From the podium

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Excmo. Sr. D. Rafael M. Delpech (Secretario Designado, Ministerio de la Producción de la República de Argentina)

En primer lugar deseo sumarme a quienes lo han felicitado por su elección como Presidente de esta Cumbre Mundial de la Alimentación, así como a los demás miembros del buró.

En particular, quiero extender mi reconocimiento al Dr. Jacques Diouf por su compromiso con la infatigable tarea en la lucha contra el hambre y la pobreza en el mundo.

El señor Director General ha demostrado en cifras la dramaticidad del problema del hambre en el mundo, solo las imágenes son más elocuentes.

Argentina viene a esta reunión a reiterar el apoyo a la FAO en los esfuerzos tendientes a erradicar el hambre en el mundo y a expresar que los países productores de alimentos estamos en condiciones de realizar aportes significativos para las soluciones que estamos buscando.

La producción de alimentos es nuestra primera industria y la principal fuente de divisas de nuestro país. Las restricciones impuestas en el ámbito internacional para la comercialización de nuestros productos constituyen un impedimento al desarrollo sustentable de nuestra economía.

Hay una contradicción difícil de explicar: uno de los países con mayor capacidad productiva de la tierra tiene bolsos de hambre entre su población. Para contribuir a solucionar esta situación lanzamos un plan denominado "Jefes y Jefas de Hogar", que junto con el Plan Alimentario Nacional, facilitarán que las familias argentinas tengan garantizada su seguridad alimentaria.

Coincidimos con el señor Director General cuando dice que el mercado mundial de alimentos es un desafío a la equidad. En el mismo sentido se ha expresado recientemente el presidente del Banco Mundial, James Wolfenson, entorno a la política de subsidios y restricciones de acceso a los mercados.

Es absolutamente contradictorio que la Unión Europea y los países desarrollados propicien y propugnen los ideales del libre mercado, mientras subsidian su producción agropecuaria con cifras cercanas a los 1000 millones de dólares diarios. También lo es la sanción de la nueva ley agrícola de los Estados Unidos, que dispone de una cifra aproximada de 180 mil millones de dólares para los próximos diez años, destinada a sus productores.

La Argentina es un país que ha liberalizado su comercio y que cree en esta regla y es esencial que también los países desarrollados apliquen el mismo principio. Ningún sistema internacional puede funcionar si se le demanda a los países más pequeños cumplir con exigencias que los países más poderosos no aplican.

El concepto de que debería existir una ética en las relaciones comerciales en el ámbito internacional es sentido cada vez con mayor fuerza por nuestras sociedades que reclaman que sus gobiernos la impulsen decididamente en sus relaciones con los demás países.

Asimismo, los países desarrollados imponen barreras no arancelarias que perjudican a los países que, como nosotros, han tratado de promover la apertura de los mercados como el medio más adecuado para lograr una mejora sustancial en la alimentación mundial y en los niveles de vida de la población.

La Declaración de Doha y las conclusiones de la Cumbre de Monterrey dejaron claramente establecido que el sistema comercial internacional debe dar respuesta a las legítimas aspiraciones de los pueblos que libran las batallas contra la pobreza y el hambre. Tenemos la convicción que esta Asamblea es el foro adecuado para ratificar y reiterar dicho objetivo.

En el inicio de la década de los '90 hubo una importante traslación de capitales en búsqueda de mayores rendimientos. Esto generó una ola de optimismo, pero la realidad demostró la vulnerabilidad de los países en vías de desarrollo frente a las sucesivas crisis financieras internacionales.

Llegamos a este punto por errores que hemos cometido entre todos. Lo primero que debemos hacer es reconocerlos para no repetirlos.

Mi país, como consecuencia de esto, hoy se encuentra inmerso en la peor crisis económica y social de toda su historia, y está realizando todos los esfuerzos necesarios para reinsertarse en el mundo, cumpliendo sus compromisos internacionales.

Y si bien somos parte del problema, también lo somos de las soluciones. Estamos convencidos de que debemos plantearnos seria, sinceramente y sin hipocresías como paliar la vergüenza del hambre.

Parte de la solución es la generación de divisas mediante el incremento del valor de nuestras exportaciones. Esto solo será posible si se mejoran las condiciones de acceso de nuestros productos alimenticios a los mercados internacionales y se eliminan los subsidios. De esta manera se obtendrán precios justos, resultantes de un verdadero equilibrio entre la oferta y la demanda mundial.

Por último desearía reafirmar nuestro compromiso con las resoluciones que adoptemos entre todos en esta Cumbre, que deberían indicar el camino para erradicar el flagelo del hambre y el sufrimiento de millones de seres humanos.

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