos. ¡Los países desarrollados tienen que renunciar al saqueo voraz de nuestras inteligencias!

No podrá eliminarse el hambre mientras se inviertan en el mundo más de 800 mil millones de dólares anuales en gastos militares. Los países desarrollados, que son los que más gastan en armas y los que venden las armas a íos pobres, tienen la responsabilidad de propiciar que estos recursos se destinen al desarrollo, y no a la guerra. La única superpotencia, que gasta sola casi tanto como el resto M mundo, debería dar el ejemplo y actuar de manera exactamente contraria a como lo está haciendo ahora.

No podrá eliminarse el hambre mientras no fluyan recursos financieros frescos y suficientes para estimular las inversiones rurales y la producción agrícola en nuestros paises; mientras los países desarrollados calmen sus conciencias con vagos ofrecimientos a largo plazo y no se dispongan a cumplir de inmediato con su compromiso de dedicar el 0,7 por ciento de su PIB a la ayuda oficial al desarrollo. Las promesas de Monterrey son apenas una aspirina para un moribundo. ¿Cómo va a ser posible disminuir los hambrientos en el mundo si en la última década han caldo a la mitad tanto el volumen de asistencia oficial al desarrollo como los préstamos de organismos financieros internacionales que se destinan a la agricultura en el Tercer Mundo?

No podrá eliminarse el hambre, e incluso crecerá el número de hambrientos, mientras los ricos no cambien sus patrones de consumo, derrochadores de recursos y destructores de¡ medio ambiente. Los países desarrollados son los principales responsables de poner en práctica medidas universales y eficaces que permitan asegurar, de forma sostenible, el derecho al desarrollo para todos, la explotación racional de los recursos y el cese de esta absurda y demencia¡ agresión que pone en peligro creciente la vida M planeta y la de nuestros hijos.

Señor Presidente:

Apoyamos la convocatoria a construir una coalición internacional contra el hambre, Sin embargo, el dinero está en manos de un pequeño número de países presentes en esta sala, que agrupan apenas el 15 por ciento de la población mundial, que se han desarrollado sobre lar base de nuestro sufrimiento y nuestra hambre, y que son hoy los principales beneficiarios del actual orden mundial¿Será ésta una conferencia más, otro peldaño en la interminable escalera de promesas no cumplidas, o será por fin el inicio de una verdadera coalición basada en la ática, la solidaridad y el sentido común?

Reconocemos también la gestión de la FAO y los nobles esfuerzos de su Director General. Las dificultades que él está enfrentando para reunir apenas 500 millones de dólares para ayudar a financiar la asistencia técnica en países de¡ Tercer Mundo, dan una idea de cuánto egoísmo e insensibilidad tenemos que vencer todavía.

¿Podremos obtener los 24 mil millones de dólares anuales necesarios para reducir a la mitad en el 2015 el número de hambrientos, acordando un mínimo impuesto al millón de millones de dólares que gastan hoy las transnacionales en publicidad comercial o a los 3 millones de millones de dólares que se mueven diariamente en la especulación financiera, o dedicando parte de los 350 mil millones dedicados a subsidios agrícolas en los países desarrollados o de los casi 400 mil millones de dólares que destina un solo país a gastos militares?

Los pobres, que somos mayoría en esta sala, seguramente estaremos de acuerdo. Los ricos son los que deben responder.

Muchas gracias.

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